{"id":3755,"date":"2023-03-20T11:30:02","date_gmt":"2023-03-20T10:30:02","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=3755"},"modified":"2023-03-20T09:36:03","modified_gmt":"2023-03-20T08:36:03","slug":"alejandro-dumas-y-los-ultimos-dias-de-napoleon-una-conferencia-de-1865","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2023\/03\/20\/alejandro-dumas-y-los-ultimos-dias-de-napoleon-una-conferencia-de-1865\/","title":{"rendered":"Alejandro Dumas y los \u00faltimos d\u00edas de Napole\u00f3n. Una conferencia de 1865"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-3756\" title=\"Napole\u00f3n entra en las Tuller\u00edas aclamado por sus partidarios el 20 de marzo de 1815. Grabado de Philippoteaux\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2023\/03\/Napole\u00f3n-entra-entre-aclamaciones-al-Palacio-de-Las-Tuller\u00edas-el-20-de-marzo-de-1815.-Por-Phlippoteaux-300x220.jpg\" alt=\"\" width=\"384\" height=\"281\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2023\/03\/Napole\u00f3n-entra-entre-aclamaciones-al-Palacio-de-Las-Tuller\u00edas-el-20-de-marzo-de-1815.-Por-Phlippoteaux-300x220.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2023\/03\/Napole\u00f3n-entra-entre-aclamaciones-al-Palacio-de-Las-Tuller\u00edas-el-20-de-marzo-de-1815.-Por-Phlippoteaux-768x562.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2023\/03\/Napole\u00f3n-entra-entre-aclamaciones-al-Palacio-de-Las-Tuller\u00edas-el-20-de-marzo-de-1815.-Por-Phlippoteaux-628x459.jpg 628w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2023\/03\/Napole\u00f3n-entra-entre-aclamaciones-al-Palacio-de-Las-Tuller\u00edas-el-20-de-marzo-de-1815.-Por-Phlippoteaux.jpg 1200w\" sizes=\"(max-width: 384px) 100vw, 384px\" \/>Hace un par de semanas, a comienzos de este mes de marzo, escrib\u00eda en otro correo de la Historia del comienzo de los llamados \u201cCien D\u00edas\u201d en los que Napole\u00f3n, tras huir de Elba, revive su imperio hasta la derrota de Waterloo. Algo que desencadenar\u00e1 vastos acontecimientos. Algunos bien conocidos. Otros no tanto y necesitados todav\u00eda de mucha tinta y papel. De alguno de ellos, por esa misma raz\u00f3n, tratar\u00e9 ma\u00f1ana mismo en el canal \u201cHistoria de Gipuzkoa\u201d de este mismo peri\u00f3dico&#8230;<\/p>\n<p>Volviendo a ese correo de la Historia de hace dos lunes, hablaba yo en \u00e9l de c\u00f3mo hab\u00eda descrito Alejandro Dumas esos \u201cCien D\u00edas\u201d en una de sus m\u00e1s exitosas novelas: \u201cEl conde de Montecristo\u201d. Sacaba en conclusi\u00f3n entonces que lo hab\u00eda hecho el genial padre de \u201cLos tres mosqueteros\u201d con algo de \u201csotto voce\u201d, mitigando mucho la brutalidad con la que los franceses se enfrentaron en una especie de guerra civil de baja intensidad en esos meses de 1815\u2026<\/p>\n<p>Algo que, como dec\u00eda yo en ese correo de la Historia, se pod\u00eda deber a que Dumas era, al fin y al cabo, hijo de un general napole\u00f3nico, Alexandre Dumas -al que \u00e9l admiraba fervientemente- pero tambi\u00e9n ten\u00eda, en 1844, muchos lectores que, en 1815, hab\u00edan sido realistas o ten\u00edan amistades y parientes que lo hab\u00edan sido en aquellos sangrientos d\u00edas de ajustes de cuentas. Unos que se dieron no s\u00f3lo en el campo de batalla, sino en corto y por la v\u00eda directa en las calles de Avi\u00f1\u00f3n, Marsella\u2026<\/p>\n<p>Hoy 20 de enero vuelvo sobre el asunto porque muchos consideran que esta es la verdadera fecha hist\u00f3rica de inicio de esos Cien D\u00edas y tambi\u00e9n porque eso ofrece una inmejorable ocasi\u00f3n para recordar una conferencia en la que Dumas, en 1865, m\u00e1s de dos d\u00e9cadas despu\u00e9s de publicar \u201cEl conde de Montecristo\u201c, hablaba abiertamente de lo que para \u00e9l hab\u00edan supuesto aquellos \u00faltimos \u201cCien D\u00edas\u201d de Napole\u00f3n.