{"id":3714,"date":"2023-02-20T11:30:35","date_gmt":"2023-02-20T10:30:35","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=3714"},"modified":"2023-02-20T10:06:08","modified_gmt":"2023-02-20T09:06:08","slug":"prensa-amarilla-historia-ciencia-y-un-nucleo-terrestre-marcha-atras-1893-2023","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2023\/02\/20\/prensa-amarilla-historia-ciencia-y-un-nucleo-terrestre-marcha-atras-1893-2023\/","title":{"rendered":"Prensa amarilla, Historia, Ciencia y un n\u00facleo terrestre marcha atr\u00e1s (1893-2023)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-3715 size-medium\" title=\"Walter Matthau interpretando a Walter Burns, trasunto de W. R. Hearst, en &quot;Primer plana&quot; (1974)\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2023\/02\/Walter-Mathau-interpretando-a-Walter-Burns-trasunto-de-W.-R.-Hearst-en-Primera-plana-1974-300x248.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"248\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2023\/02\/Walter-Mathau-interpretando-a-Walter-Burns-trasunto-de-W.-R.-Hearst-en-Primera-plana-1974-300x248.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2023\/02\/Walter-Mathau-interpretando-a-Walter-Burns-trasunto-de-W.-R.-Hearst-en-Primera-plana-1974-768x634.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2023\/02\/Walter-Mathau-interpretando-a-Walter-Burns-trasunto-de-W.-R.-Hearst-en-Primera-plana-1974-628x519.jpg 628w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2023\/02\/Walter-Mathau-interpretando-a-Walter-Burns-trasunto-de-W.-R.-Hearst-en-Primera-plana-1974.jpg 1064w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>Hoy dedicar\u00e9 el correo de la Historia a dos cuestiones que, por lo que ando leyendo, viendo y oyendo en el \u00faltimo mes, creo que ser\u00e1n muy del inter\u00e9s general.<\/p>\n<p>La primera es avisar aqu\u00ed que mi participaci\u00f3n en las p\u00e1ginas digitales del Diario Vasco se va a aumentar (por dos). As\u00ed, a partir de ma\u00f1ana mismo, este martes 21 de febrero, colaborar\u00e9, aparte de en este correo de la Historia, en el canal \u201cHistoria de Gipuzkoa\u201d que ya lleva navegando por la red desde hace unos d\u00edas. Ser\u00e1 una aportaci\u00f3n quincenal, no como est\u00e1 otra, que seguir\u00e1 siendo semanal.<\/p>\n<p>\u00bfDe qu\u00e9 voy a hablar en esa primera intervenci\u00f3n en el canal \u201cHistoria de Gipuzkoa\u201d? Bueno, de Historia, y de Historia guipuzcoana por supuesto, pero muy en el estilo de lo que ha sido habitual en el correo de la Historia. Es decir: tratando temas del pasado que, sin embargo, est\u00e1n irremisiblemente concatenados con el presente o que explican, bajo una perspectiva reveladora, asuntos que nos preocupan hoy d\u00eda.<\/p>\n<p>Lo cual me lleva a la segunda cuesti\u00f3n de este nuevo correo de la Historia, relacionada, como vamos a ver, con el tema del que hablar\u00e9 ma\u00f1ana, que tratar\u00e1, en clave guipuzcoana (de plena \u00e9poca victoriana, all\u00e1 por el a\u00f1o 1893), de cuestiones de Historia de la Astronom\u00eda muy relacionadas con la, de momento, \u00faltima histeria medi\u00e1tica que se ha producido en esas cajas de resonancia mundial que llamamos Internet, redes sociales\u2026<\/p>\n<p>Es decir: la estupenda noticia -m\u00e1s deformada que la declaraci\u00f3n de un acusado de la Inquisici\u00f3n despu\u00e9s de pasar por sus mazmorras- sobre dos cient\u00edficos chinos que aseguraban que el n\u00facleo de la Tierra se hab\u00eda detenido -o que giraba m\u00e1s lentamente seg\u00fan otras versiones- y en sentido contrario a las restantes capas en las que se encuentra dividida la corteza de nuestro planeta.