{"id":4609,"date":"2024-11-18T11:30:16","date_gmt":"2024-11-18T10:30:16","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=4609"},"modified":"2024-11-18T11:30:16","modified_gmt":"2024-11-18T10:30:16","slug":"avatares-de-un-artista-barroco-rubens-pintor-aristocrata-embajador","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2024\/11\/18\/avatares-de-un-artista-barroco-rubens-pintor-aristocrata-embajador\/","title":{"rendered":"Avatares de un artista barroco. Rubens: pintor, arist\u00f3crata, embajador\u2026"},"content":{"rendered":"<p class=\"western\"><b>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/b><\/p>\n<p class=\"western\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-4610 size-medium\" title=\"Autorretrato de Pedro Pablo Rubens, hacia 1638. Pieza del Kunsthistorisches Museum de Viena\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2024\/11\/peter-paul-rubens-autoritratto-233x300.jpg\" alt=\"\" width=\"233\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2024\/11\/peter-paul-rubens-autoritratto-233x300.jpg 233w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2024\/11\/peter-paul-rubens-autoritratto.jpg 390w\" sizes=\"(max-width: 233px) 100vw, 233px\" \/>Hay en estas fechas en las que escribo una exposici\u00f3n en el Museo del Prado de Madrid dedicada al pintor Rubens. Un artista, se dir\u00eda, que poco o mal conocido, pues parece haber pasado a la posteridad como poco m\u00e1s que alguien que pintaba mujeres de un f\u00edsico bastante desbordado. Recuerdo, por ejemplo, mencionarlo, hace algunos a\u00f1os, en alg\u00fan medio de comunicaci\u00f3n, como prueba de que en ciertas \u00e9pocas el canon de belleza no era precisamente el de mujeres delgadas, de complexi\u00f3n m\u00e1s bien atl\u00e9tica.<\/p>\n<p class=\"western\">Obviamente una visi\u00f3n un tanto simplista del autor, de su \u00e9poca y de su obra. Sobre todo si comparamos las casi obesas Tres Gracias que Rubens pintaba entre 1630 y 1635 y la Venus del Espejo que su amigo Diego Vel\u00e1zquez plasm\u00f3 hacia 1647 y que, sin lugar a dudas, muestra c\u00f3mo de un pintor barroco a otro la diferencia en el canon de belleza femenina era casi abismal, pues la Venus velazque\u00f1a es una muchacha esbelta y en una forma f\u00edsica que servir\u00eda de reclamo a cualquiera de los muchos gimnasios que llenan nuestras ciudades hoy d\u00eda. Y, por cierto, lo mismo se podr\u00eda decir de la primera esposa de Rubens, Isabella Brant, muy lejos de esas mujeres de cuerpos gruesos si nos fiamos del autorretrato que se hizo Rubens en compa\u00f1\u00eda de ella, pintado en 1609&#8230;<\/p>\n<p class=\"western\">Parece evidente que, si se recuerda a Rubens s\u00f3lo por detalles as\u00ed, tan endebles, algo falla en lo que se sabe de artistas como ese al que ahora se dedica toda una exposici\u00f3n en el Museo del Prado.<\/p>\n<p class=\"western\">As\u00ed es. Pedro Pablo Rubens, aparte de pintar, casi siempre, esas poco atl\u00e9ticas figuras femeninas, que son lo primero que viene a muchas cabezas cuando se piensa en \u00e9l, tuvo una interesante trayectoria como artista y, adem\u00e1s, una vida digna de esas series de televisi\u00f3n y pel\u00edculas que se hac\u00edan en la \u00e9poca anterior a Netflix.