{"id":562,"date":"2013-10-21T11:44:13","date_gmt":"2013-10-21T09:44:13","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=562"},"modified":"2019-08-26T10:00:24","modified_gmt":"2019-08-26T08:00:24","slug":"europako-tiranoa-akabatu-abajo-el-tirano-de-europa-por-que-luchabamos-hace-dos-siglos-leipzig-1813-2013","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2013\/10\/21\/europako-tiranoa-akabatu-abajo-el-tirano-de-europa-por-que-luchabamos-hace-dos-siglos-leipzig-1813-2013\/","title":{"rendered":"Europako Tiranoa akabatu!. \u00a1Abajo el Tirano de Europa!. \u00bfPor qu\u00e9 luch\u00e1bamos hace dos siglos? (Leipzig, 1813-2013)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p>No ha tenido mucho eco en la prensa, pero ah\u00ed ha estado. Ha ocurrido en Leipzig una bella, seg\u00fan me han dicho, ciudad alemana de lo que una vez fue esa contradicci\u00f3n en t\u00e9rminos, aquel estado policiaco que, sin embargo, insist\u00eda en llamarse, y ser llamado, rep\u00fablica <em>democr\u00e1tica<\/em> alemana. Lo que m\u00e1s vulgarmente se conoc\u00eda hasta el oto\u00f1o de 1989 como RDA o Alemania del Este.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/10\/Gran-plaza-de-Leizpig-estado-mmayr-d-ellos-tres-emperadores.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-563\" title=\"Gran Plaza de Leipzig, estado mayor de los aliados. Grabado para la obra \" src=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/10\/Gran-plaza-de-Leizpig-estado-mmayr-d-ellos-tres-emperadores.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"210\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/10\/Gran-plaza-de-Leizpig-estado-mmayr-d-ellos-tres-emperadores.jpg 456w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/10\/Gran-plaza-de-Leizpig-estado-mmayr-d-ellos-tres-emperadores-300x211.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Esa ciudad, Leipzig, fue el h\u00e1bitat natural de uno de los mayores pensadores europeos, Gottfried Wilhelm Leibniz. Empelucado caballero digno de la corte del rey sol, que dedic\u00f3 su vida, entre finales del siglo XVII y principios del XVIII, al c\u00e1lculo infinitesimal, a las m\u00e1quinas de calcular, a educar princesas y, entre otras cosas, a determinar que este Mundo, con todos sus horrores e injusticias -quiz\u00e1s m\u00e1s en 1693 que en 2013-, era el mejor de los mundos posibles, pues en la mente de Dios no exist\u00eda la posibilidad de crear un mundo complejo con menos contradicciones y sinsentidos aparentes vistos desde la corta perspectiva humana. Algo que a muchos les pareci\u00f3 de lo m\u00e1s conveniente y convincente y a otro, un tal Voltaire, le dio combustible para su corrosiva pluma, creando una caricatura del eminente Leibniz llamada doctor Pangloss, que no hac\u00eda m\u00e1s que repetir esa m\u00e1xima tan rotunda sobre \u201cel mejor de los mundos posibles\u201d mientras era gravemente vapuleado all\u00ed por donde pasaba.<\/p>\n<p>Aparte de eso, algunos a\u00f1os despu\u00e9s de que ambos fil\u00f3sofos dejasen ese mundo perfecto para uno y bastante malvado y absurdo para el otro, tuvo lugar en Leipzig una espectacular batalla que ha sido reconstruida a lo largo de esta semana con bastante estruendo, reuniendo cerca de 6000 participantes en el evento. Entre ellos algunos del regimiento napole\u00f3nico 34 de l\u00ednea de Tolosa.<\/p>\n<p>El asunto en cuesti\u00f3n, esa batalla, tuvo lugar entre el 16 y el 19 de octubre del a\u00f1o 1813. Es decir, ahora mismo hace dos siglos, d\u00eda arriba, d\u00eda abajo.<\/p>\n<p>Aquella batalla fue importante porque, al fin, los imperios del Este de Europa, el ruso y, sobre todo, el prusiano y el austr\u00edaco, lograron sacudirse de encima el pesado manto de miedo que les hab\u00eda oprimido desde la victoria de Wagram con la que Bonaparte se convierte en\u00a0 \u00e1rbitro de Europa hasta, al menos, el oto\u00f1o de 1812, cuando deja en evidencia su debilidad tras la desastrosa campa\u00f1a rusa en la que pierde lo m\u00e1s granado de sus ej\u00e9rcitos.<\/p>\n<p>En efecto, la llamada \u201cbatalla de las naciones\u201d en Leipzig confirm\u00f3 lo que todos sospechaban y tem\u00edan no fuera cierto: que Napole\u00f3n, el gran genio militar, estaba acabado, que era posible derribarlo de su pedestal.