{"id":4871,"date":"2025-04-21T11:30:07","date_gmt":"2025-04-21T09:30:07","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=4871"},"modified":"2025-04-21T10:45:29","modified_gmt":"2025-04-21T08:45:29","slug":"risas-pascuales-y-la-historia-de-un-micronacionalismo-el-reino-de-belmonte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2025\/04\/21\/risas-pascuales-y-la-historia-de-un-micronacionalismo-el-reino-de-belmonte\/","title":{"rendered":"Risas pascuales y la Historia de un micronacionalismo: el Reino de Belmonte"},"content":{"rendered":"<p><strong>\u00a0Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-4872 size-medium\" title=\"Portada de la novela &quot;El Reino de Belmonte&quot; de Alfonso Mateo-Sagasta. Reino de Cordelia (2025)\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2025\/04\/Portada-de-El-Reino-de-Belmonte-198x300.jpg\" alt=\"\" width=\"198\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2025\/04\/Portada-de-El-Reino-de-Belmonte-198x300.jpg 198w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2025\/04\/Portada-de-El-Reino-de-Belmonte-414x628.jpg 414w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2025\/04\/Portada-de-El-Reino-de-Belmonte.jpg 740w\" sizes=\"(max-width: 198px) 100vw, 198px\" \/>Hace dos a\u00f1os, el 17 de abril de 2023, dedicaba un correo de la Historia a la curiosa costumbre medieval de la risa, o risas, de Pascua. En breve, para quienes no leyeron aquel escrito, dir\u00e9 que se trataba de una especie de alivio de las penitencias de Cuaresma autorizado por la jerarqu\u00eda de la Iglesia mediante el cual los sacerdotes, en la Pascua de Resurrecci\u00f3n, hac\u00edan re\u00edr a sus feligreses con toda clase de chistes, bromas y escenificaciones incluso obscenas. En pocas palabras: era un peque\u00f1o carnaval revivido tras el par\u00e9ntesis de la Cuaresma que llegaba despu\u00e9s del Mi\u00e9rcoles de Ceniza. As\u00ed se permit\u00eda en esos momentos, dentro del templo y dentro de la Iglesia como instituci\u00f3n, burlarse hasta de lo m\u00e1s sagrado.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Algo parecido, creo, es lo que podr\u00eda ser leer en esta semana de Pascua -y aprovechando la coyuntura del D\u00eda del Libro- la nueva novela del historiador y escritor Alfonso Mateo-Sagasta, cuya obra anterior ya ha pasado varias veces por estas p\u00e1ginas del correo de la Historia.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">El libro se titula, de manera algo misteriosa, \u201c<i>El Reino de Belmonte<\/i>\u201d y el tema, el eje de esta novela, es toda una s\u00e1tira, una risa pascual, de aquello que, desde la revoluci\u00f3n francesa, se considera sagrado para muchos millones como ya lo se\u00f1al\u00f3 en su d\u00eda la historiadora Mona Ozouf. Es decir: el nacionalismo de mayor o menor entidad. Asunto, por cierto, del que tambien trat\u00f3 Alfonso Mateo-Sagasta en el ensayo \u201c<i>Naci\u00f3n<\/i>\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">En el caso de \u201c<i>El Reino de Belmonte<\/i>\u201d ese nacionalismo no puede ser m\u00e1s microsc\u00f3pico. Y ef\u00edmero. En efecto, pues esa peque\u00f1a historia, dentro de la gran Historia de Espa\u00f1a, y por ende de Europa, fue la de la creaci\u00f3n de una micronaci\u00f3n independiente a partir de un barrio de Madrid conocido como Cerro Belmonte.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Puede que a quienes esto leen, y hayan le\u00eddo Prensa sobre el tema o visto una obra de teatro titulada \u201c<i>El reino de Cerro Belmonte<\/i>\u201d o conozcan la novela \u201c<i>Votos en contra<\/i>\u201d, todo esto ya les sea conocido. Es una historia real muy parecida, sin embargo, a la ficci\u00f3n de una pel\u00edcula brit\u00e1nica titulada \u201cPasaporte para Pimlico\u201d. En esa pel\u00edcula, irreverente en el mejor estilo del humor llamado \u201cingl\u00e9s\u201d, un resto de un bombardeo alem\u00e1n descubr\u00eda en un castizo barrio londinense -Pimlico- un tesoro y unos viejos documentos que aseguraban que aquel era territorio del duque de Borgo\u00f1a&#8230;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">En una Inglaterra sometida todav\u00eda al racionamiento estricto de los a\u00f1os de guerra, aquella curiosa circunstancia pol\u00edtico-diplom\u00e1tica, llevaba, entre varios embrollos m\u00e1s, a declarar la independencia del barrio ante el Reino Unido. Convirti\u00e9ndose as\u00ed Pimlico en el lugar id\u00f3neo para que el mercado negro hiciera de las suyas en un territorio londinense, pero no sujeto a la Ley brit\u00e1nica que mandaba comprar y vender \u00fanicamente por medio de las cartillas de racionamiento.