{"id":511,"date":"2013-08-26T11:34:26","date_gmt":"2013-08-26T09:34:26","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=511"},"modified":"2013-08-26T11:34:26","modified_gmt":"2013-08-26T09:34:26","slug":"la-penultima-campana-de-las-guerras-napoleonicas-xi-los-misterios-de-la-batalla-de-san-sebastian-junio-agosto-de-1813-y-la-lectura-publica-de-un-documento-historico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2013\/08\/26\/la-penultima-campana-de-las-guerras-napoleonicas-xi-los-misterios-de-la-batalla-de-san-sebastian-junio-agosto-de-1813-y-la-lectura-publica-de-un-documento-historico\/","title":{"rendered":"La pen\u00faltima campa\u00f1a de las guerras napole\u00f3nicas (XI). Los misterios de la batalla de San Sebasti\u00e1n (junio-agosto de 1813) y la lectura p\u00fablica de un documento hist\u00f3rico"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p>Ayer mismo, el domingo 25 de agosto de 2013, se procedi\u00f3 en las calles de San Sebasti\u00e1n a la lectura de un documento hist\u00f3rico que en unos meses cumplir\u00e1 la venerable cifra de dos siglos de antig\u00fcedad.<\/p>\n<p><a href=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/08\/Tropas-brit\u00e1nicas-tomando-San-Sebasti\u00e1n.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-512\" title=\"Tropas brit\u00e1nicas tomando San Sebasti\u00e1n (31-08-1813),  grabado  para la obra \"Martial Achievements of Great Britain\" src=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/08\/Tropas-brit\u00e1nicas-tomando-San-Sebasti\u00e1n.jpg\" alt=\"\" width=\"199\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/08\/Tropas-brit\u00e1nicas-tomando-San-Sebasti\u00e1n.jpg 266w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/08\/Tropas-brit\u00e1nicas-tomando-San-Sebasti\u00e1n-200x300.jpg 200w\" sizes=\"(max-width: 199px) 100vw, 199px\" \/><\/a><\/p>\n<p>As\u00ed las cosas, acertar\u00e1n los que hayan pensado al leer estas l\u00edneas que el documento en cuesti\u00f3n es uno relacionado con las guerras napole\u00f3nicas y, por supuesto, con la pen\u00faltima campa\u00f1a de las mismas desarrollada, fundamentalmente, en territorio guipuzcoano y navarro.<\/p>\n<p>Para ir concretando, se trataba del que contiene los 79 testimonios recogidos por el juez de primera instancia de San Sebasti\u00e1n, Pablo Antonio de Arizpe, a partir del mes de octubre de 1813. Exhaustivas investigaciones como la firmada por Luis Murugarren Zamora en 1993, ya han dado buena cuenta de su contenido. E incluso han transcrito completamente ese documento del Archivo Municipal de San Sebasti\u00e1n, donde se conserva una copia encuadernada del mismo.<\/p>\n<p>Para los que no hayan le\u00eddo ese libro, ya agotado, ni hayan podido asistir a un par de conferencias impartidas por el profesor Luis Castells Arteche en las que hac\u00eda un minucioso an\u00e1lisis de ese documento, les dir\u00e9 que, en sustancia, la funci\u00f3n del juez Arizpe era esclarecer los hechos del 31 de agosto de 1813, preguntando uno por uno a varios testigos supervivientes -por una u otra raz\u00f3n- de la que ya hemos denominado en esta serie como \u201cbatalla de San Sebasti\u00e1n\u201d. Esa que se prolonga entre el 28 de junio y el 5 de septiembre de 1813.<\/p>\n<p>No hay nada en esa informaci\u00f3n judicial elaborada por Arizpe que la distinga de otras miles conservadas en centenares de archivos. El procedimiento es el habitual en estos casos. Se convoca a los testigos, se les pregunta su edad, de d\u00f3nde son vecinos, su oficio, y, a continuaci\u00f3n, se les pide que respondan a una serie de preguntas que puede improvisar el juez que lleva la causa, o bien se han redactado previamente, como ocurre en el caso que nos ocupa.