<\/p>\n<p>El vitri\u00f3lico canciller Metternich se lo dijo claramente cuando el emperador se entrevist\u00f3 con \u00e9l en el verano de 1813, para tratar de convencerle de que en Espa\u00f1a no hab\u00eda novedades dignas de menci\u00f3n y de que sus dos victorias en L\u00fctzen y Bautzen eran tan s\u00f3lidas como las de Marengo, Austerlitz, Wagram&#8230;<\/p>\n<p>Nuestro colega historiador Dominique de Villepin -lamentablemente m\u00e1s conocido por sus agarradas pol\u00edticas con el marido de Carla Bruni- lo recoge muy bien en su obra \u201cLa chute\u201d, que trata, precisamente, sobre la ca\u00edda del imperio napole\u00f3nico.<\/p>\n<p>Describe Villepin en ese libro una venenosa reuni\u00f3n entre el emperador y el canciller austr\u00edaco el 26 de junio de 1813, en la que Bonaparte trata de asegurarse de que los austr\u00edacos no se sumaran a la coalici\u00f3n de prusianos y rusos. Los argumentos que utilizar\u00e1 son desde\u00f1ados por Metternich con un lenguaje tan agudo como despectivo. Seg\u00fan parece, cuando Napole\u00f3n alarde\u00f3 de sus victorias recientes, el canciller austr\u00edaco le se\u00f1alar\u00e1 que ha visto a sus bravos soldados y no son nada m\u00e1s que adolescentes. Es decir, los \u00faltimos hombres vivos en Francia capaces de portar un mosquete y formar en l\u00ednea de batalla. Unos efectivos que, cuando desapareciesen en los sucesivos enfrentamientos que se arriesga a mantener Napole\u00f3n, no podr\u00e1n ser reemplazados&#8230; Cr\u00edtica situaci\u00f3n que Metternich dejar\u00e1 a\u00fan m\u00e1s clara a un cada vez m\u00e1s disgustado Napole\u00f3n, se\u00f1al\u00e1ndole, al despedirse, estas contundentes palabras: \u201cEst\u00e1is perdido, Sire, lo he presentido al llegar y ahora, al dejaros, me voy convencido\u201d&#8230;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-564\" title=\"Archivo Municipal de Urretxu. Fragmento de la hoja de servicios de Gaspar de Jauregui donde se indica su entrada en territorio imperial franc\u00e9s en 1813\" src=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/10\/Gaspar-deJauregui-5.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"239\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/10\/Gaspar-deJauregui-5.jpg 614w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/10\/Gaspar-deJauregui-5-300x240.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/p>\n<p>Una convicci\u00f3n que, como nos cuenta el mismo Villepin, Napole\u00f3n no quiso asumir, desoyendo a todos los que en su entorno le pidieron que reconociera su cr\u00edtica situaci\u00f3n y buscase un acuerdo pac\u00edfico. Cosa que, por supuesto, no hizo, repartiendo, como ten\u00eda por costumbre, desd\u00e9n y malas palabras a todos los que le suger\u00edan tal cosa, incluso a sus oficiales de mayor confianza.<\/p>\n<p>Todo eso desemboc\u00f3 en esa monumental batalla que se ha reconstruido con todo lujo de detalles, al parecer, esta \u00faltima semana. Una en la que, del 16 al 19 de octubre de 1813, Napole\u00f3n pudo convencerse de la certeza de las palabras de Metternich al enfrentarse a la aplastante superioridad de tres grandes ej\u00e9rcitos -ruso, prusiano y austr\u00edaco- con sus cada vez m\u00e1s mermadas e irremplazables fuerzas.<\/p>\n<p>Otra de las hecatombes habituales en la Historia de Napole\u00f3n que, sin embargo, ya hab\u00eda podido darse por perdido, o casi, m\u00e1s de un mes antes.<\/p>\n<p>Efectivamente. Es posible que las noticias de lo que ocurr\u00eda en Espa\u00f1a hubiesen sido m\u00e1s o menos interceptadas antes de llegar a manos de los austr\u00edacos, o los rusos, o los prusianos. Sin embargo, Leipzig s\u00f3lo confirmaba y agravaba otros hechos que, ocultos o no, ya hab\u00edan demostrado, de modo bastante contundente, que el imperio flaqueaba, que el pedestal de Napole\u00f3n se resquebrajaba por momentos.<\/p>\n<div>\n<p>En efecto, tropas de la gran coalici\u00f3n contra Napole\u00f3n ya habr\u00edan entrado, seg\u00fan algunos documentos, en el coraz\u00f3n del imperio desde la tarde del 31 de agosto de 1813, tras la batalla de San Marcial en la que el mariscal Soult hab\u00eda perdido su \u00faltima oportunidad de recuperar la arteria vital para el dominio de la Pen\u00ednsula, cazando, adem\u00e1s, al ej\u00e9rcito aliado anglo-hispano-portugu\u00e9s en un terreno de dif\u00edcil maniobra, envolvi\u00e9ndolo entre sus tropas y las guarniciones de San Sebasti\u00e1n y Pamplona.