<\/p>\n<p class=\"western\">Rubens nace en 1577 en Siegen, una ciudad prusiana que desde esas fechas hasta el a\u00f1o 1945, pasar\u00e1 por un vasto cat\u00e1logo de desgracias b\u00e9licas. Son las que van desde los comienzos de la guerra de los Ochenta A\u00f1os entre los Habsburgos espa\u00f1oles y los rebeldes holandeses, de 1568 a 1648, hasta los bombardeos de saturaci\u00f3n aliados durante la Segunda Guerra Mundial. A a\u00f1adir a todo eso adem\u00e1s el ser parte, ya en el siglo XVIII, de Prusia. Uno de los reinos m\u00e1s belicosos del momento y con un Ej\u00e9rcito que se convirti\u00f3 en ejemplo de una sociedad volcada a hacer, ante todo, la Guerra. Se dir\u00eda pues que Rubens naci\u00f3 en un lugar maldito.<\/p>\n<p class=\"western\">Desde luego su existencia se desarroll\u00f3, pese a cierta placidez general, saltando de guerra en guerra. Sin embargo, en medio de esas dificultades asociadas a las guerras de religi\u00f3n, de verdadero exterminio entre cat\u00f3licos y protestantes, Pedro Pablo Rubens sabr\u00e1 abrirse paso en un oficio tan complicado como el de pintor. Su madre, especialmente, ser\u00e1 la que sepa orientarle por ese camino. Y lo har\u00e1 no precisamente gracias a la buena cabeza de su marido, Jan, que dej\u00e1ndose llevar por un \u201camour fou\u201d hacia Ana de Sajonia -esposa del jefe del partido protestante, Guillermo de Orange- conseguir\u00e1, aparte de que \u00e9ste lo meta en prisi\u00f3n durante dos a\u00f1os por ese desm\u00e1n, que toda la familia deba exiliarse en Amberes. Ciudad que, desde 1585, ha vuelto al redil cat\u00f3lico.<\/p>\n<p class=\"western\">All\u00ed, la madre de Rubens, pronto viuda de su infiel marido, buscar\u00e1 la protecci\u00f3n para su hijo de la poderosa casa Arenberg. Uno de los principales apoyos de la causa espa\u00f1ola y cat\u00f3lica en los Pa\u00edses Bajos. Gracias a eso Pedro Pablo Rubens continuar\u00e1 mejorando -como servidor de los Arenberg- una esmerada educaci\u00f3n ya iniciada con su, para otros asuntos, irreflexivo padre.<\/p>\n<p class=\"western\">Convertido as\u00ed en un joven prometedor, seguir\u00e1 esa segura senda cuando vaya, como todo buen aspirante a artista, a estudiar a Italia. All\u00ed buscar\u00e1 la protecci\u00f3n de Vincenzo Gonzaga, duque de Mantua.<\/p>\n<p class=\"western\">Tras su estancia en Italia, Rubens -con la lecci\u00f3n bien aprendida sobre lo que un artista necesita para vivir de su Arte- se alinear\u00e1 con los c\u00edrculos de poder de los Habsburgos, pintando para la corte que gobierna los Pa\u00edses Bajos que a\u00fan no se han levantado en armas contra la autoridad de esa poderosa dinast\u00eda y, l\u00f3gica y casi inevitablemente, para la corte de Felipe III y de su hijo Felipe IV.<\/p>\n<p class=\"western\">Este rey, como nos explicaba Jonathan Brown en su magnifico libro \u201c<i>Im\u00e1genes <\/i><i>e <\/i><i>ideas en la pintura espa\u00f1ola del siglo XVII<\/i>\u201d, era un decidido admirador de ese Arte. Algo l\u00f3gico no s\u00f3lo en tanto que testa coronada que usaba de la imagen para reforzar su poder, sino en su calidad de pintor aficionado.<\/p>\n<p class=\"western\">Otro detalle (esa faceta de Felipe IV como pintor amateur) que puede parecer superficial pero que, como explicaba el profesor Brown, en una sociedad como la europea del Barroco era m\u00e1s importante de lo que se pueda creer.