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">La historia de \u201c<i>El Reino de Belmonte<\/i>\u201d es parecida pero distinta. Y adem\u00e1s, como dec\u00eda, basada en hechos reales. Ocurri\u00f3 en una Espa\u00f1a que se cre\u00eda pr\u00f3spera y deb\u00eda de serlo. Era la de 1990. La que se presentaba ante el mundo con sus mejores galas de pa\u00eds moderno. Con el Tren de Alta Velocidad que iba a unir a Madrid con Sevilla, donde en dos a\u00f1os se celebrar\u00eda la famosa \u201cExpo\u201d para conmemorar los 500 a\u00f1os del viaje de Crist\u00f3bal Col\u00f3n que descubr\u00eda a los europeos el continente que acabar\u00edan llamando \u201cAm\u00e9rica\u201d. Pero ese, como bien recuerda nuestro historiador y novelista autor de \u201c<i>El Reino de Belmonte<\/i>\u201d, era tambi\u00e9n el tiempo de la Espa\u00f1a del \u201cpelotazo\u201d, la del enriquecimiento vertiginoso que recuperaba el tiempo perdido de la Guerra Civil y la autarqu\u00eda y llevaba el Desarrollismo franquista de los a\u00f1os 60 y 70 hasta sus \u00faltimas consecuencias. Especialmente en el sector de la construcci\u00f3n inmobiliaria.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Esa es, pues, la Espa\u00f1a en la que se desarrolla la acci\u00f3n de \u201c<i>El Reino de Belmonte<\/i>\u201d. Aquella en la que, como en la Espa\u00f1a de la Restauraci\u00f3n alfonsina del 1880, se volv\u00edan a \u201cmatar cerditos\u201d. Es decir: a hacer jugosas inversiones que deb\u00edan reportar inmensos beneficios.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Algunas no salieron muy bien. Por ejemplo la del F\u00f3rum Filat\u00e9lico que es recordada, m\u00e1s o menos de pasada, en \u201c<i>El Reino de Belmonte<\/i>\u201d. En cuesti\u00f3n inmobiliaria los sacrificadores de \u201ccerditos\u201d en aquella Espa\u00f1a del pelotazo, salieron en general bien. Tanto que, como nos recuerda la novela, el metro cuadrado se pagaba en Madrid, en 1990, a 200.000 pesetas. Es decir: a 1202 euros. Y de ah\u00ed para arriba, como bien se sigue sabiendo hoy d\u00eda, 35 a\u00f1os despu\u00e9s.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Donde la operaci\u00f3n inmobiliaria no sali\u00f3 tan bien fue en el barrio conocido como Cerro Belmonte. Y eso es lo que nos cuenta, con mucho humor, la novela de Alfonso Mateo-Sagasta. La Historia verdadera de ese barrio madrile\u00f1o era una de la que no se quer\u00eda saber en la Espa\u00f1a de la Expo. Era la de los emigrantes de los a\u00f1os 50 y 60 que construyeron sus casas a la malicia, en una noche, resolviendo as\u00ed de un solo tiro el problema del Chabolismo y de alojar a la creciente mano de obra que emigraba a aquel Madrid que resurg\u00eda de las cenizas de la Guerra Civil y la Posguerra.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Ese era un problema arduo para la nueva clase pol\u00edtica de la Era del Pelotazo, pues quer\u00eda, en 1990, acabar con el barrio de aquella gente. Vista como reminiscencia de un pasado vergonzante, pese a estar ya bien integrada en Madrid -como una clase obrera y media- pero que, aparte de eso, para su desgracia, ocupaba unos jugosos terrenos en los que desarrollar un nuevo negocio inmobiliario no menos jugoso.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Frente al subsiguiente acoso institucional y empresarial actuando como una tenaza sobre el barrio de Cerro Belmonte, sus vecinos lucharon con u\u00f1as y dientes. Y con mucha imaginaci\u00f3n. As\u00ed, tal y como nos lo cuenta \u201c<i>El Reino de Belmonte<\/i>\u201d, pedir\u00e1n ayuda nada menos que a la Cuba de Fidel Castro, que los recibir\u00e1 con los brazos abiertos. Viendo que, al menos un pu\u00f1ado de ciudadanos de la Europa pr\u00f3spera y capitalista, hu\u00edan no del bloque comunista que se desmoronaba, sino justo en direcci\u00f3n contraria,<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">El modo en el que ese episodio est\u00e1 narrado, y que ocupa las p\u00e1ginas centrales de \u201c<i>El Reino de Belmonte<\/i>\u201d, arranca tambi\u00e9n una risa tras otra por el modo en el que Alfonso Mateo-Sagasta maneja la cuesti\u00f3n, donde la Cuba castrista aparece a medio camino entre la mejor novela picaresca y el ominoso \u201c<em>1984<\/em>\u201d de Orwell que es recordado -entre el temor y la nostalgia de una juventud que se desvanece- por alguno de los protagonistas madrile\u00f1os de la peripecia.