<\/p>\n<p>Ma\u00f1ana, como digo, veremos esas cuestiones en el canal \u201cHistoria de Gipuzkoa\u201d desde esa perspectiva decimon\u00f3nica. Hoy, en cambio, reflexionaremos aqu\u00ed, desde la Historia, claro est\u00e1, sobre c\u00f3mo es posible que tal patada a la Ciencia se haya colado en nuestra supuestamente mejor informada \u00e9poca.<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 del primer alarmismo sobre ese fen\u00f3meno, nos dec\u00edan los medios m\u00e1s serios, que lo que aportaban ambos cient\u00edficos chinos era tan s\u00f3lo un modelo que indicaba una posible ralentizaci\u00f3n de ese n\u00facleo terrestre y que, en definitiva, a efectos pr\u00e1cticos, como mucho pod\u00eda provocar una disminuci\u00f3n imperceptible de la rotaci\u00f3n diaria de la Tierra, acortando los d\u00edas en cosa de una \u00ednfima fracci\u00f3n de tiempo.<\/p>\n<p>Pero, claro, como nos ense\u00f1a la Historia, tales datos, serenos, fr\u00edamente cient\u00edficos, que apelaban a la pura l\u00f3gica que todos podemos constatar -que el campo magn\u00e9tico de la Tierra no se ha alterado porque aqu\u00ed seguimos todos- al parecer eran demasiado poco para esa Prensa que sigue al pie de la letra el lema atribuido a William R. Hearst, padre fundador de esa clase de noticias (e inspiraci\u00f3n tanto para Orson Welles como para Billy Wilder). Ese magnate que, all\u00e1 por los a\u00f1os 1890, habr\u00eda dicho a sus reporteros que la Verdad no les estropease un buen reportaje o que le trajeran las fotos del esc\u00e1ndalo, que \u00e9l ya se encargar\u00eda de adornar la noticia para que Estados Unidos, finalmente, reclamase ir a la guerra contra Espa\u00f1a en 1898.<\/p>\n<p>No en vano Hearst tambi\u00e9n incorpor\u00f3 a su imperio medi\u00e1tico la caricatura del Yellow Kid (que pasa por ser el primer c\u00f3mic y da nombre a un prestigioso premio de ese ramo). Aquel simp\u00e1tico -y hoy pol\u00edticamente incorrecto- muchacho chino que, dicen, con su color amarillo dio nombre a esa Prensa no apta para enfermos del coraz\u00f3n y feliz autora de infinitas histerias de masas que hac\u00edan sentirse un poco tontas a sus v\u00edctimas, cuando el vendaval medi\u00e1tico pasaba y los peri\u00f3dicos de ayer -publicados por aquel desaprensivo magnate- s\u00f3lo val\u00edan para envolver el pescado del d\u00eda siguiente.<\/p>\n<p>As\u00ed que, como ven, por el desaguisado con lo del n\u00facleo de la Tierra y su detenci\u00f3n, parece que Hearst cre\u00f3 una escuela que sigue funcionando a la perfecci\u00f3n. Y no deja de ser asombroso que eso sea posible en una sociedad como la nuestra, que se define como \u201cde la Informaci\u00f3n\u201d. Podr\u00edamos pensar que en 2023, con nuestro Internet y nuestros ordenadores, deber\u00edamos, s\u00ed, estar mejor informados que en 1893. En los tiempos de Hearst, en los que saber leer era una haza\u00f1a para un porcentaje elevado de la poblaci\u00f3n. No digamos ya el poder contrastar datos y sacar una media ponderada de distintas fuentes de informaci\u00f3n para desmentir a la Prensa amarilla.<\/p>\n<p>En efecto, en 2023 deber\u00eda ser m\u00e1s f\u00e1cil que en 1893 saber -con Internet y un ordenador al lado- muchas cosas de Historia de la Astrof\u00edsica. As\u00ed, sin entrar siquiera en complicados c\u00e1lculos matem\u00e1ticos, podr\u00edamos empezar por revisar la vida de los astr\u00f3nomos que, desde el siglo XV en adelante, han ido revelando los misterios del sistema solar, de la propia Tierra y sus avatares y vagabundeos espaciales. Incluidos los misterios de sus ritmos y rutas de rotaci\u00f3n y las consecuencias de que \u00e9stas se ralentizasen o se detuvieran. Empezando por el n\u00facleo.