<\/p>\n<p>Las preguntas que redact\u00f3 Arizpe tratan de esclarecer cu\u00e1ndo y c\u00f3mo los soldados brit\u00e1nicos y portugueses deciden destruir San Sebasti\u00e1n mientras est\u00e1n aplastando la \u00faltima resistencia que les ofrece la ya muy diezmada guarnici\u00f3n\u00a0 napole\u00f3nica que trata, hoy hace doscientos a\u00f1os, de mantener esa plaza fuerte en poder del emperador Bonaparte, y, con ella, la \u00faltima llama de esperanza napole\u00f3nica. Actuando casi como si de un cuento de hadas se tratase: un pu\u00f1ado de valientes defendiendo un airoso castillo, esperando a que el h\u00e9roe providencial llegue a lomos de un caballo -blanco, por supuesto, Napole\u00f3n cuidaba mucho esos detalles- para poner en fuga a los que asedian esos muros.<\/p>\n<p>El resultado es un recargado documento de m\u00e1s de cien folios en el que donostiarras de toda edad -dentro de la legal-, sexo y condici\u00f3n van reconstruyendo las horas tr\u00e1gicas en las que la ciudad es sistem\u00e1ticamente saqueada, incendiada y, en fin, destruida, junto con muchos de sus habitantes, f\u00edsica y moralmente.<\/p>\n<p>Como ocurre siempre con esta clase de documentos -es decir, las informaciones judiciales- su lectura requiere afinar mucho el oficio de historiador para poder llegar a alguna conclusi\u00f3n v\u00e1lida a partir de \u00e9l. Es decir, sacar\u00a0 de ese viejo documento alg\u00fan conocimiento v\u00e1lido, que ayude a entender al menos parte de lo que ocurre en esos d\u00edas de horror. Los que siguen al momento en el que las defensas francesas en los baluartes de San Sebasti\u00e1n ceden a mediod\u00eda del 31 de agosto de 1813.<\/p>\n<p>La mayor\u00eda de los testimonios de esa informaci\u00f3n elaborada por el juez Arizpe, vienen a coincidir en algunas cuestiones. Por ejemplo, la hora y el lugar donde empiezan los desmanes de algunos oficiales y muchos soldados angloportugueses. Fue en torno a la una del mediod\u00eda y entre la Plaza de la Constituci\u00f3n -hoy rebautizada de nuevo con su nombre de la \u00e9poca absolutista: \u201cPlaza Nueva\u201d-, la parroquia de San Vicente y la calle 31 de agosto -en aquel entonces llamada de la Trinidad- pegante al monte Urgull donde se estructura hasta el 5 de septiembre el \u00faltimo n\u00facleo de resistencia francesa.<\/p>\n<p>Otros testimonios, como suele ser habitual en esta clase de documentos, divergen y cuentan versiones distintas de los mismos hechos. Es algo perfectamente\u00a0 natural y bien conocido por historiadores, antrop\u00f3logos, soci\u00f3logos&#8230; Incluso tiene nombre. Se le ha llamado \u201cefecto Rashomon\u201d, en honor a la pel\u00edcula de Akira Kurosawa de ese mismo t\u00edtulo, \u201cRashomon\u201d, en la que cuatro testigos diferentes dan cuatro versiones divergentes sobre un mismo hecho: un asesinato de lo m\u00e1s s\u00f3rdido en el Jap\u00f3n que se ha llamado \u201cfeudal\u201d.<\/p>\n<p>Ninguna de las versiones que vemos en \u201cRashomon\u201d es enteramente falsa ni enteramente verdadera. Cada testigo cuenta la verdad que \u00e9l o ella ha visto desde su perspectiva, desde su punto de vista, incluso desde unos prejuicios tan arraigados que quien los padece ni siquiera es consciente de ellos.<\/p>\n<p>La conclusi\u00f3n racional a la que parecen querer llevarnos Kurosawa primero y algunos historiadores que han reflexionado sobre la cuesti\u00f3n despu\u00e9s, es que la verdad m\u00e1s aproximada sobre un hecho jam\u00e1s puede reconstruirse a trav\u00e9s de un \u00fanico testimonio aislado. Algo que sab\u00edan muy bien los jueces de 1813 y de, como poco, los tres siglos anteriores, que exig\u00edan, como m\u00ednimo, dos testimonios diferentes para que fueran dados por v\u00e1lidos como prueba en un juicio y ellos empezasen a considerar el asunto en serio y no lo desestimasen bajo la categor\u00eda de \u201clitigio temerario\u201d.