{"id":3723,"date":"2023-02-27T11:30:46","date_gmt":"2023-02-27T10:30:46","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=3723"},"modified":"2023-02-27T11:32:12","modified_gmt":"2023-02-27T10:32:12","slug":"la-gran-y-la-pequena-historia-del-almirante-nelson-un-corto-trayecto-historico-de-febrero-a-julio-de-1797","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2023\/02\/27\/la-gran-y-la-pequena-historia-del-almirante-nelson-un-corto-trayecto-historico-de-febrero-a-julio-de-1797\/","title":{"rendered":"La gran y la peque\u00f1a Historia del almirante Nelson. (Un corto trayecto hist\u00f3rico de febrero a julio de 1797)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-3724 \" title=\"Nelson herido ante Santa Cruz de Tenerife. Por Richard Westall (1806)\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2023\/02\/Nelson-herido-ante-Santa-Cruz-de-Tenerife-249x300.jpg\" alt=\"\" width=\"275\" height=\"331\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2023\/02\/Nelson-herido-ante-Santa-Cruz-de-Tenerife-249x300.jpg 249w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2023\/02\/Nelson-herido-ante-Santa-Cruz-de-Tenerife.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 275px) 100vw, 275px\" \/>Seguramente el almirante Nelson es conocido hasta por quienes tienen alergia a los libros de Historia e incluso a las novelas hist\u00f3ricas.<\/p>\n<p>Y es que, sin duda, la eficaz industria audiovisual anglosajona ha hecho muy bien su trabajo. As\u00ed el almirante Nelson, ya convertido en una especie de santo laico -al estilo de lo que los franceses han hecho con Napole\u00f3n- ha quedado fijado como tal en grandes producciones para el Cine. Como la adaptaci\u00f3n de las novelas mar\u00edtimas de C. S. Forester con pesos pesados del Hollywood m\u00edtico -como Gregory Peck y la bella Virginia Mayo- y m\u00e1s a\u00fan recientemente, con otra adaptaci\u00f3n de la siguiente hornada de novelas mar\u00edtimas tras las de Forester: las de Patrick O\u00b4Brian\u2026<\/p>\n<p>En esas dos pel\u00edculas, \u201cEl hidalgo de los mares\u201d y \u201cMaster and commander\u201d, Nelson es ampliamente glorificado y mitificado una vez m\u00e1s. De manera tanto evidente como subliminal. Para edificaci\u00f3n, como dec\u00eda, hasta de no anglosajones y no-lectores ni siquiera de novela hist\u00f3rica. Todo un s\u00edntoma de a qu\u00e9 curiosas avenidas puede acabar siendo conducida esa sufrida ciencia (social) que es la Historia.<\/p>\n<p>De eso mismo -reviviendo una vez m\u00e1s al conspicuo almirante Horatio Nelson- quer\u00eda hablar hoy, antes de que acabase este mes de febrero. Porque, aunque a primera vista no lo parezca, ese asunto es un fascinante tema hist\u00f3rico, muy tentador para un historiador, desde luego.<\/p>\n<p>Todo empieza con, c\u00f3mo no, las efem\u00e9rides hist\u00f3ricas. As\u00ed, en este mismo mes de febrero, en efecto, el d\u00eda 14 fue no s\u00f3lo el de los Enamorados, sino la fecha para que, desde el mundo anglosaj\u00f3n, quienes orbitan en torno a la cuesti\u00f3n de la Historia, recordasen que ese mismo 14 de febrero, pero del a\u00f1o 1797, Nelson forjaba uno de los episodios m\u00e1s notables de su carrera. En la Batalla (naval) del Cabo San Vicente.<\/p>\n<p>Las redes sociales, c\u00f3mo no, una vez m\u00e1s, han servido de caja de resonancia a ese hecho, que, por cierto, no me consta haya sido respondido con desmesuradas reacciones hispan\u00f3filas, sacando a pasear, otra vez, al muy maltratado almirante Blas de Lezo.<\/p>\n<p>As\u00ed las cosas, este 14 de febrero ha dado ocasi\u00f3n para pensar un poco sobre c\u00f3mo se narra, a veces -demasiadas- la Historia. Tanto en Espa\u00f1a como en Gran Breta\u00f1a.