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">As\u00ed los belmonte\u00f1os, agotando un cartucho tras otro de su escasa munici\u00f3n (el de Cuba y la cuesti\u00f3n de los asilados pol\u00edticos, reales y fingidos, no dar\u00e1 para mucho), llegar\u00e1n a la conclusi\u00f3n de que deben hacerse independientes de Madrid y de Espa\u00f1a y crear, de la nada o casi, una nueva naci\u00f3n donde sea imposible expropiar sus casas y el valioso terreno que ocupan.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Otro episodio ver\u00eddico que Alfonso Mateo-Sagasta novela a la manera de \u201c<i>La verdad sobre el caso Savolta<\/i>\u201d de Eduardo Mendoza (muy aludido en \u201c<i>El Reino de Belmonte<\/i>\u201d), intercalando en la ficci\u00f3n fragmentos de Prensa absolutamente hist\u00f3ricos que recogen los acontecimientos seg\u00fan se van desarrollando y donde la novela de Mateo-Sagasta satiriza y r\u00ede con fuerza en torno a los mitos fundacionales de la naci\u00f3n, de todas las naciones. Ese terreno donde las leyendas inventadas para sostener los cimientos del estado franc\u00e9s, espa\u00f1ol, brit\u00e1nico, alem\u00e1n\u2026 que surgen en el siglo XIX, se mezclan con la acumulaci\u00f3n de hechos hist\u00f3ricos ver\u00eddicos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Un mecanismo que los belmonte\u00f1os -los reales y los m\u00e1s o menos ficticios de \u201c<i>El Reino de Belmonte<\/i>\u201d- usar\u00e1n con todo descaro para, finalmente, poner de rodillas a la tenaza formada entre el Ayuntamiento y los empresarios de la construcci\u00f3n que luchan por modernizar tanto la trama urbana de Madrid como sobre todo sus propias cuentas corrientes. Algo que, a menos que se pertenezca a esa privilegiada minor\u00eda, despierta en el lector de \u201c<i>El Reino de Belmonte<\/i>\u201d esa clase de risa que se despierta cuando se leen las novelas de Tom Sharpe o alguna que otra de Eduardo Mendoza.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Eso es, en definitiva, todo lo que ofrece \u201c<i>El Reino de Belmonte<\/i>\u201d. Y no es poco. Es una risa pascual que ya no se ofrece en las iglesias pero que, por suerte, podemos encontrar en esas irreverentes p\u00e1ginas que cumplen a la perfecci\u00f3n la funci\u00f3n de la Literatura desde que se empez\u00f3 a cultivar en la Grecia cl\u00e1sica: la de liberarnos de nuestros propios defectos por medio de una s\u00e1tira.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Aprovechen pues la ocasi\u00f3n, sum\u00e9rjanse en la trama de \u201c<i>El Reino de Belmonte<\/i>\u201d, porque aunque a veces es duro enfrentarse a la propia Historia del pasado reciente -tanto como a aquella chaqueta de los a\u00f1os 90 ya pasada de moda que yace al fondo del armario- la s\u00e1tira de la realidad que hay en sus p\u00e1ginas puede ser educativa. Tanto como la de \u201c<i>La colmena<\/i>\u201d de Cela, la del reino de Liliput, el \u201c<i>Micromegas<\/i>\u201d de Voltaire. O la imaginada en la Espa\u00f1a de 1990 donde Eduardo Mendoza, como recoge tambi\u00e9n esta novela de Alfonso Mateo-Sagasta, hizo aterrizar un par de extraterrestres -uno de ellos llamado Gurb- que se burlan -aun sin saberlo- de aquel pa\u00eds y de aquel tiempo, que es ya nuestro pasado reciente, del mismo modo en el que en el siglo XVIII lo hicieron los persas de Montesquieu o los embajadores de Marruecos del coronel Jos\u00e9 Cadalso.<\/span><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Hace dos a\u00f1os, el 17 de abril de 2023, dedicaba un correo de la Historia a la curiosa costumbre medieval de la risa, o risas, de Pascua. 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