<\/p>\n<p>En el campo de la Historia hay ejemplos magn\u00edficos, que advierten del cuidado con el que es preciso manejar fuentes como la instruida por el juez Arizpe en 1813 para llegar a ese m\u00ednimo de verdad hist\u00f3rica, de conocimiento hist\u00f3rico v\u00e1lido, que es el que buscan, por supuesto, los historiadores y todos los interesados en la Historia.<\/p>\n<p>Es el caso de \u201cLos cristianos de Al\u00e1\u201d. Un estudio hist\u00f3rico en el que Bartolom\u00e9 y Lucille Benassar -\u00e9l uno de los m\u00e1s prestigiosos hispanistas franceses- tratan de reconstruir estad\u00edsticamente, y por otros medios, la vida de los miles de cristianos que, entre el siglo XVI y el XVIII, caen en manos de corsarios al servicio de las potencias isl\u00e1micas asentada en el Norte de \u00c1frica y, por muy distintas razones, deciden\u00a0 abjurar\u00a0 del Cristianismo. Algo de lo que tendr\u00e1n que dar cuenta ante las distintas Inquisiciones -francesa, espa\u00f1ola, italianas&#8230;- cuando regresen a esta orilla del Mediterr\u00e1neo obligados por la fuerza, por pura casualidad o, incluso, por voluntad propia&#8230;<\/p>\n<p><a href=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/08\/Ell-allcallde-inicia-la-lectura.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-513\" title=\"El alcalde de Donostia-San Sebasti\u00e1n inicia la lectura de los 79 testimonios (25-08-2013). Foto del autor\" src=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/08\/Ell-allcallde-inicia-la-lectura.jpg\" alt=\"\" width=\"297\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/08\/Ell-allcallde-inicia-la-lectura.jpg 418w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/08\/Ell-allcallde-inicia-la-lectura-297x300.jpg 297w\" sizes=\"(max-width: 297px) 100vw, 297px\" \/><\/a><\/p>\n<p>El conjunto de ese trabajo es un magn\u00edfico mosaico de eso que ahora se llama \u201cexperiencias vitales\u201d y que hacen casi infinitas las razones que explicaban las razones por las que un buen cat\u00f3lico franc\u00e9s, espa\u00f1ol, italiano&#8230; de aquellos siglos renegaba de su fe y se hac\u00eda musulm\u00e1n. Desde admiraci\u00f3n por aspectos de la religi\u00f3n mahometana -no representar f\u00edsicamente las cosas sagradas, por ejemplo-, m\u00f3viles sexuales tirando a s\u00f3rdidos, disimular para encontrar la oportunidad de fugarse a territorio cristiano y\u00a0 otras&#8230;<\/p>\n<p>En cualquier caso \u201cLos cristianos de Al\u00e1\u201d es toda una ejemplar lecci\u00f3n de Historia sobre c\u00f3mo deben manejarse fuentes como la que cre\u00f3 el juez Arizpe en octubre de 1813. Una lecci\u00f3n a la que se pueden a\u00f1adir muchas otras.<\/p>\n<p>La primera, por ejemplo, que la lectura simple -y parcial- de un documento de hace doscientos a\u00f1os informa s\u00f3lo muy relativamente de un hecho. Se trata, en efecto, tan s\u00f3lo del testimonio de un grupo de personas que, por extenso que\u00a0 sea, no puede abarcar la experiencia vivida en esos mismos momentos por otros cientos o miles de personas en el radio de acci\u00f3n de esos hechos. Es preciso, como sabe cualquier historiador, contrastar ese documento con muchos otros -tantos como sea posible- para poder saber con m\u00e1s exactitud -y veracidad- qu\u00e9 ocurri\u00f3 en determinado lugar y momento de la Historia. Es lo que se llama \u201cautentificar\u201d un documento, un proceso muy similar al que se usa en otras ciencias antes de dar por v\u00e1lido un experimento, o presentar en sociedad una nueva teor\u00eda.