{"id":508,"date":"2013-08-19T11:30:03","date_gmt":"2013-08-19T09:30:03","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=508"},"modified":"2013-08-19T11:30:03","modified_gmt":"2013-08-19T09:30:03","slug":"la-penultima-campana-de-las-guerras-napoleonicas-x-los-canones-de-agosto-y-el-culto-a-napoleon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2013\/08\/19\/la-penultima-campana-de-las-guerras-napoleonicas-x-los-canones-de-agosto-y-el-culto-a-napoleon\/","title":{"rendered":"La pen\u00faltima campa\u00f1a de las guerras napole\u00f3nicas (X). Los ca\u00f1ones de agosto y el culto a Napole\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p>A quienes siguen esta serie de art\u00edculos sobre la pen\u00faltima campa\u00f1a de las guerras napole\u00f3nicas, probablemente no les pillar\u00e1 de sorpresa lo que les voy a contar para empezar este nuevo cap\u00edtulo de la misma. Se trata de lo que ocurri\u00f3 el d\u00eda de la Ascensi\u00f3n -o Asunci\u00f3n- de la Virgen de hace dos siglos.<\/p>\n<p><a href=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/08\/Np-retorno-de-Elba.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-509\" title=\"Napole\u00f3n regresa del exilio en Elba y convence a sus veteranos para que se pasen a sus banderas. Ilustraci\u00f3n de Job para el \"Napol\u00e9on\" de Georges Montorgueil. Ejemplar de La colecci\u00f3n Reding \" src=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/08\/Np-retorno-de-Elba.jpg\" alt=\"\" width=\"282\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/08\/Np-retorno-de-Elba.jpg 1620w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/08\/Np-retorno-de-Elba-282x300.jpg 282w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/08\/Np-retorno-de-Elba-768x817.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/08\/Np-retorno-de-Elba-963x1024.jpg 963w\" sizes=\"(max-width: 282px) 100vw, 282px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Ese 15 de agosto, como todos desde que Napole\u00f3n se coron\u00f3 emperador, sus tropas, a\u00fan dispersas por media Europa, celebraron con todo el estruendo necesario el d\u00eda de San Napole\u00f3n. Esa festividad que el emperador hab\u00eda obligado al Vaticano a crear \u201cex-profeso\u201d. O, m\u00e1s bien, de la nada, casi invent\u00e1ndose la existencia de un m\u00e1rtir cristiano con un nombre m\u00e1s o menos similar a \u201cNapole\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>De ese modo Napole\u00f3n -no descubro nada y, de hecho, ya lo cont\u00e9 en otro art\u00edculo de esta serie, el n\u00famero VIII-, aparte de autoglorificarse un poco m\u00e1s, desplazaba la festividad de la que a\u00fan hoy se llama \u201cVirgen de Agosto\u201d.<\/p>\n<p>Algo que las tropas sitiadas en San Sebasti\u00e1n en esas fechas, el 15 de agosto de 1813, no se privaron, ni mucho menos, de poner en escena una vez\u00a0 m\u00e1s, haciendo ver a las tropas angloportuguesas que rodean la ciudad y preparan su asalto que su moral, y sus recursos, est\u00e1n en tan buen estado como para no pasar por alto la festividad de San Napole\u00f3n.<\/p>\n<p>Un mensaje fat\u00eddico realmente para un ej\u00e9rcito que, por culpa de ese asedio sin resolver, estaba literalmente atrapado en estas mismas fechas -de hace dos siglos- en un cuadrado no menos fat\u00eddico formado por el territorio abarcado entre varias fortalezas que siguen en manos del ej\u00e9rcito napole\u00f3nico: San Sebasti\u00e1n, Pamplona, Bayona&#8230; tal y como se\u00f1alar\u00e1 a\u00f1os despu\u00e9s uno de los altos oficiales de esas tropas aliadas, <em>sir <\/em>William Napier, en su \u201cHistoria de la guerra peninsular\u201d, ya mencionada en diversas ocasiones en este correo de la Historia como la fuente hist\u00f3rica de primer orden que es.