<\/p>\n<p class=\"western\">En efecto, en aquella sociedad anterior a la revoluci\u00f3n francesa, el m\u00e9rito en alg\u00fan oficio o trabajo m\u00e1s que abrir puertas para el ascenso social, las cerraba. En esa situaci\u00f3n inc\u00f3moda viv\u00edan o trataban de vivir quienes se dedicaban al Arte. Porque ejercer un trabajo manual se consideraba como un pasaje seguro a no poder demostrar, jam\u00e1s, nobleza alguna. Esa categor\u00eda social que en aquellos siglos prerrevolucionarios era la \u00fanica que permit\u00eda acceder a mitras episcopales, altos rangos en el Ej\u00e9rcito y la administraci\u00f3n civil y, en fin, a cualquier puesto de poder y altamente remunerador.<\/p>\n<p class=\"western\">Felipe IV, por sorprendente que parezca, era, en esa cuesti\u00f3n, un monarca de ideas que hoy considerar\u00edamos m\u00e1s bien avanzadas y que no ten\u00eda duda alguna acerca de que los pintores que trabajaban para \u00e9l -y para la gloria de su reino- eran gentes nobles y que merec\u00edan la m\u00e1s alta estima y no ser tratados como otro criado m\u00e1s de los muchos que serv\u00edan en Palacio.<\/p>\n<p class=\"western\">Con Pedro Pablo Rubens fue extraordinariamente generoso. No s\u00f3lo lo ennobleci\u00f3 con un t\u00edtulo, sino que us\u00f3 de todo su regio poder para, en contra del criterio de sus propios cortesanos, hacer de Rubens su embajador ante la corte de Carlos I Estuardo y poner as\u00ed fin a una guerra que hab\u00eda durado, desde 1623 hasta 1630, por el simple hecho de que el pr\u00edncipe ingl\u00e9s hab\u00eda sido rechazado como futuro esposo de la hermana de Felipe IV al negarse a convertirse al Catolicismo. Episodio que, supongo, es bien conocido a trav\u00e9s de cierta famosa serie de novelas espa\u00f1olas.<\/p>\n<p class=\"western\">Todo ese avatar de Rubens para poner fin a la guerra ocasionada por aquel embrollo dumasiano, fue contado -en un peque\u00f1o op\u00fasculo- por Gregorio Cruzada Villaamil nada menos que en el a\u00f1o 1874. All\u00ed este erudito espa\u00f1ol daba cuenta de la habilidad de Rubens no s\u00f3lo como pintor, sino como diplom\u00e1tico que pudo convencer tanto a Carlos I como a su fiel valido, el duque de Buckingham, de las ventajas de firmar la paz con aquella Espa\u00f1a que hab\u00eda desairado al soberano ingl\u00e9s.<\/p>\n<p class=\"western\">Una habilidad que vali\u00f3 al sagaz Rubens no s\u00f3lo inmensas cantidades del por dem\u00e1s escaso oro ingl\u00e9s, sino un nuevo t\u00edtulo nobiliario -el de caballero o \u201csir\u201d- y varios encargos como pintor para la corte inglesa plasmados en cuadros glorificando al santo protector de Inglaterra -San Jorge- matando al drag\u00f3n, un retrato del propio duque de Buckingham y la decoraci\u00f3n de los techos de la Banqueting House. Curioso edificio que ser\u00eda de los pocos que sobrevivir\u00eda al Gran Incendio de Londres en 1666 y que, adem\u00e1s, en 1646, ser\u00eda el lugar desde el que Carlos I acceder\u00eda al cadalso donde lo ejecutar\u00eda la facci\u00f3n parlamentaria que triunfa en la primera guerra civil inglesa.<\/p>\n<p class=\"western\">Este, en definitiva, fue Pedro Pablo Rubens, alguien, como vemos, que hizo algo m\u00e1s que pintar mujeres de un f\u00edsico desbordante y llamativo&#8230;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Hay en estas fechas en las que escribo una exposici\u00f3n en el Museo del Prado de Madrid dedicada al pintor Rubens. 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