{"id":3739,"date":"2023-03-06T11:30:21","date_gmt":"2023-03-06T10:30:21","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=3739"},"modified":"2023-03-06T11:34:11","modified_gmt":"2023-03-06T10:34:11","slug":"los-cien-dias-de-napoleon-segun-alejandro-dumas-y-el-conde-de-montecristo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2023\/03\/06\/los-cien-dias-de-napoleon-segun-alejandro-dumas-y-el-conde-de-montecristo\/","title":{"rendered":"Los Cien D\u00edas de Napole\u00f3n seg\u00fan Alejandro Dumas y el conde de Montecristo"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-3740\" title=\"Grabado sobre la muerte del mariscal Brune a manos de ultramon\u00e1rquicos en 1815\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2023\/03\/Muerte-del-mariscal-Brune-300x215.jpg\" alt=\"\" width=\"410\" height=\"294\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2023\/03\/Muerte-del-mariscal-Brune-300x215.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2023\/03\/Muerte-del-mariscal-Brune.jpg 400w\" sizes=\"(max-width: 410px) 100vw, 410px\" \/>Esta semana pasada, el 1 de marzo, comenzaba un nuevo aniversario de los Cien D\u00edas. Es decir: esos apenas tres meses en los que Napole\u00f3n Bonaparte escapa de su exilio impuesto en la isla de Elba y, por aclamaci\u00f3n popular, vuelve a ser emperador de los franceses, al estar muchos de ellos muy resentidos por las peque\u00f1as venganzas de los exiliados mon\u00e1rquicos que, en 1814 (tras la primera abdicaci\u00f3n de Napole\u00f3n), ven\u00edan a cobrarse viejas deudas de rencor acumulado durante m\u00e1s de veinte a\u00f1os.<\/p>\n<p>La fecha es dudosa. Algunos indican que, en realidad, los Cien D\u00edas empiezan el 20 de marzo, cuando Napole\u00f3n llega a Par\u00eds y all\u00ed retoma plenos poderes en medio de un fervor popular que lo ha seguido desde su desembarco, cerca de Niza, el 1 de ese mismo mes del a\u00f1o 1815.<\/p>\n<p>No es la primera vez y -espero- no ser\u00e1 la \u00faltima en la que traigo a colaci\u00f3n ese episodio hist\u00f3rico tan magn\u00e9tico, tan interesante (como, en general, todo lo que rodea a la llamada \u201cepopeya napole\u00f3nica\u201d), pero, desde luego, s\u00ed es la primera en la que abordo ese asunto echando mano de Alejandro Dumas padre que, como suele ser habitual en \u00e9l, ofrece una perspectiva curiosa del tema. Quiz\u00e1s tanto como la novela que Joseph Conrad dedic\u00f3 a esa famosa fuga y regreso desde Elba y de la que ya habl\u00e9 en 2015.<\/p>\n<p>Esa perspectiva dumasiana est\u00e1 desplegada en una de las novelas m\u00e1s conocidas de Dumas despu\u00e9s de \u201cLos tres mosqueteros\u201d. No otra que \u201cEl conde de Montecristo\u201d.<\/p>\n<p>Las numerosas adaptaciones cinematogr\u00e1ficas de esa historia de venganza insaciable (como suele ser habitual) no acaban de reflejar bien lo que se deduce leyendo los primeros cap\u00edtulos de esta larga novela.<\/p>\n<p>Y he ah\u00ed la sorpresa para el historiador. En efecto, porque las versiones cinematogr\u00e1ficas de \u201cEl conde de Montecristo\u201d desdibujan bastante el contexto hist\u00f3rico en el que se fragua la traici\u00f3n contra Edmond Dant\u00e8s que dar\u00e1 lugar a la \u00e9pica venganza posterior sobre la que gira la novela.<\/p>\n<p>La de 1922 que, dicen, pasa por ser una producci\u00f3n muy lujosa, altera nombres de personajes y su papel en la trama creada por Dumas.