{"id":4253,"date":"2024-04-15T11:30:14","date_gmt":"2024-04-15T09:30:14","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=4253"},"modified":"2024-04-15T11:38:47","modified_gmt":"2024-04-15T09:38:47","slug":"un-viaje-a-la-ciencia-del-siglo-xvii-el-gabinete-de-las-maravillas-de-alfonso-mateo-sagasta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2024\/04\/15\/un-viaje-a-la-ciencia-del-siglo-xvii-el-gabinete-de-las-maravillas-de-alfonso-mateo-sagasta\/","title":{"rendered":"Un viaje a la Ciencia del siglo XVII: \u201cEl Gabinete de las Maravillas\u201d de Alfonso Mateo-Sagasta"},"content":{"rendered":"<p class=\"western\" align=\"justify\"><b>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/b><\/p>\n<p class=\"western\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-4254 size-medium\" title=\"Isidoro Montemayor retratado por Jos\u00e9 Mar\u00eda Galllego para la nueva edici\u00f3n de &quot;El Gabinete de las Maravillas&quot;\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2024\/04\/Isidor-Montemayor-investiganedo-en-El-Gabinete-de-las-Maravillas-234x300.jpg\" alt=\"\" width=\"234\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2024\/04\/Isidor-Montemayor-investiganedo-en-El-Gabinete-de-las-Maravillas-234x300.jpg 234w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2024\/04\/Isidor-Montemayor-investiganedo-en-El-Gabinete-de-las-Maravillas-768x985.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2024\/04\/Isidor-Montemayor-investiganedo-en-El-Gabinete-de-las-Maravillas-490x628.jpg 490w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2024\/04\/Isidor-Montemayor-investiganedo-en-El-Gabinete-de-las-Maravillas.jpg 780w\" sizes=\"(max-width: 234px) 100vw, 234px\" \/> <img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-4255 \" title=\"Portada de la nueva edici\u00f3n de &quot;El Gabinete de las Maravillas&quot;. Reino de Cordelia (2024)\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2024\/04\/Gabinete-portada-2024-3-100x150.jpg\" alt=\"\" width=\"124\" height=\"186\" \/>No es la primera vez que hablo en estas p\u00e1ginas de alguna novela o ensayo de Alfonso Mateo-Sagasta. Y supongo que no ser\u00e1 la \u00faltima. En este caso la ocasi\u00f3n proviene de haber llegado a mis manos una nueva edici\u00f3n, de este mismo a\u00f1o, de una de las mejores obras de este escritor: \u201c<i>El <\/i><i>G<\/i><i>abinete de las <\/i><i>M<\/i><i>aravillas<\/i>\u201d.<\/p>\n<p class=\"western\">Esa reedici\u00f3n ha corrido, una vez m\u00e1s, a cargo de la editorial Reino de Cordelia que pone un gran cuidado en la publicaci\u00f3n de todo lo que entra en su cat\u00e1logo. Como es el caso, ahora, de \u201c<i>El <\/i><i>G<\/i><i>abinete de las <\/i><i>M<\/i><i>aravillas<\/i>\u201d.<\/p>\n<p class=\"western\">Esta novela, verdaderamente hist\u00f3rica (pues al fin y al cabo Alfonso Mateo-Sagasta tambi\u00e9n es historiador) es la segunda entrega de la trilog\u00eda que protagoniza el curioso (en m\u00e1s de un sentido) detective (o pesquisidor m\u00e1s bien) Isidoro Montemayor.<\/p>\n<p class=\"western\">As\u00ed \u201c<i>El <\/i><i>G<\/i><i>abinete de las <\/i><i>M<\/i><i>aravillas<\/i>\u201d nos sit\u00faa en la Espa\u00f1a del todav\u00eda no bien ponderado Felipe III que llamaron, y siguen llamando, del \u201cSiglo de Oro\u201d. Es decir, finales del siglo XVI y comienzos del siglo XVII. Y que, en t\u00e9rminos literarios, fue la Espa\u00f1a de Cervantes, que es precisamente quien en \u201c<i>Ladrones de tinta<\/i>\u201d daba el pistoletazo de salida a la serie de aventuras de Isidoro Montemayor, encargando a \u00e9ste que averiguase sobre el plagiario Avellaneda que hab\u00eda