<\/p>\n<p>La traducci\u00f3n para esas tropas angloportuguesas, bloqueadas ante San Sebasti\u00e1n, de los alardes festivos hechos por la guarnici\u00f3n napole\u00f3nica el 15 de agosto debi\u00f3 de ser realmente angustiosa: esos soldados napole\u00f3nicos no parecen desmoralizados en absoluto, siguen confiando en su \u00eddolo, en que finalmente los rescatar\u00e1. Probablemente con el mismo ej\u00e9rcito al mando del mariscal Soult que ha sido rechazado entre el 25 de julio y el 2 de agosto en los Pirineos&#8230; En definitiva, el 15 de agosto de 1813 los soldados que sitian San Sebasti\u00e1n asisten a una desmoralizadora escenificaci\u00f3n de eso que a\u00f1os despu\u00e9s un historiador franc\u00e9s -J. Lucas-Dubreton- llamar\u00e1, acertadamente, \u201cel culto a Napole\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>Se trata de un arma verdaderamente potente. En ocasiones, como finalmente acaba ocurriendo en San Sebasti\u00e1n y en San Marcial el 31 de agosto de 1813, no servir\u00e1 de gran cosa a la hora de anotar una nueva victoria para las banderas francesas. Sin embargo, desde 1848 en adelante, ese culto a Napole\u00f3n, como parte esencial del culto a otros h\u00e9roes \u201cfranceses\u201d -desde el jefe galo Vercing\u00e9torix hasta Charles de Gaulle pasando por Santa Juana de Arco, San Luis rey de Francia, Francisco I, el cardenal Richelieu&#8230;- es la base sobre la que se forma una naci\u00f3n dispuesta a morir a millares en los campos de batalla de Europa y del resto del Mundo. Un m\u00ednimo sacrificio, bajo ese punto de vista, por un pa\u00eds tan glorioso como el que describe ese culto fuertemente enraizado en la Historia francesa y vulgarizado por medio de novelas, im\u00e1genes, grabados, libros para ni\u00f1os y j\u00f3venes y un \u201cmerchandising\u201d al que nada tiene que envidiar el Hollywood de hoy d\u00eda. Salvo, quiz\u00e1s, la sutileza mucho mayor con la que se opera en Francia por medio de esos instrumentos.<\/p>\n<p>Como ejemplo puede bastar lo que ocurre en ese pa\u00eds, Francia, hace ahora exactamente 99 a\u00f1os, cuando comienza, en serio, la que entonces se llam\u00f3 \u201cGran Guerra\u201d y nosotros conocemos como \u201cPrimera Guerra Mundial\u201d.<\/p>\n<p>Durante el mes de agosto de 1914, en el que se consuma lo iniciado por el asesinato en Sarajevo del archiduque Francisco a finales de junio de ese a\u00f1o, miles de franceses no se cuestionan la necesidad de ir a morir por Francia -esa Francia encarnada, entre otros, por Napole\u00f3n y su Gloria militar-, exponi\u00e9ndose al fuego de esos \u201cca\u00f1ones de agosto\u201d que la historiadora norteamericana Barbara W. Tuchman ha convertido en el s\u00edmbolo del comienzo de esa guerra que lo trastorna todo, dando lugar al mundo en el que hoy vivimos.<\/p>\n<p>S\u00ed, por dif\u00edcil que resulte de creer ahora, contado y le\u00eddo en fr\u00edo, los franceses de 1914 -salvo las honrosas excepciones de costumbre- no dudan un momento en lanzarse de cabeza a un inmenso matadero. Uno en el que muchos de esos aspirantes a h\u00e9roes ni siquiera tienen la oportunidad de ver el rostro del enemigo como, se supon\u00eda, s\u00ed ocurr\u00eda en las guerras napole\u00f3nicas, siendo, por el contrario, aplastados por inmensas explosiones lanzadas por ca\u00f1ones con mayor alcance, con mayor capacidad de enviar cada vez m\u00e1s lejos cargas explosivas de mayor potencia. Una Artiller\u00eda capaz de crear la llamada \u201ccortina de fuego\u201d, que barre kil\u00f3metros y kil\u00f3metros de frente. Bien para proteger a las tropas propias, bien para aniquilar a las enemigas enterr\u00e1ndolas literalmente vivas, por millares, en cuesti\u00f3n de minutos.