<\/p>\n<p>Otras como la protagonizada, en 1975, por los cotizados Richard Chamberlain y Tony Curtis, convierten a Fernando Mondego (el principal odiador del infortunado Edmond Dant\u00e8s) en flamante oficial del Ej\u00e9rcito napole\u00f3nico cuando en la novela no es m\u00e1s que un marginal espa\u00f1ol de origen catal\u00e1n, que vive en una especie de ghetto para gente de su incierto origen, en las afueras de Marsella, y su \u00fanica relaci\u00f3n con el Ej\u00e9rcito napole\u00f3nico es, en esos momentos, el de, as\u00ed regresa Napole\u00f3n de Elba, ser reclutado como soldado raso por el r\u00e9gimen imperial revivido a partir de un mes despu\u00e9s del comienzo de \u201cEl conde de Montecristo\u201d.<\/p>\n<p>Esas licencias art\u00edsticas, sin embargo, no son nada comparadas con la imagen que Dumas (y sus \u201casesores\u201d literarios como el historiador Auguste Maquet) introducen en la trama principal de esa famosa novela.<\/p>\n<p>As\u00ed es. De las libertades que Dumas padre se tomaba con la Historia, hay mucho escrito y seguramente se seguir\u00e1 escribiendo mucho m\u00e1s. Sin embargo, en este nuevo aniversario de los Cien D\u00edas no creo est\u00e9 de m\u00e1s avisar que \u201cEl conde de Montecristo\u201d, aparte de ser una obra maestra literaria, es, ahora, un curioso documento hist\u00f3rico sobre c\u00f3mo los franceses del a\u00f1o 1844, bajo la monarqu\u00eda constitucional de Luis Felipe de Orleans, quer\u00edan ver el espasmo final del Primer Imperio franc\u00e9s.<\/p>\n<p>Veamos esto en detalle. La acci\u00f3n de la novela comienza -en eso todas las versiones est\u00e1n de acuerdo- en Marsella. Es decir, en el Sudeste franc\u00e9s que ser\u00e1 justo donde desembarque Napole\u00f3n de vuelta de Elba. Sin duda un mal sitio para el Bonapartismo. La Historia nos dice que Napole\u00f3n es vitoreado as\u00ed pone el pie cerca de Niza, pero, con buen criterio, el exiliado emperador sigue adelante con relativa rapidez, hacia Lyon y el Nordeste de Francia para alcanzar desde all\u00ed Par\u00eds y el trono otra vez.<\/p>\n<p>\u00bfA qu\u00e9 esas prisas? La Historia de los Cien D\u00edas tambi\u00e9n nos lo explica: en el Sudeste de Francia, en general, Napole\u00f3n y sus partidarios son cordialmente odiados y combatidos con verdadero salvajismo. Especialmente en esa Marsella en la que desembarca Edmond Dant\u00e8s poco antes de que la fuga de Elba se materialice.<\/p>\n<p>Hay descripciones escalofriantes sobre esto. Como la que daba Pierre Miquel, en un art\u00edculo para la revista \u201cHistoria\u201d que ya citaba yo en otro correo de la Historia de finales del 2018, hablando de los fieles mamelucos del emperador y de su destino final en 1815.<\/p>\n<p>En \u00e9l Miquel se\u00f1ala que en Marsella hay, en esa fecha, un odio demencial contra los partidarios de Bonaparte (especialmente esos mamelucos). Hasta el punto de que los fieles a la monarqu\u00eda que controlan la situaci\u00f3n all\u00ed deben proteger a esos escasos bonapartistas marselleses envi\u00e1ndolos, precisamente, al castillo de la isla de If\u2026<\/p>\n<p>Una medida destinada a evitar que las bandas de paramilitares ultrarrealistas conocidas como \u201cverdets\u201d, los linchen y ejecuten en las calles, tal y como se hizo con algunos en Marsella, sin distinci\u00f3n de sexo por cierto. O de rango. Como ocurri\u00f3 en Avi\u00f1\u00f3n con el mariscal Brune, asesinado por los ultrarrealistas y cuyo cad\u00e1ver ser\u00e1 arrojado al R\u00f3dano en una escena digna de un grabado negro de Goya\u2026<\/p>\n<p>Bien. Pues casi nada de eso se recoge en \u201cEl conde de Montecristo\u201d donde todo transcurre a muy baja tensi\u00f3n pol\u00edtica, con personajes como el ambicioso sustituto del procurador del rey en Marsella, Villefort, dedicados a conspiraciones de sal\u00f3n en las que cuadros de brutalidad como los vividos en Marsella o en Avi\u00f1\u00f3n, quedan completamente desdibujados en esa novela en apenas unas l\u00edneas del cap\u00edtulo 44.