sacado una segunda -y ap\u00f3crifa- parte del Quijote&#8230;<\/p>\n<p class=\"western\">Al igual que con \u201c<i>El <\/i><i>G<\/i><i>abinete de las <\/i><i>M<\/i><i>aravillas<\/i>\u201d el Reino de Cordelia ya se ha encargado de que ese primer episodio de la saga, \u201c<i>Ladrones de tinta<\/i>\u201d, haya visto la luz de nuevo con ilustraciones, adem\u00e1s, de un famoso dibujante, Jos\u00e9 Mar\u00eda Gallego, que lleva a\u00f1os prodig\u00e1ndose en revistas tan conocidas como \u201cEl Jueves\u201d haciendo dueto con Julio Rey (bajo el bien conocido marchamo de Gallego y Rey).<\/p>\n<p class=\"western\">As\u00ed ahora tenemos la posibilidad de retomar esta interesante novela, \u201c<i>El <\/i><i>G<\/i><i>abinete de las <\/i><i>M<\/i><i>aravillas<\/i>\u201d, adornada con las rotundas pinceladas de Gallego. Y es as\u00ed, tambi\u00e9n, como entramos, burla burlando, a trav\u00e9s de una novela cargada de humor y de fina iron\u00eda, en una faceta fascinante del Barroco no s\u00f3lo espa\u00f1ol sino europeo.<\/p>\n<p class=\"western\">Esa faceta es lo que hoy llamar\u00edamos el mundo de la Ciencia. Esa cosa tan importante para nuestras motorizadas y tecnificadas sociedades pero que, como nos muestra \u201c<i>El <\/i><i>G<\/i><i>abinete de las <\/i><i>M<\/i><i>aravillas<\/i>\u201d, era algo muy distinto (y, s\u00ed, fascinante) en aquella Espa\u00f1a del victorioso Felipe III y en el resto de la Europa del siglo XVII.<\/p>\n<p class=\"western\">De hecho esa novela nos revela que para los espa\u00f1oles del Siglo de Oro, lo mismo que para los ingleses, italianos, alemanes, franceses\u2026, lo que hoy llamamos \u201cCiencia\u201d no se distingu\u00eda mucho de lo que, tambi\u00e9n hoy, llamamos \u201cMagia\u201d.<\/p>\n<p class=\"western\">Algo que se ve magn\u00edficamente reflejado en los gabinetes de maravillas de hombres ricos y nobles como el que aparece profusa y detalladamente descrito en la novela de Alfonso Mateo-Sagasta.<\/p>\n<p class=\"western\">Uno de los nombres alemanes de esas estancias es verdaderamente revelador y descriptivo de lo que era, en realidad, la Ciencia en aquella \u00e9poca y para aquellos europeos. Esa sint\u00e9tica palabra es \u201cKuntskammer\u201d. Lo que traducido significa -m\u00e1s o menos exactamente en espa\u00f1ol- \u201cC\u00e1mara de Arte\u201d.<\/p>\n<p class=\"western\">Y es que en esas \u201cc\u00e1maras\u201d o gabinetes hombres poderosos, con medios y tiempo, reun\u00edan una abigarrada muestra de objetos que iban desde el Arte (o lo que consideramos como tal hoy) hasta m\u00e1quinas y artefactos que, con un poco de suerte, conduc\u00edan -por v\u00eda m\u00e1s o menos directa- hacia la Ciencia que en nuestra \u00e9poca hace funcionar m\u00e1quinas tan maravillosas -para alguien del siglo XVII- como lavadoras, televisores, aviones, autom\u00f3viles\u2026<\/p>\n<p class=\"western\">El caso del matem\u00e1tico italiano Girolamo Cardano es sumamente esclarecedor. Hay que recordar aqu\u00ed que, aparte de dedicarse a lo que no pasar\u00eda hoy de ser simple Magia, invent\u00f3 una pieza -el card\u00e1n- que es fundamental para poner en marcha nuestros coches.<\/p>\n<p class=\"western\">De todo eso, y m\u00e1s, est\u00e1 lleno ese gabinete o c\u00e1mara de las maravillas de \u201c<i>El <\/i><i>G<\/i><i>abinete de las <\/i><i>M<\/i><i>aravillas<\/i>\u201d de Alfonso Mateo-Sagasta que, adem\u00e1s, sirve de escenario a un misterioso asesinato -el de un hombre-monstruo, objeto tan codiciado por esa \u201cCiencia\u201d de la \u00e9poca- que tendr\u00e1 que resolver Isidoro Montemayor. Emple\u00e1ndose a fondo como ya antes lo hab\u00eda hecho en \u201c<i>Ladrones de tinta<\/i>\u201d o lo har\u00e1 en \u201c<i>El reino de los hombres sin amor<\/i>\u201d, final de la Trilog\u00eda, que acaba precisamente en tierras guipuzcoanas, acompa\u00f1ando al s\u00e9quito que lleva a la famosa Ana de Austria (la reina de \u201c<i>Los tres mosqueteros<\/i>\u201d) hasta esa frontera donde va a ser entregada a su futuro marido Luis XIII.