<\/p>\n<p>En el caso de la instrucci\u00f3n del juez Arizpe, las observaciones de <em>sir<\/em> William Napier, oficial del Estado Mayor brit\u00e1nico vertidas en su \u201cHistoria de la Guerra peninsular\u201d -vieja conocida de los lectores de esta serie-, son verdaderamente valiosas.<\/p>\n<p>En efecto, <em>sir <\/em>William corrobora en su obra, cuando habla de la destrucci\u00f3n de San Sebasti\u00e1n, aquello en lo que est\u00e1n de acuerdo la mayor\u00eda de los testigos de Arizpe: que las tropas bajo mando de Napier y el de otros oficiales brit\u00e1nicos y portugueses, destruyen deliberadamente la ciudad, incendi\u00e1ndola, e infligiendo a sus habitantes supervivientes toda\u00a0 clase de vejaciones f\u00edsicas y morales, matando a\u00a0 muchos\u00a0 de ellos,\u00a0 actuando de un modo tan inexcusable como indigno de gentes civilizadas. Hasta el punto de que muchos de sus compa\u00f1eros hablan de los protagonistas de esa ordal\u00eda con desprecio y compasi\u00f3n hacia las v\u00edctimas de esos desmanes.<\/p>\n<p>As\u00ed se corrobora, con ese contraste entre las palabras de las v\u00edctimas y las de uno de los mandos de los autores materiales de aquellos hechos, la autenticidad, la fiabilidad, de lo que a ese respecto dicen, con diferentes matices, esos 79 testigos.<\/p>\n<p>Otros aspectos de ese documento elaborado por el juez Arizpe no tienen la misma suerte. No hay, por el momento, otras fuentes documentales, que corroboren algunos de los testimonios vertidos en esa informaci\u00f3n judicial. Es lo que ocurre, por\u00a0 ejemplo, con la hoy pol\u00e9mica cuesti\u00f3n de si realmente el general en jefe del Cuarto Ej\u00e9rcito espa\u00f1ol, el portugalujo Francisco Xavier de Casta\u00f1os y Aragorri, hab\u00eda dado \u00f3rdenes de pasar a sangre y fuego la ciudad una vez fuera tomada por asalto.<\/p>\n<p>En ese caso, reflejado en una peque\u00f1a parte de la instrucci\u00f3n ordenada por Arizpe, no hay, en efecto, documentaci\u00f3n disponible que corrobore -como ocurr\u00eda en el caso anterior- esas menos de diez declaraciones -de un total de 79-\u00a0 en las que algunos donostiarras se hacen eco de cierto rumor que corre incluso antes del incendio de la\u00a0 ciudad. El que dec\u00eda que ese general, Francisco Xavier de Casta\u00f1os y Aragorri, hab\u00eda dado orden de pasar a sangre y fuego la ciudad. Afirmaci\u00f3n hecha por varios soldados portugueses y brit\u00e1nicos que alguno de los testigos de Arizpe, caso del\u00a0 n\u00famero 3, el presb\u00edtero de San\u00a0 Vicente y\u00a0 Santa\u00a0 Mar\u00eda,\u00a0 rechazan\u00a0 como \u201cabsurda\u00a0 especie\u201d con la\u00a0 que aquella soldadesca desmandada trataba de justificar lo que estaba haciendo. Un\u00a0 testimonio al que, curiosamente, no se dio ning\u00fan relieve en la lectura de este domingo organizada por la asociaci\u00f3n \u201cDonostia Sutan\u201c -\u201cSan\u00a0 Sebasti\u00e1n\u00a0 en\u00a0 llamas\u201d,\u00a0 para los que nos leen m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras del euskera-, insistiendo en la m\u00e1s que supuesta responsabilidad del general Casta\u00f1os de un modo casi enfermizo y, desde luego, muy poco de acuerdo con los m\u00e9todos de investigaci\u00f3n y divulgaci\u00f3n de ese conjunto de hechos que, normalmente, llamamos \u201cHistoria\u201d.