{"id":5279,"date":"2026-02-02T11:30:24","date_gmt":"2026-02-02T10:30:24","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=5279"},"modified":"2026-02-02T11:37:26","modified_gmt":"2026-02-02T10:37:26","slug":"el-dia-que-el-tamesis-quedo-helado-henry-purcell-y-el-gran-invierno-1684-1691","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2026\/02\/02\/el-dia-que-el-tamesis-quedo-helado-henry-purcell-y-el-gran-invierno-1684-1691\/","title":{"rendered":"El d\u00eda que el T\u00e1mesis qued\u00f3 helado. Henry Purcell y el Gran Invierno (1684-1691)"},"content":{"rendered":"<p class=\"western\"><b>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/b><\/p>\n<p class=\"western\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 14pt;\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-5280\" title=\"Feria sobre el T\u00e1mesis helado. Artista desconocido (c. 1685). Centro de Arte Brit\u00e1nico de Yale\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2026\/02\/Feria-sobre-el-Tamesis-helado-en-1685.-Por-Thomas-Wyke-detalle-300x273.jpg\" alt=\"\" width=\"387\" height=\"352\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2026\/02\/Feria-sobre-el-Tamesis-helado-en-1685.-Por-Thomas-Wyke-detalle-300x273.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2026\/02\/Feria-sobre-el-Tamesis-helado-en-1685.-Por-Thomas-Wyke-detalle.jpg 535w\" sizes=\"(max-width: 387px) 100vw, 387px\" \/>En estos d\u00edas en los que vivimos lo m\u00e1s crudo de un invierno que nos parece realmente crudo, resulta dif\u00edcil, para el historiador, no evocar otros que fueron m\u00e1s crueles en un continente ya de por s\u00ed tan fr\u00edo como Europa. Hubo, en efecto, otros inviernos peores durante la llamada \u201cPeque\u00f1a Edad de Hielo\u201d que fue, m\u00e1s o menos, del a\u00f1o 1200 al 1850. O al 1890 seg\u00fan otras versiones.<\/span><\/p>\n<p class=\"western\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 14pt;\">As\u00ed es. En esos siglos que van de la Edad Media a la Edad Contempor\u00e1nea, se dieron inviernos verdaderamente fr\u00edos, que hacen parecer lo que estamos viendo ahora, en Estados Unidos o en el Norte de Europa, simples bagatelas si lo comparamos con un invierno incluso normal para los europeos -pongamos por caso- de finales del siglo XVII, que vieron tormentas polares y fr\u00edos mucho peores en el momento \u00e1lgido de esa Peque\u00f1a Edad de Hielo.<\/span><\/p>\n<p class=\"western\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 14pt;\">Algunos de esos europeos dejaron plasmados esos excesos en curiosas obras de Arte. En Pintura por ejemplo Abraham Hondius, un artista barroco holand\u00e9s que trabajar\u00e1 fundamentalmente en Londres, pintar\u00e1 una de las \u201cFrost Fairs\u201d que tiene lugar all\u00ed durante esos crudos inviernos, en los que se aprovechaba que parte del T\u00e1mesis se helaba para improvisar una feria, una especie de mercadillo, sobre aquella banquisa fluvial donde acud\u00edan los londinenses a entretener sus ocios mientras la capital inglesa se helaba bajo esos duros inviernos.<\/span><\/p>\n<p class=\"western\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 14pt;\">El cuadro de Hondius, hoy en el Museo de Londres, est\u00e1 fechado en el a\u00f1o 1684 y refleja muy bien hasta qu\u00e9 punto el r\u00edo T\u00e1mesis quedaba helado, convertido en una superficie s\u00f3lida sobre la que algunos atrevidos magnates ingleses marchaban incluso con sus coches de caballos.<\/span><\/p>\n<p class=\"western\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 14pt;\">Thomas Wyke ser\u00e1 otro de los artistas que pintar\u00e1 una escena parecida fechada en el invierno de 1684, con un T\u00e1mesis helado donde algunos pasean, otros curiosean entre los tenderetes levantados sobre la masa de agua helada y, en general, parecen divertirse dentro de lo posible en esas fechas invernales de car\u00e1cter festivo. <\/span><\/p>\n<p class=\"western\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 14pt;\">Realmente estas im\u00e1genes llaman mucho la atenci\u00f3n sobre nuestros antepasados, pues, m\u00e1s all\u00e1 de la diversi\u00f3n circunstancial en esa feria de 1684, los registros dicen que ese temporal de fr\u00edo caus\u00f3 numerosos problemas desde Francia hasta el Norte de Europa, dificultando el comercio, cerrando