{"id":4162,"date":"2024-02-12T11:30:28","date_gmt":"2024-02-12T10:30:28","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=4162"},"modified":"2024-02-12T11:04:02","modified_gmt":"2024-02-12T10:04:02","slug":"el-filosofo-y-el-emperador-o-los-ultimos-dias-de-immanuel-kant","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2024\/02\/12\/el-filosofo-y-el-emperador-o-los-ultimos-dias-de-immanuel-kant\/","title":{"rendered":"El fil\u00f3sofo y el emperador o los \u00faltimos d\u00edas de Immanuel Kant"},"content":{"rendered":"<p class=\"western\"><b>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/b><\/p>\n<p class=\"western\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-4163 size-medium\" title=\"Retrato de Immanuel Kant en 1791. Por Gottlieb Doebler. Ostpreussische Landesmuseum\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2024\/02\/Retrato-de-Immanuel-Kant-en-1791.-Por-Gottlieb-Doebler.-Ostpreussische-Landesmuseum-255x300.jpg\" alt=\"\" width=\"255\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2024\/02\/Retrato-de-Immanuel-Kant-en-1791.-Por-Gottlieb-Doebler.-Ostpreussische-Landesmuseum-255x300.jpg 255w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2024\/02\/Retrato-de-Immanuel-Kant-en-1791.-Por-Gottlieb-Doebler.-Ostpreussische-Landesmuseum.jpg 509w\" sizes=\"(max-width: 255px) 100vw, 255px\" \/>Un 12 de febrero del a\u00f1o 1804 dejaba este mundo el fil\u00f3sofo Immanuel Kant. Lo hacia en K\u00f6nigsberg, la actual Kaliningrado, parte de la Federaci\u00f3n Rusa desde que la vieja capital prusiana en el B\u00e1ltico fue conquistada por los ej\u00e9rcitos sovi\u00e9ticos que avanzaban sobre el Tercer Reich.<\/p>\n<p class=\"western\">Kant hab\u00eda tenido una vida y unas opiniones realmente curiosas para un hombre que vivi\u00f3 tiempos tan agitados como el siglo XVIII (naci\u00f3 un 22 de abril de 1724) y su apote\u00f3sico final con las guerras revolucionarias y napole\u00f3nicas.<\/p>\n<p class=\"western\">Hombre destinado al estudio gracias a las buenas conexiones de su familia, dedic\u00f3 toda esa larga vida a pensar, a meditar, como profesor en la universidad de K\u00f6nigsberg donde cultiv\u00f3 vastos saberes que iban desde las Matem\u00e1ticas y la Astronom\u00eda hasta la Filosof\u00eda pol\u00edtica pura que es, acaso, por lo que es m\u00e1s conocido.<\/p>\n<p class=\"western\">Algunos de los que se han acercado a la biograf\u00eda de Immanuel Kant, como el profesor Norbert Bilbeny, indican que Kant, admirador de la filosof\u00eda ilustrada -y finalmente revolucionaria- de Jean-Jacques Rousseau, fue un entusiasta de los acontecimientos que se desencadenaron el 14 de julio de 1789.<\/p>\n<p class=\"western\">Tanto, de hecho, dice el profesor Bilbeny, que Kant, de haber tenido ocasi\u00f3n de llevar sus ideas pol\u00edticas sobre aquel asunto a la pr\u00e1ctica, habr\u00eda sido a\u00fan m\u00e1s rigorista e implacable que Robespierre. Y es que Kant pon\u00eda las leyes -por ejemplo la Declaraci\u00f3n de los Derechos del Hombre y el Ciudadano- por encima de todo. Un maximalismo contradictorio. Como todos los maximalismos. Y as\u00ed lo demostraba una de las m\u00e1ximas m\u00e1s apreciadas por Kant \u201cFiat Iustitia, et pereat mundus\u201d. Es decir: que prevalezca la Justicia as\u00ed tenga que ser destruido el mundo para que eso ocurra\u2026<\/p>\n<p class=\"western\">Cabe preguntarse aqu\u00ed qu\u00e9 clase de Justicia era aquella en la que pensaba el profesor Kant, que necesitaba prevalecer incluso arrasando el mundo entero.<\/p>\n<p class=\"western\">Y eso que, como nos dicen otros bi\u00f3grafos de Kant, era un hombre casi epic\u00fareo, un gastr\u00f3nomo empedernido, aficionado a grandes cenas con alumnos y amigos en las que la comida y la bebida eran abundantes y generosas. Algo que casaba bien con alguien que incluso se permit\u00eda no s\u00f3lo beber -hasta estropearse el est\u00f3mago al final de su larga vida- sino incluso fumar por las ma\u00f1anas una pipa despu\u00e9s del desayuno.<\/p>\n<p class=\"western\">As\u00ed nos lo describe un autor tan extravagante como el comedor de opio ingl\u00e9s, Thomas de Quincey, en un curioso volumen en el que, despu\u00e9s de despacharse sobre la donostiarra Monja Alf\u00e9rez, Catalina de Erauso, hablaba de los que hab\u00edan sido los \u00faltimos d\u00edas de Kant.<\/p>\n<p class=\"western\">Estos transcurrieron entre el a\u00f1o 1802 y el 12 de febrero de 1804. El estado en el que se encontraba Kant para esos momentos no deja de ser una verdadera iron\u00eda hist\u00f3rica. Son los d\u00edas en los que la revoluci\u00f3n, que \u00e9l tanto ha admirado, se va a convertir en dictadura apenas disimulada bajo el Consulado napole\u00f3nico y diez meses despu\u00e9s de que Kant deje este mundo -en diciembre de 1804- en un agresivo imperio donde se ha prohibido hasta la libertad de prensa.