<\/p>\n<p>Empecemos por constatar que a menudo, sin darnos cuenta siquiera, nos deslizamos desde una Historia objetiva, cient\u00edfica, a aut\u00e9nticos panfletos vendidos como Historia, donde la admiraci\u00f3n -bien ganada sin duda- hacia ciertos personajes, los convierte, sin embargo, en una especie de fetiches, de amuletos para que nuestro orgullo nacional -esa cosa inventada por los revolucionarios franceses, a los que tanto combati\u00f3 Nelson- se sienta c\u00e1lidamente halagado. Al coste, sin embargo, de destruir la Historia como tal.<\/p>\n<p>En el caso de Nelson esto es fascinantemente claro. Si leemos magn\u00edficas ediciones de documentos sobre su tan admirada vida, descubrimos cosas muy interesantes acerca de la forja de su Historia. Es el caso, por ejemplo, de \u201c<em>Nelson and<\/em>\u00a0<em>Emma<\/em>\u201d, una edici\u00f3n de correspondencia -y otros documentos- realizada por Roger Hudson en 1994, que pone el acento en la relaci\u00f3n amorosa (y ad\u00faltera) del almirante con Emma Hamilton, de la que ya habl\u00e9, hace a\u00f1os, en otro correo de la Historia.<\/p>\n<p>En ella aparece, claro est\u00e1, descrita la haza\u00f1a de la Batalla del Cabo San Vicente de 14 de febrero de 1797. Lo hacen oficiales brit\u00e1nicos del Ej\u00e9rcito de Tierra (pero a bordo del barco de Nelson ese d\u00eda) como un coronel de apellido tan curioso como Drinkwater, el capit\u00e1n (naval) Cuthbert Collingwood y el propio Nelson. As\u00ed se nos cuenta c\u00f3mo, s\u00f3lo para empezar, se tom\u00f3 al abordaje un nav\u00edo espa\u00f1ol, el <em>San Nicol\u00e1s<\/em>, desde otro -el <em>Captain<\/em>&#8211; que, tal y como cuenta Nelson, hab\u00eda quedado inutilizado por el fuego artillero espa\u00f1ol.<\/p>\n<p>No faltan detalles flamantes en esos relatos. Como la rendici\u00f3n de la oficialidad espa\u00f1ola (incomprensiblemente arrodillada seg\u00fan cuenta el propio Nelson), o la entrega de sus espadas al vencedor que Nelson (una vez m\u00e1s seg\u00fan lo recopilado por Roger Hudson) dice haber entregado nada menos que a William Fearney. Uno de los marineros que serv\u00eda en su bote personal, quien con la mayor sangre fr\u00eda -\u201csang-froid\u201d dicho as\u00ed, por el propio almirante Nelson- se las puso bajo el brazo.<\/p>\n<p>Una bonita manera de contar las cosas sin duda que, tambi\u00e9n sin duda, debi\u00f3 contribuir mucho al posterior relato armado en torno a Nelson y que pasa hoy por Historia objetiva, exhaustiva. Tal y como, hace ya casi cien a\u00f1os, la propon\u00edan maestros como Lucien Febvre y Marc Bloch.<\/p>\n<p>A ese respecto es ejemplar el relato que el ya aludido capit\u00e1n Collingwood env\u00eda a su mujer sobre los hechos de 14 de febrero de 1797. Tras ponderar la haza\u00f1a de Nelson se\u00f1alar\u00e1 a su lejana esposa que estuvieron a punto de rendir al <em>Sant\u00edsima Trinidad<\/em>&#8230; La nave insignia espa\u00f1ola -nav\u00edo de cuatro puentes y 132 ca\u00f1ones que deja admirado a Collingwood- pero que desistieron de tal nueva haza\u00f1a porque el almirante brit\u00e1nico, viendo la llegada de refuerzos espa\u00f1oles y la ca\u00edda de la tarde, dio orden de retirarse\u2026 Alguien dir\u00eda que eso quitaba bastante brillo a lo hecho por Nelson y a la victoria brit\u00e1nica que gan\u00f3 a Jervis su t\u00edtulo de Lord Saint Vincent, pero, justo es reconocerlo, los brit\u00e1nicos saben bien c\u00f3mo contar las cosas.