<\/p>\n<p>As\u00ed es. La hoja de servicios del futuro mariscal de campo Gaspar de Jauregui vendr\u00eda a demostrar que desde ese mismo d\u00eda, el 31 de agosto de 1813, se habr\u00eda perseguido a la retaguardia de Soult por parte, al menos, de las tropas guipuzcoanas integradas en el Cuarto Ej\u00e9rcito espa\u00f1ol, hasta las afueras de Bayona. Un bonito n\u00famero de kil\u00f3metros desde la frontera del Bidasoa que, recorridos por tropas aliadas, indicaban que los enemigos del imperio no estaban s\u00f3lo a las puertas, sino que las hab\u00edan abatido y entrado en \u00e9l, mostrando ante los ojos de muchos franceses -me expreso, por supuesto, en t\u00e9rminos de 1813- que tropas espa\u00f1olas -pese a ser casi monoling\u00fces en euskera, las de los batallones guipuzcoanos-, estaban ya hollando suelo imperial, persiguiendo a descargas de fusiler\u00eda a la cada vez m\u00e1s desorganizada y delgada l\u00ednea azul del ej\u00e9rcito de Soult.<\/p>\n<p>Algo que quedar\u00eda confirmado poco despu\u00e9s por lo que el historiador irun\u00e9s Ram\u00f3n Guirao llam\u00f3 en una de sus obras \u201cel paso del Bidasoa\u201d. Emplazamiento fluvial donde, como nos dicen algunas fuentes brit\u00e1nicas de la \u00e9poca, tendr\u00e1 lugar una peque\u00f1a batalla en los vados de ese r\u00edo el 8 de octubre de 1813. Casi diez d\u00edas antes de que empiece la batalla de Leipzig, sellando as\u00ed, ya casi definitivamente, lo que habr\u00eda anunciado esa primera incursi\u00f3n de tropas como las de Jauregui a partir del d\u00eda 31 de agosto.<\/p>\n<p>Hoy puede que no lo percibamos, o que lo hayamos olvidado, pero gracias a hechos como esos, hace doscientos a\u00f1os, miles de hombres, sucios, harapientos, cansados por meses de una dura campa\u00f1a, fam\u00e9licos&#8230;, empezaban a ver cumplido su sue\u00f1o de acabar con el que para ellos hab\u00eda sido el Tirano de Europa, entrando, como una riada, en la guarida de aquel ogro corso, consiguiendo con una verdadera obra maestra de la estrategia y la log\u00edstica -basada en el control de la plaza fuerte de San Sebasti\u00e1n, su bah\u00eda -un detalle que se suele pasar por alto- y el puerto de Pasajes, que los ej\u00e9rcitos vencedores en Leipzig asestasen el golpe definitivo avanzando hacia Par\u00eds.<\/p>\n<p>Gran maniobra realizada desde el Norte y desde el Sur de Francia que, sin embargo, tendr\u00e1 que esperar hasta derrotar la desesperada resistencia -similar a la ofrecida por los nazis en 1945- que los cada vez m\u00e1s ra\u00eddos ej\u00e9rcitos napole\u00f3nicos sostendr\u00e1n hasta abril de 1814.<\/p>\n<p><a href=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/10\/Batallla-de-Leizpig.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-565\" title=\"Batallla de Leipzig. Grabado para la obra \" src=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/10\/Batallla-de-Leizpig.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"179\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/10\/Batallla-de-Leizpig.jpg 640w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/10\/Batallla-de-Leizpig-300x179.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Algo que, sin duda, deber\u00eda ayudarnos a hacernos una idea m\u00e1s exacta de qui\u00e9n era Napole\u00f3n -m\u00e1s all\u00e1 de los cuadros que le pintaba David- y por qu\u00e9 luchaban contra \u00e9l hace dos siglos soldados con apellidos como Jauregui, Mendizabal, Goicoechea&#8230; que no cejaron hasta llegar a las puertas de Toulouse, acorralando a lo que ya eran las \u00faltimas tropas combatientes de un imperio ya desvanecido pero formidable hasta casi ese mismo d\u00eda.<\/p>\n<\/div>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 No ha tenido mucho eco en la prensa, pero ah\u00ed ha estado. Ha ocurrido en Leipzig una bella, seg\u00fan me han dicho, ciudad alemana de lo que una vez fue esa contradicci\u00f3n en t\u00e9rminos, aquel estado policiaco que, sin embargo, insist\u00eda en llamarse, y ser llamado, rep\u00fablica democr\u00e1tica alemana. Lo que [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":56,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[2],"tags":[553,588,896,1130,1168,1216,1696,2250],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/562"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/users\/56"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=562"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/562\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2110,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/562\/revisions\/2110"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=562"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=562"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=562"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}