<\/p>\n<p class=\"western\">As\u00ed es como los desocupados lectores pueden entrar con \u201c<i>El <\/i><i>G<\/i><i>abinete de las <\/i><i>M<\/i><i>aravillas<\/i>\u201d en ese mundo fascinante en el que lo que hoy llamamos \u201cCiencia\u201d pod\u00eda servir lo mismo para tener cocodrilos disecados colgando del techo, como para descubrir una m\u00e1quina o una ecuaci\u00f3n que o bien pod\u00eda abrir la puerta a dar con la Piedra Filosofal que convert\u00eda en oro los metales \u201cinnobles\u201d o a encontrar un uso pr\u00e1ctico y viable a minerales que hasta ese momento s\u00f3lo eran piedras inertes y aparentemente sin valor.<\/p>\n<p class=\"western\">Los gabinetes de maravillas fueron, en efecto, curiosos laboratorios en la Espa\u00f1a y la restante Europa de la \u00e9poca donde personajes considerados hitos de la Historia de la Ciencia -hoy venerados- se dedicaban, por el infalible m\u00e9todo cient\u00edfico de error y ensayo, a comprender c\u00f3mo funcionaba el mundo realmente.<\/p>\n<p class=\"western\">As\u00ed, en lugares como los que describe \u201c<i>El <\/i><i>G<\/i><i>abinete de las <\/i><i>M<\/i><i>aravillas<\/i>\u201d, o muy parecidos, pasaron horas y m\u00e1s horas personajes como Boyle, Leibniz o Newton, tratando unos de encontrar la manera de transmutar plomo en oro por medio de la Alquimia y otros, aparte de eso, gastando muchas horas en intentar llegar -a trav\u00e9s de complejos c\u00e1lculos matem\u00e1ticos- a la mente de Dios. Para descifrar as\u00ed, una vez m\u00e1s, el verdadero mecanismo que mov\u00eda el, para ellos, todav\u00eda desconcertante mundo que les rodeaba.<\/p>\n<p class=\"western\">De esos gabinetes de maravillas y su manera de actuar surgieron, tambi\u00e9n, instituciones que hoy llamar\u00edamos \u201ccient\u00edficas\u201d. Como la Royal Society que a\u00fan sigue funcionando en Gran Breta\u00f1a. O antes de que esa Real Sociedad inglesa fuera realidad, el Colegio Imperial de Madrid. Eran lugares en los que se buscaba desde la manera de saber si el polvo de unicornio (l\u00e9ase \u201crinoceronte\u201d) era capaz de detener la marcha de insectos venenosos como las tar\u00e1ntulas, hasta f\u00f3rmulas matem\u00e1ticas que resolv\u00edan hondos problemas pr\u00e1cticos y hoy d\u00eda incluso siguen siendo viables.<\/p>\n<p class=\"western\">As\u00ed es como se escribi\u00f3, en realidad, la Historia de la Ciencia europea en el siglo XVII. Por extra\u00f1o o desconocido que hoy nos pueda parecer. Un problema ese que tiene f\u00e1cil soluci\u00f3n ahora que el Reino de Cordelia ha tenido la excelente idea de poner en nuestras manos, otra vez, una edici\u00f3n (adem\u00e1s ilustrada) de \u201c<i>El <\/i><i>G<\/i><i>abinete de las <\/i><i>M<\/i><i>aravillas<\/i>\u201d.<\/p>\n<p class=\"western\">Esa novela (hist\u00f3rica, negra\u2026) que, cargada de un humor impagable, acertadamente se convierte en la primera explicaci\u00f3n de c\u00f3mo, siglos atr\u00e1s, la Magia de la \u00e9poca barroca acab\u00f3 convirti\u00e9ndose en nuestra Ciencia&#8230;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 No es la primera vez que hablo en estas p\u00e1ginas de alguna novela o ensayo de Alfonso Mateo-Sagasta. Y supongo que no ser\u00e1 la \u00faltima. 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