<\/p>\n<p>En esto Collingwood se nos revela, s\u00ed, como un verdadero maestro. As\u00ed (tras reconocer -con la boca peque\u00f1a- que el <em>Sant\u00edsima Trinidad<\/em> era una presa inalcanzable), acaba diciendo a su mujer que lleva como regalo para el padre de ella una bala doble de 50 libras (\u201ca Spanish double-headed shot\u201d) que les hab\u00eda disparado, entre otras, el <em>Sant\u00edsima Trinidad<\/em>. Un artefacto b\u00e9lico ese con el que -como dec\u00eda Collingwood- no se pod\u00eda bromear cuando volaba sobre la cabeza de uno, pero que \u00e9l, finalmente, quer\u00eda que acabase en la colecci\u00f3n de curiosidades que atesoraba su suegro\u2026<\/p>\n<p>As\u00ed qued\u00f3 la cosa respecto a esta gran (aunque, como vemos, mitigada) victoria naval nelsoniana, pero el Tiempo no se detuvo, la Historia continu\u00f3 su curso, y, en el mes de julio de 1797, Nelson sufri\u00f3 una grave derrota a manos espa\u00f1olas -canarias para m\u00e1s se\u00f1as- que, sin embargo, apenas aparece rese\u00f1ada en libros como el que voy citando y muchos otros dedicados a la vida de Nelson.<\/p>\n<p>As\u00ed, a medida que nos vamos alejando en el tiempo de los hechos, lo ocurrido a Nelson en julio de 1797 en Santa Cruz de Tenerife, se desdibuja, se oculta&#8230; Algo que en su d\u00eda ya hizo notar en un vitri\u00f3lico art\u00edculo el acad\u00e9mico Arturo P\u00e9rez-Reverte.<\/p>\n<p>Es lo que vemos por ejemplo en \u201c<em>The life of admiral Lord Nelson<\/em>\u201d publicada por el reverendo James Stanier Clarke y el caballero John McArthur en 1809. Ah\u00ed la cuesti\u00f3n se minimiza ya un tanto (pese a reconocer la caballerosa conducta del comandante en jefe espa\u00f1ol en aquella ocasi\u00f3n). Y no es raro porque esta obra se basa, tal y como dice su subt\u00edtulo, en los propios papeles de Nelson y en ellos, la verdad, casi parece que nada pas\u00f3 en Santa Cruz de Tenerife. Pese a que el fuego espa\u00f1ol le destroz\u00f3 el brazo derecho al almirante ingl\u00e9s, que ser\u00eda amputado por los eficientes cirujanos navales brit\u00e1nicos en esa misma ocasi\u00f3n\u2026<\/p>\n<p>Y as\u00ed, seg\u00fan parece, es como Nelson empieza a difuminarse como figura hist\u00f3rica y, peor a\u00fan, como la Historia se difumina a su vez (ya en pleno siglo XXI) con ese astuto escamoteo de peque\u00f1os retazos hist\u00f3ricos. Como la historia (con min\u00fascula) de c\u00f3mo perdi\u00f3 su brazo derecho el gran almirante Nelson. Unas biograf\u00edas demasiado perfectas, demasiado simplistas, que ocultan una Historia con may\u00fascula. Donde el vencedor de febrero de 1797 se convierte en el perdedor de julio de ese mismo a\u00f1o.<\/p>\n<p>O la Royal Navy del h\u00e9roe gloriosamente ca\u00eddo en Trafalgar en octubre de 1805, acaba ali\u00e1ndose con sus antiguos enemigos espa\u00f1oles en 1808. Para derrotar, mano a mano, a Napole\u00f3n Bonaparte en operaciones donde se combina con tropas espa\u00f1olas para escribir una Historia (\u00bfdebemos llamarla peque\u00f1a?) que a\u00fan hoy, en 2023, parece no encajar en una gran Historia -como la de la Batalla del Cabo San Vicente- que igualmente parece olvidar esos inevitables claroscuros en los que la Historia, sin dejar de ser apasionante e interesante, se aleja -como es su deber profesional- del territorio de la leyenda, el mito, el cuento\u2026<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Seguramente el almirante Nelson es conocido hasta por quienes tienen alergia a los libros de Historia e incluso a las novelas hist\u00f3ricas. Y es que, sin duda, la eficaz industria audiovisual anglosajona ha hecho muy bien su trabajo. 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