puertos&#8230;<\/span><\/p>\n<p class=\"western\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 14pt;\">Aun as\u00ed, cada a\u00f1o en el que el tiempo lo permit\u00eda, en Londres siguieron celebr\u00e1ndose esas ferias y quedaron plasmadas en obras de Arte (por menores que las podamos considerar hoy) como los cuadros de Hondius o de Wyke. As\u00ed ser\u00eda hasta el a\u00f1o 1814. Cuando se celebr\u00f3 la \u00faltima de esas fer\u00edas \u201cheladas\u201d que ya no fueron posibles no tanto por la suavizaci\u00f3n del clima -para eso habr\u00eda que esperar hasta 1890- como por la demolici\u00f3n del Puente Viejo de Londres que dejar\u00eda correr las aguas del T\u00e1mesis con m\u00e1s rapidez, dificultando el punto de congelaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p class=\"western\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 14pt;\">Pero hasta que ese momento lleg\u00f3, el T\u00e1mesis sigui\u00f3 hel\u00e1ndose y las ferias celebr\u00e1ndose. Y todo aquello inspir\u00f3 a m\u00e1s artistas al parecer.<\/span><\/p>\n<p class=\"western\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 14pt;\">No s\u00f3lo a pintores sino tambi\u00e9n a compositores. Henry Purcell uno de los m\u00e1s renombrados m\u00fasicos barrocos, estrenar\u00eda en 1691 una peque\u00f1a \u00f3pera, \u201cEl rey Arturo\u201d, en la que una de las partes m\u00e1s celebradas ser\u00eda el aria \u201cWhat Power Art Thou\u201d donde un personaje, descrito como el Genio del Fr\u00edo, canta unos versos que recuerdan esos d\u00edas de terribles bajas temperaturas que se vivieron en la Europa de aquella \u00e9poca y, en especial, en una Inglaterra del Sur donde un gran r\u00edo, como el T\u00e1mesis, se helaba casi cada invierno.<\/span><\/p>\n<p class=\"western\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 14pt;\">Se dice que eso, el recuerdo de ese tiempo g\u00e9lido, es el que inspir\u00f3 en 1684 los versos del libreto de esa \u00f3pera a John Dryden, poeta laureado de Inglaterra. (Pues ese era su t\u00edtulo oficial hasta que la revoluci\u00f3n de 1688 lo destituy\u00f3 por su Catolicismo recalcitrante).<\/span><\/p>\n<p class=\"western\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 14pt;\">Las palabras que Dryden pone en boca del Genio del Fr\u00edo son realmente elocuentes respecto a lo que pod\u00eda haber en la mente del poeta laureado cuando escrib\u00eda esa parte de la obra. Esas estr\u00f3fas dicen as\u00ed en una traducci\u00f3n aproximada de aquel ingl\u00e9s l\u00edrico de finales del siglo XVII: \u201c<i>\u00bfCu\u00e1l es tu poder, que desde lo hondo\/Me has hecho alzarme indeseada y lentamente\/ Desde lechos de nieve eterna?\/\u00bfAcaso no ves t\u00fa cuan agarrotado e increiblemente viejo <\/i><i>me encuentro<\/i><i>\/Lejos de poder soportar el amargo fr\u00edo,\/Que a duras penas puedo moverme o respirar?\/D\u00e9jame, d\u00e9jame helarme hasta la muerte otra vez<\/i>\u201d.<\/span><\/p>\n<p class=\"western\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 14pt;\">M\u00e1s all\u00e1 de la rima, es evidente que John Dryden deb\u00eda tener en mente el recuerdo reciente del fr\u00edo atroz del Gran Invierno de 1684 cuando escrib\u00eda esos versos.<\/span><\/p>\n<p class=\"western\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 14pt;\">Henry Purcell, unos seis a\u00f1os despu\u00e9s, pondr\u00eda M\u00fasica, y ritmo, a esas palabras que hablaban de un fr\u00edo cruel, que hac\u00eda congelarse hasta la muerte. Es preciso escuchar al menos esa parte de la \u00f3pera \u201cEl rey Arturo\u201d para comprender tambi\u00e9n c\u00f3mo Purcell comprendia perfectamente de qu\u00e9 estaba hablando John Dryden al hablar de <i>esa <\/i>clase de fr\u00edo helador.