<\/p>\n<p class=\"western\">\u00bfFue consciente Kant de esto, de esa deriva que convert\u00eda a la revoluci\u00f3n en algo que ya no era lo que \u00e9l hab\u00eda admirado?<\/p>\n<p class=\"western\">Ciertamente parece que el fil\u00f3sofo y cient\u00edfico prusiano no era en esas fechas capaz de plantearse cuestiones de ese calado. Nos dice, una vez m\u00e1s, Thomas de Quincey, a trav\u00e9s de testimonios de los amigos m\u00e1s pr\u00f3ximos a Kant, que \u00e9l mismo ya se daba cuenta de su declive mental y f\u00edsico desde 1802. Los s\u00edntomas eran que se repet\u00eda con frecuencia, sol\u00eda dormirse durante el d\u00eda en momentos inopinados y su estabilidad f\u00edsica era precaria. As\u00ed en la calle, o en casa, se ca\u00eda con frecuencia y no pod\u00eda levantarse, salvo con ayuda de transe\u00fantes, de amigos que estuvieran presentes o de sus criados.<\/p>\n<p class=\"western\">Poca, pues, parec\u00eda ser la fuerza que quedaba al longevo Kant para pronunciarse seriamente sobre lo que estaba ocurriendo en sus \u00faltimos dos a\u00f1os en este mundo y que tanto deber\u00eda haberle contrariado de acuerdo a sus convicciones filos\u00f3ficas.<\/p>\n<p class=\"western\">Ante \u00e9l la revoluci\u00f3n hab\u00eda sido retorcida por Napole\u00f3n Bonaparte para, supuestamente, salvarla de su propio marasmo, aunque en la pr\u00e1ctica lo \u00fanico que se garantizaba era el fulgurante ascenso al poder absoluto del general corso.<\/p>\n<p class=\"western\">Por otra parte una de las principales obras de Kant hablaba de paz perpetua. Algo que, desde luego, no cotizaba muy alto en la Europa tanto revolucionaria como napole\u00f3nica, donde el nuevo estado franc\u00e9s -producto de fil\u00f3sofos como ese Rousseau al que tanto admiraba Kant- hab\u00eda pasado de guerrear para defenderse, a atizar guerras que te\u00f3ricamente trataban de llevar la Libertad a todos los pueblos de Europa pero que, paulatinamente, derivaron en guerras de conquista, expolio e invasi\u00f3n. A medida que el general-ciudadano Bonaparte se convert\u00eda en el emperador Napole\u00f3n I\u2026<\/p>\n<p class=\"western\">Sin duda un curso de acontecimientos que, para el fil\u00f3sofo prusiano, deber\u00edan haber resultado un tanto decepcionantes.<\/p>\n<p class=\"western\">\u00bfO tal vez no? Si volvemos a las reflexiones de Norbert Bilbeny sobre el rigorismo pol\u00edtico de Kant, m\u00e1s acentuado incluso que en personajes tan inhumanos, maquinales\u2026 como Robespierre (casi lo opuesto al epic\u00fareo profesor Kant), cabr\u00eda preguntarse si \u00e9ste, de no haber sido molestado por sus achaques entre 1802 y 1804, no habr\u00eda dado alguna justificaci\u00f3n razonada del papel de Napole\u00f3n en esas fechas. Describi\u00e9ndolo, tal vez, como la mano firme -aunque algo cruel y expeditiva- necesaria para que la Ley -republicana en este caso- se mantuviera frente a los desencuentros y luchas de facciones y ambiciones personales que, en efecto, hab\u00edan estado a punto de destruir el sue\u00f1o revolucionario. Desde el Terrorismo implacable de Robespierre y los jacobinos, hasta los excesos de corrupci\u00f3n del Directorio bajo Barras que, en definitiva, fueron los que abrieron el camino a un Napole\u00f3n que salv\u00f3 -al menos en apariencia- a la revoluci\u00f3n de 1789. Aunque fuera a cambio de ponerle un uniforme imperial.<\/p>\n<p class=\"western\">Habida cuenta de las palabras extremas de Kant sobre una Justicia que deb\u00eda prevalecer sobre todo -incluso el mismo mundo- y su rechazo a que la ciudadan\u00eda pudiera ejercer leg\u00edtimamente la desobediencia civil, ante un poder que se volviera tir\u00e1nico o desp\u00f3tico, es muy probable que el contradictorio fil\u00f3sofo de K\u00f6nigsberg hubiera finalmente aplaudido a Napole\u00f3n. Y justo all\u00ed donde otras eminencias intelectuales alemanas, como Beethoven, tachaban, con furia y decepci\u00f3n, el nombre del ciudadano-general Bonaparte por su deriva hacia el Cesarismo, cada vez m\u00e1s lejos de la revoluci\u00f3n de 1789&#8230;<\/p>\n<p class=\"western\">Y as\u00ed, en esa zona intelectual gris, es como Immanuel Kant, astr\u00f3nomo, fil\u00f3sofo, pensador\u2026 abandon\u00f3 este mundo un 12 de febrero de 1804.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Un 12 de febrero del a\u00f1o 1804 dejaba este mundo el fil\u00f3sofo Immanuel Kant. Lo hacia en K\u00f6nigsberg, la actual Kaliningrado, parte de la Federaci\u00f3n Rusa desde que la vieja capital prusiana en el B\u00e1ltico fue conquistada por los ej\u00e9rcitos sovi\u00e9ticos que avanzaban sobre el Tercer Reich. 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