<\/p>\n<p>La \u201cGran Guerra\u201d que empieza con esos \u201cca\u00f1ones de agosto\u201d de 1914, en efecto, no puede comprenderse sino como el resultado final de lo que se vive en aquella otra Europa de las guerras napole\u00f3nicas. Esa en la que se hace de un hombre un \u00eddolo casi divino y de la idea abstracta de naci\u00f3n -simbolizada en grandes hombres como Napole\u00f3n, en banderas, en nombres de batallas, gloriosas incluso siendo sonadas derrotas-, un motivo m\u00e1s que suficiente para morir y matar aunque sea de ese modo tan absurdo, tan poco heroico, apenas un par de minutos despu\u00e9s de llegados a la l\u00ednea del frente sin haber visto siquiera el rostro del enemigo.<\/p>\n<p>Lo demuestra claramente, por ejemplo, el espasmo patri\u00f3tico que recorre Prusia -otra de las grandes protagonistas de 1914- en el verano de 1813 donde, inspirados por el caso espa\u00f1ol, como cuenta nuestra colega historiadora Remedios Solano, se pone en armas a miles de soldados prusianos sobre el terreno para empujar a Napole\u00f3n de vuelta a Par\u00eds, sac\u00e1ndolo de la <em>V\u00e4terland<\/em>, de la patria prusiana, no bien las cosas mejoren en el frente peninsular, una vez que se haya rebasado ese cuadrado mortal del que habla Napier, quebrantando la resistencia de guarniciones como la que el 15 de agosto celebra San Napole\u00f3n en\u00a0 San Sebasti\u00e1n.<\/p>\n<p>Eso -la gloria de Napole\u00f3n, y Francia, la \u201cV\u00e4terland\u201d prusiana apenas inaugurada en 1813&#8230;- lo explica todo. Y principalmente c\u00f3mo se galvaniza a miles de hombres para repetir, una y otra vez, la misma guerra -con medios cada vez m\u00e1s destructivos, eso s\u00ed- durante casi dos siglos.<\/p>\n<p>As\u00ed las cosas, si nos preguntamos por el sentido de aquellas guerras napole\u00f3nicas que se est\u00e1n decidiendo a los pies de los Pirineos occidentales en el verano de 1813, deberemos reflexionar sobre ese culto a Napole\u00f3n manifestado en ocasiones como la que tiene lugar en San Sebasti\u00e1n el 15 de agosto de 1813, o en r\u00e9plicas a la fiesta de San Napole\u00f3n como esa \u201cV\u00e4terland\u201d, esa Patria,<em> <\/em>que los soldados prusianos invocan cuando tratan de romper las l\u00edneas napole\u00f3nicas en esas mismas fechas.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-510\" title=\"I Guerra Mundial, artiller\u00eda pesada brit\u00e1nica en 1914. La colecci\u00f3n Reding\" src=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/08\/I-Guerra-Mundial-artiller\u00eda-pesada-brit\u00e1nica-1914.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"191\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/08\/I-Guerra-Mundial-artiller\u00eda-pesada-brit\u00e1nica-1914.jpg 1098w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/08\/I-Guerra-Mundial-artiller\u00eda-pesada-brit\u00e1nica-1914-300x192.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/08\/I-Guerra-Mundial-artiller\u00eda-pesada-brit\u00e1nica-1914-768x491.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/08\/I-Guerra-Mundial-artiller\u00eda-pesada-brit\u00e1nica-1914-1024x655.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/p>\n<p>Que eso ocurriera ahora hace doscientos a\u00f1os no implica, desde luego, que tenga menos importancia o que haya perdido su capacidad de explicar hechos a veces tan incomprensibles -si se miran s\u00f3lo superficialmente- como la tenaz resistencia de una fortaleza clave, como lo era la de San Sebasti\u00e1n en agosto de 1813. O, si a eso vamos, la muerte de verdaderos reba\u00f1os de hombres -austriacos, alemanes, rusos, portugueses, brit\u00e1nicos, franceses, algunos centenares, tal vez miles, de voluntarios espa\u00f1oles&#8230;- bajo los terribles ca\u00f1ones de agosto de 1914.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>\u00a0\u00a0\u00a0<\/em><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 A quienes siguen esta serie de art\u00edculos sobre la pen\u00faltima campa\u00f1a de las guerras napole\u00f3nicas, probablemente no les pillar\u00e1 de sorpresa lo que les voy a contar para empezar este nuevo cap\u00edtulo de la misma. 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