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l es la raz\u00f3n por la que Dumas padre rebaja tanto el fondo hist\u00f3rico de lo que realmente se despacha entre ultrarrealistas y bonapartistas en Marsella y fuera de ella?<\/p>\n<p>La respuesta parecen tenerla algunos historiadores norteamericanos admirados (aunque muy poco ponderados en sus observaciones), como Tom Reiss, que gan\u00f3 en 2013 un premio Pulitzer por escribir la que se ha titulado, en espa\u00f1ol, como la biograf\u00eda del verdadero conde de Montecristo. No otro que el padre de Alejandro Dumas: el general Alexandre Dumas, hijo de una esclava de ese apellido y de un marqu\u00e9s franc\u00e9s algo calavera y que estaba tratando de hacerse olvidar, a finales del siglo XVIII, en las colonias azucareras de las Antillas francesas.<\/p>\n<p>Reiss nos dice que Dumas adoraba a su padre, pese a que, cuando \u00e9ste muri\u00f3, el genial escritor s\u00f3lo ten\u00eda cuatro a\u00f1os, y \u201cEl conde de Montecristo\u201d habr\u00eda sido una reivindicaci\u00f3n p\u00f3stuma del desdichado general Alexandre Dumas. En esa novela, sin embargo,\u00a0 a pesar de que los bonapartistas parecen las principales v\u00edctimas de lo ocurrido tras el fin de los Cien D\u00edas (por medio de turbias intrigas m\u00e1s que de brutalidad descarnada), no faltar\u00e1n vilezas similares perpetradas por los bonapartistas contra mon\u00e1rquicos sobrevenidos -tras un pasado napole\u00f3nico- como el general d\u00b4\u00c9pinay. Si bien perpetradas una vez m\u00e1s por la familia de los Villefort\u2026<\/p>\n<p>As\u00ed pues parece que Alejandro Dumas habr\u00eda jugado con mucha habilidad en 1844 para halagar al p\u00fablico que lo hizo rico. Para entonces (como ya cont\u00e9 en otro correo de la Historia) los restos de Napole\u00f3n hab\u00edan sido tra\u00eddos con toda devoci\u00f3n desde Santa Elena hac\u00eda cuatro a\u00f1os. A Napole\u00f3n se le empezaba a ver como una parte de la Historia francesa a honrar y hasta a venerar, pero -en 1844 tambi\u00e9n- muchos lectores conservadores compraban los folletines de Dumas. Por lo tanto el salvajismo con el que actuaron en 1815 deb\u00eda ser atemperado, mostrado s\u00f3lo como la conspiraci\u00f3n de un personaje mef\u00edtico y traicionero como Villefort. Sustituyendo as\u00ed la verdadera (e hist\u00f3rica) reacci\u00f3n de esa parte de la sociedad francesa, que act\u00faa, s\u00ed, como verdaderos salvajes en 1815. Envenenados de furia asesina por los excesos revolucionarios y el alto peaje en vidas truncadas a causa de las aventuras napole\u00f3nicas.<\/p>\n<p>En definitiva \u201cEl conde de Montecristo\u201d parece que se bas\u00f3 en un pacto de Dumas consigo mismo entre honrar la memoria de su padre, general bonapartista injustamente tratado, sin por ello ofender, en nada, a ninguno de sus lectores. Pensasen como pensasen sobre aquel Primer Imperio y sus \u00faltimos Cien D\u00edas iniciados en marzo de 1815. Una historia de contradicciones dumasianas sobre la que, por cierto, volveremos el d\u00eda 20 de este mismo mes&#8230;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Esta semana pasada, el 1 de marzo, comenzaba un nuevo aniversario de los Cien D\u00edas. 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