<\/p>\n<p>Esa conferencia fue recuperada por el presidente de la Asociaci\u00f3n de Amigos de Alejandro Dumas, Claude Schopp, reviviendo as\u00ed ese momento de la vida del novelista en el que imparti\u00f3 dicha conferencia en diversos lugares -C\u00edrculo Nacional de Bellas Artes en Par\u00eds, Casino de Cherburgo, Alc\u00e1zar de Lyon&#8230;- con, al parecer, no poco nerviosismo, pues el fuerte de Dumas era m\u00e1s escribir que hablar en p\u00fablico.<\/p>\n<p>En cualquier caso en esa conferencia Dumas puso un \u00e9nfasis mucho mayor que en sus palabras de 1844, cuando public\u00f3 \u201cEl conde de Montecristo\u201d. Algo que ser\u00eda muy l\u00f3gico tanto por su devoci\u00f3n personal a ese episodio hist\u00f3rico -como hijo fiel de un general de Bonaparte- como porque en ese a\u00f1o, 1865, estamos en el auge del llamado Segundo Imperio napole\u00f3nico, bajo la f\u00e9rula del sobrino (acaso hijo natural) de Napole\u00f3n. El llamado Napole\u00f3n III, a quien, sin embargo, Dumas trataba de \u201cestimado colega\u201d&#8230; Como nos dice, una vez m\u00e1s, el trabajo de Schopp.<\/p>\n<p>En definitiva la conferencia del autor de \u201cLos tres mosqueteros\u201d fue sumamente elocuente. Al menos en t\u00e9rminos de documento hist\u00f3rico que, hoy, en otro aniversario de los \u201cCien D\u00edas\u201d, nos da la opini\u00f3n directa de un fiel al Bonapartismo sobre esa cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p>Lo primero que la conferencia revelaba es que Alejandro Dumas padre reconstru\u00eda esos momentos, los de los \u201cCien Dias\u201d, a partir de sus recuerdos de un casi ni\u00f1o, todav\u00eda, de doce a\u00f1os.<\/p>\n<p>Lo siguiente que para \u00e9l los \u201cCien Dias\u201d empezaban en 20 de marzo y no el 1 de ese mes.<\/p>\n<p>Lo tercero y m\u00e1s interesante que revelaba esa conferencia era la admiraci\u00f3n que sent\u00eda Dumas por Napole\u00f3n en esos momentos.<\/p>\n<p>Esa narraci\u00f3n de los acontecimientos comenzaba centr\u00e1ndose en el paso de las tropas nuevamente imperiales por Villers-Cott\u00earets, la villa natal de Dumas y una de las postas por las que marchar\u00e1 el Ej\u00e9rcito napole\u00f3nico rumbo a su destino final en Waterloo.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo ve ese apenas adolescente Dumas la cuesti\u00f3n en esos d\u00edas en los que el Primer Imperio franc\u00e9s se levanta como un gigante herido, dispuesto a jugarse a un solo golpe el todo por el todo en cien d\u00edas?<\/p>\n<p>El tono de la conferencia de 1865 es entusiasta, devotamente bonapartista. Empieza con una frase significativa: Napole\u00f3n volv\u00eda de Elba tras un a\u00f1o de gobierno de los Borbones. Uno, dice Dumas, en el que se hab\u00edan borrado otros veinticinco de la Historia de Francia. Napole\u00f3n, pues, hab\u00eda venido para restaurar esa gloria hist\u00f3rica. Y as\u00ed lo ve el peque\u00f1o Dumas cuando contempla el paso, con fascinaci\u00f3n y con gran paciencia, del Ej\u00e9rcito imperial. Ante \u00e9l desfilan, nos dice, treinta mil gigantes. Son los hombres de esa Guardia Imperial, con sus estandartes atravesados por las balas en batallas de nombres resonantes como Austerlitz, Wagram\u2026Tambi\u00e9n pasan ante \u00e9l doscientos mamelucos de esa misma Guardia Imperial, con sus llamativos pantalones rojos, sus turbantes blancos y sus sables curvos.