<\/span><\/p>\n<p class=\"western\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 14pt;\">Usar\u00e1 as\u00ed el m\u00fasico un lento arpegio de instrumentos de cuerda que acompa\u00f1a a un recitado vacilante, entrecortado, en<i> stac<\/i><i>c<\/i><i>ato<\/i>, de esas estrofas donde el Genio del Fr\u00edo, en efecto, parece estar muriendo lentamente a causa de las bajas temperaturas que van robando el aliento de un cuerpo que se queda r\u00edgido, casi incapaz de moverse o de respirar\u2026<\/span><\/p>\n<p class=\"western\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 14pt;\">No deja de ser curioso que esos dos artistas, Dryden y Purcell, plasmasen con tanta exactitud esas sensaciones que deb\u00edan haber experimentado ambos en el invierno de 1684, mostrando as\u00ed la otra cara de lo que se puede ver en cuadros como los de Abraham Hondius o Thomas Wyke, en los que predomina, aun en medio de esa atm\u00f3sfera g\u00e9lida, una vitalidad y un deseo de vivir que choca con ese mortecino personaje de una \u00f3pera, escrita y estrenada muy cerca de aquello d\u00edas del Gran Inviero de 1683 a 1684, y que, sin embargo, tuvo un gran \u00e9xito entre el p\u00fablico.<\/span><\/p>\n<p class=\"western\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 14pt;\">En Londres, que se sepa, no volvi\u00f3 ese mortal y destructor fr\u00edo hasta el a\u00f1o 1716 en el que se registr\u00f3 otra de esas ferias sobre el hielo del T\u00e1mesis. Al otro lado del Canal, sin embargo, dieciocho a\u00f1os despu\u00e9s del estreno de la \u00f3pera de Purcell, en 1709, el fr\u00edo mortal no s\u00f3lo parti\u00f3 \u00e1rboles por la mitad con la helada o mat\u00f3 animales, aves, plantas\u2026, sino que entr\u00f3 hasta lo m\u00e1s rec\u00f3ndito del palacio de Versalles.<\/span><\/p>\n<p class=\"western\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 14pt;\">Testimonios de personas de aquella Corte, como el duque de Saint-Simon o la Princesa palatina, hablan de un fr\u00edo atroz que hiela incluso hasta la tinta, los perfumes y las bebidas alcoh\u00f3licas, que recluye en sus apartamentos a la mujer de Luis XIV, que consume madera r\u00e1pidamente para mantener encendidas unas chimeneas que apenas logran calentar las estancias reales y el resto del Palacio y que destruye \u00e1rboles, incluso los olivos del Sur de Francia, mata animales y aves en el campo por el solo contacto de ese fr\u00edo que tan bien describ\u00edan los versos de Dryden y la M\u00fasica de Purcell en 1691.<\/span><\/p>\n<p class=\"western\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 14pt;\">Se habla tambi\u00e9n en esas cr\u00f3nicas de r\u00edos como el Sena helados no s\u00f3lo en un punto como el T\u00e1mesis, sino hasta su desembocadura y de unas orillas del mar tambi\u00e9n heladas. Y todo ello cuando se llegaba al octavo a\u00f1o de la Guerra de Sucesi\u00f3n espa\u00f1ola en la que estaba enfangada una Francia que, desde el comienzo del largo reinado de Luis XIV, hab\u00eda ido de una guerra a otra desgast\u00e1ndose lentamente, sin obtener demasiados beneficios y aumentando numerosos problemas. Como se dej\u00f3 notar en la mesa de negociaciones de Ryswick en 1697, donde los espa\u00f1oles y sus aliados hab\u00edan visto a los emisarios del Rey Sol pr\u00e1cticamente rendirse sin condiciones, moviendo hilos para que Espa\u00f1a cambiase de bando y se alinease con esa Francia que, aun sin ese fr\u00edo mortal, los desastres de la guerra iban destruyendo, sin prisa pero sin pausa. <\/span><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 14pt;\">Donde el hambre era habitual y llevaba incluso al canibalismo con los cad\u00e1veres de los m\u00e1s afortunados. Es decir: de aquellos que hab\u00edan muerto a causa de la hambruna y de la miseria generada por un pa\u00eds que pr\u00e1cticamente invert\u00eda todos sus recursos en unos ej\u00e9rcitos que apenas manten\u00edan a tantos enemigos fuera de sus fronteras. <\/span><\/p>\n<p class=\"western\"><span style=\"font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 14pt;\">Sin duda, por mucho fr\u00edo que nos parezca haber sentido este invierno de 2025 a 2026, comparado con esos \u201cGrandes Inviernos\u201d de la Europa barroca, casi podemos considerarnos afortunados. Al menos de momento, entre una Peque\u00f1a Edad de Hielo y otra que algunos ya auguran. Como parece confirmarlo la nieve que, en los \u00faltimos a\u00f1os, llega normalmente cada invierno ya casi hasta la mitad de un pa\u00eds del Sur de Europa como Espa\u00f1a&#8230;<\/span><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 En estos d\u00edas en los que vivimos lo m\u00e1s crudo de un invierno que nos parece realmente crudo, resulta dif\u00edcil, para el historiador, no evocar otros que fueron m\u00e1s crueles en un continente ya de por s\u00ed tan fr\u00edo como Europa. 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