<\/p>\n<p>Podr\u00edamos comenzar ese repaso con aquel cura polaco llamado Nicol\u00e1s Cop\u00e9rnico que, a comienzos del siglo XVI, deja demostrado que es la Tierra la que gira alrededor del Sol y no a la inversa. De \u00e9l podr\u00edamos pasar a Galileo Galilei y sus problemas derivados de esta cuesti\u00f3n, del modo en que eso afectaba a dogmas religiosos relacionados con la Eucarist\u00eda cat\u00f3lica y de sus observaciones de nuestro extra\u00f1o sat\u00e9lite (la Luna) que, por cierto, por si la Prensa amarilla a\u00fan no se ha enterado, es toda una anomal\u00eda c\u00f3smica por su tama\u00f1o (totalmente inusual en nuestro sistema solar) que influye de manera determinante en cosas tan cotidianas como el reflujo de las mareas terrestres. Del todav\u00eda hoy controvertido Galileo, podr\u00edamos pasar a averiguar cosas -con nuestros potentes medios inform\u00e1ticos- sobre otros astr\u00f3nomos que, despejando tinieblas medievales, abr\u00edan paso al pensamiento racional. Ese que lleva a constatar, un minuto despu\u00e9s de leer que el n\u00facleo de la Tierra se ha detenido -o casi- y gira al rev\u00e9s, que, sin embargo, todo sigue igual y no nos ha barrido el viento solar.<\/p>\n<p>Esos otros astr\u00f3nomos ser\u00edan la malavenida pareja cient\u00edfica compuesta por el riqu\u00edsimo Tycho Brahe (el hombre de la nariz de oro que remplazaba a la suya perdida en un duelo) y el humild\u00edsimo Johannes Kepler, que, pese a todo, en Praga -nueva sede de Tycho Brahe tras abandonar el observatorio de Uraniborg- descubrieron que la \u00f3rbita terrestre, como la de otros planetas, no era un c\u00edrculo perfecto y aristot\u00e9lico, sino que giraba en torno al sol en una deriva algo irregular. El\u00edptica de hecho.<\/p>\n<p>Desde ah\u00ed ser\u00eda conveniente, especialmente en latitudes vascas, averiguar cosas sobre algunos padres de la Astronom\u00eda norteamericana, de finales del siglo XVIII y principios del XIX, de los que ya hablaba yo en pasados correos de la Historia del a\u00f1o 2018: David Rittenhouse y Jos\u00e9 Joaqu\u00edn de Ferrer y Cafranga, su reemplazo. \u00c9ste \u00faltimo admirado (a ambos lados del Atl\u00e1ntico), neoyorkino de adopci\u00f3n nacido en el puerto de Pasajes y cuyo monumento funerario puede visitarse -tal y como fue su \u00faltima voluntad- en la parroquia de su villa natal de Pasajes de San Juan.<\/p>\n<p>Tanto Rittenhouse, como nuestro vecino Jos\u00e9 Joaqu\u00edn de Ferrer y Cafranga, sentaron las bases para que, a finales del siglo XIX, la Universidad de Harvard tuviera un magn\u00edfico observatorio astron\u00f3mico en el que, hacia 1891, se descubrieron algunas cosas interesantes que hubieran hecho hoy las delicias de los disc\u00edpulos period\u00edsticos de Hearst. Tan interesantes que, adem\u00e1s, fueron materia de discusi\u00f3n de una eminente pareja donostiarra, y guipuzcoana, en el a\u00f1o 1893. Cuando todo aquello era una novedad astrof\u00edsica en la que algunas preclaras mentes no quer\u00edan creer sin m\u00e1s pruebas a la vista. Pero de ese asunto les hablar\u00e9 no aqu\u00ed, sino donde corresponde. Es decir: en el canal de \u201cHistoria de Gipuzkoa\u201d de este mismo peri\u00f3dico, claro est\u00e1. Ma\u00f1ana mismo, 21 de febrero\u2026<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Hoy dedicar\u00e9 el correo de la Historia a dos cuestiones que, por lo que ando leyendo, viendo y oyendo en el \u00faltimo mes, creo que ser\u00e1n muy del inter\u00e9s general. 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