<\/p>\n<p>En efecto, otros documentos disponibles en torno a la conducta del citado\u00a0 general -alguno de ellos ya publicado en el n\u00famero V de esta serie- muestran a un oficial al entero servicio de las autoridades publicas del territorio guip\u00fazcoano reci\u00e9n liberado de la dominaci\u00f3n napole\u00f3nica. Uno en el que por su parte no tomar\u00e1 ninguna clase de represalias que pudi\u00e9ramos definir como \u201cpol\u00edticas\u201d, a pesar de estar plagado, ese territorio reci\u00e9n liberado, de colaboracionistas -caso de Azpeitia y Tolosa- y de otros personajes con conductas pol\u00edticas -de total afinidad con la revoluci\u00f3n francesa de 1789 y la espa\u00f1ola de 1808- que al citado general Casta\u00f1os, como saben quienes lo han estudiado, le entusiasmaban tan poco como lo mucho que irritaban a su buen amigo <em>mylord <\/em>Wellington.<\/p>\n<p>Son s\u00f3lo un par de ejemplos sobre el exquisito cuidado que se debe poner a la hora de transmitir \u201cHistoria\u201d a un p\u00fablico no especializado, tal y como ocurri\u00f3 en San Sebasti\u00e1n este \u00faltimo domingo, cuando se pretendi\u00f3 -seg\u00fan todos los indicios- que una simple lectura -parcial y muy sesgada- de un \u00fanico documento ilustrase algo sobre esos hechos hist\u00f3ricos de la pen\u00faltima campa\u00f1a de las guerras napole\u00f3nicas, menos conocidos de lo que su importancia real exigir\u00eda.<\/p>\n<p>La intenci\u00f3n de lecturas como esa puede ser buena, pero el resultado dudoso, por todo lo dicho hasta ahora y m\u00e1s dudoso a\u00fan si tras ejercicios como ese hay alg\u00fan ajuste de cuentas pol\u00edtico con un pasado que nada sab\u00eda de cuestiones tales como un m\u00e1s que supuesto enfrentamiento entre \u201cvascos\u201d y espa\u00f1oles\u201d a comienzos del siglo XIX con las guerras napole\u00f3nicas como tel\u00f3n de fondo. Ideas pol\u00edticas tan ajenas a los habitantes del a\u00f1o 1813 como conceptos tales como \u201cmotor de explosi\u00f3n\u201d o, por s\u00f3lo poner un ejemplo m\u00e1s, \u201ccohete interplanetario\u201d.<\/p>\n<p><a href=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/08\/Copia-de-Tropas-brit\u00e1nicas-tomando-San-Sebasti\u00e1n.-Detalle-oficia-con-redingote-azull.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-514\" title=\"Tropas brit\u00e1nicas tomando San Sebasti\u00e1n (31-08-1813),  grabado  para la obra \"Martial Achievements of Great Britain\" src=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/08\/Copia-de-Tropas-brit\u00e1nicas-tomando-San-Sebasti\u00e1n.-Detalle-oficia-con-redingote-azull-274x300.jpg\" alt=\"\" width=\"274\" height=\"300\" \/><\/a><\/p>\n<p>As\u00ed las cosas, realmente no se deber\u00eda invertir dinero p\u00fablico, ni alentar desde instituciones p\u00fablicas, un manejo tan burdo, tan poco profesional, de una cuesti\u00f3n tan delicada como lo es el estudio y la transmisi\u00f3n de la Historia como el que se escenific\u00f3\u00a0 este domingo 25 de agosto de 2013 en algunas calles de la Parte Vieja donostiarra, reduciendo un episodio clave en las guerras napole\u00f3nicas -la batalla de San Sebasti\u00e1n y todas sus espantosas consecuencias- a un relato alterado de tal modo que cualquiera de los muchos especialistas en esa materia -las guerras napole\u00f3nicas-, tan seguida a nivel mundial, lo encontrar\u00eda, en el mejor de los casos, risible, por no usar otros t\u00e9rminos m\u00e1s contundentes.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Ayer mismo, el domingo 25 de agosto de 2013, se procedi\u00f3 en las calles de San Sebasti\u00e1n a la lectura de un documento hist\u00f3rico que en unos meses cumplir\u00e1 la venerable cifra de dos siglos de antig\u00fcedad. 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