<\/p>\n<p>Todos ellos le parecen h\u00e9roes que van a morir, en Waterloo, para restaurar un mundo mejor, tambi\u00e9n m\u00e1s libre, que es el que para \u00e9l representa ese Napole\u00f3n que tanto admira y parece ver en esos \u201cCien D\u00edas\u201d m\u00e1s como un general revolucionario -como el padre muerto hace a\u00f1os- que como un emperador de maneras dictatoriales.<\/p>\n<p>Pocos d\u00edas despu\u00e9s Napole\u00f3n pasar\u00e1 por Villers-Cotter\u00eats. Tal y como hac\u00eda por costumbre, marchando en la estela de sus tropas, seg\u00fan nos explica un entusiasmado Dumas, que correr\u00e1 a la posta para ver la m\u00edtica berlina imperial en la que dormita un Napole\u00f3n p\u00e1lido, enfermizo, pero al que Dumas compara con un relieve antiguo\u2026<\/p>\n<p>As\u00ed, en esa oleada de entusiasmo, ve el peque\u00f1o Dumas -y recuerda el ya casi anciano de 1865- lo que ocurre en esos Cien D\u00edas iniciados, para \u00e9l, un 20 de marzo.<\/p>\n<p>Tiempo despu\u00e9s -nos se\u00f1ala Claude Schopp en sus comentarios sobre esta conferencia- a partir de 1830, cuando Napole\u00f3n es rehabilitado por la revoluci\u00f3n de ese a\u00f1o, el joven Dumas que se abre camino en el Teatro en Par\u00eds, reconocer\u00e1 que no sabe muy bien cu\u00e1l es la raz\u00f3n por la que admira a Napole\u00f3n, pues los Borbones, en realidad, no le hab\u00edan hecho ning\u00fan mal, ni a \u00e9l ni a su madre, la viuda del general Dumas\u2026<\/p>\n<p>Una ambivalencia de sentimientos, nos dice Schopp, que se mantendr\u00e1 en el tiempo y se reflejar\u00e1 en la propia Literatura de Dumas, donde, a veces, como ocurre en \u201cEl conde de Montecristo\u201d, Napole\u00f3n est\u00e1 casi desterrado. Testimonio, como nos dice tambi\u00e9n finalmente Claude Schopp, de esos sentimientos encontrados de Dumas por el emperador, que oscilaban entre la admiraci\u00f3n y la aversi\u00f3n.<\/p>\n<p>De ese modo, en definitiva, habr\u00eda visto Dumas la epopeya napole\u00f3nica que representa su \u00faltimo acto en esos \u201cCien D\u00edas\u201d ante los fascinados ojos de un ni\u00f1o de doce a\u00f1os, que a\u00fan recuerda a un padre muerto tiempo atr\u00e1s, compa\u00f1ero de armas de aquel meteoro hist\u00f3rico que fue Napole\u00f3n. Ese desencadenador y acelerador de acontecimientos hist\u00f3ricos que durante veinticinco a\u00f1os -y cien d\u00edas- conmovieron a toda Europa. Desde los grandes campos de batalla que recordaba Dumas padre en su conferencia, hasta peque\u00f1as -pero altamente estrat\u00e9gicas- plazas fuertes como San Sebasti\u00e1n&#8230;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Hace un par de semanas, a comienzos de este mes de marzo, escrib\u00eda en otro correo de la Historia del comienzo de los llamados \u201cCien D\u00edas\u201d en los que Napole\u00f3n, tras huir de Elba, revive su imperio hasta la derrota de Waterloo. Algo que desencadenar\u00e1 vastos acontecimientos. Algunos bien conocidos. 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