{"id":575,"date":"2013-11-11T11:30:59","date_gmt":"2013-11-11T09:30:59","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=575"},"modified":"2023-10-20T11:56:03","modified_gmt":"2023-10-20T09:56:03","slug":"la-otra-vida-de-rene-descartes-historia-de-un-mercenario-de-la-guerra-de-los-treinta-anos-1611-1648","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2013\/11\/11\/la-otra-vida-de-rene-descartes-historia-de-un-mercenario-de-la-guerra-de-los-treinta-anos-1611-1648\/","title":{"rendered":"La otra vida de Ren\u00e9 Descartes. Historia de un mercenario de la Guerra de los Treinta A\u00f1os (1618-1648)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p>Este lunes no me extender\u00e9 mucho en lo que les voy a contar. No por alguna raz\u00f3n en especial, sino por la intensidad de la peque\u00f1a historia dentro de la Gran Historia (la que se escribe con \u201cH\u201d may\u00fascula) que quiero contarles.<\/p>\n<p><a href=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/11\/Descartes.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-576\" title=\"Descartes se enfrenta espada en mano con un grupo de ladrones. Grabado de Meunier para la \u201cHistoire populaire des Sciences, Inventions et D\u00e9couvertes depuis les premiers si\u00e8cles jusqu\u00b4a nous jours\u201d (c. 1890). Ejemplar de La colecci\u00f3n Reding\" src=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/11\/Descartes.jpg\" alt=\"\" width=\"239\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/11\/Descartes.jpg 1371w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/11\/Descartes-239x300.jpg 239w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/11\/Descartes-768x962.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/11\/Descartes-817x1024.jpg 817w\" sizes=\"(max-width: 239px) 100vw, 239px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Se trata de alguien que les sonar\u00e1, a la mayor\u00eda, del colegio, del Instituto&#8230; a otros menos de la Universidad: Ren\u00e9 Descartes, autor de algunas inevitables y relativamente famosas f\u00f3rmulas matem\u00e1ticas, b\u00e1sicas para muchas operaciones imprescindibles para nuestra sociedad tecnol\u00f3gica y, tambi\u00e9n, del c\u00e9lebre \u201cDiscurso del M\u00e9todo\u201d. Ese manual sobre la forma correcta de pensar y de interpretar la realidad que nos rodea, resumida en la famosa frase \u201cPienso luego existo\u201d.<\/p>\n<p>Ren\u00e9 Descartes hizo todas estas cosas y, quiz\u00e1s, para los que s\u00f3lo lo conozcan, vagamente, por sus f\u00f3rmulas matem\u00e1ticas o sus pensamientos filos\u00f3ficos, sea una figura tambi\u00e9n vaga, un borroso erudito encorvado sobre libros a veces tan polvorientos como \u00e9l.<\/p>\n<p>La realidad hist\u00f3rica del llamado Descartes no puede ser m\u00e1s diferente. Aquel profundo fil\u00f3sofo conoc\u00eda la realidad de su \u00e9poca -esa que quiso reducir a n\u00fameros- de verdadera primera mano y no desde un oscuro gabinete de erudito.<\/p>\n<p>As\u00ed es, durante muchos a\u00f1os se gan\u00f3 la vida como uno de los miles de mercenarios que combatieron en una de las m\u00e1s feroces guerras que han asolado Europa. La llamada de los Treinta A\u00f1os, que, entre 1618 y 1648, devast\u00f3 la zona central de ese continente.<\/p>\n<p>Podr\u00eda darles muchos datos para que se hicieran una idea de qu\u00e9 fue aquello. O, por ejemplo, mandarles a leer un libro tan cruel como \u201cSimplicius Simplicissimus\u201d -que a algunos les sonar\u00e1 de la serie de televisi\u00f3n que se hizo en los a\u00f1os setenta del siglo pasado- y en el que se plasman, contadas por otro mercenario testigo de los hechos -su autor, Hans Jakob Christoffel von Grimmelshausen- el punto atroz al que se llev\u00f3 aquella guerra entre cat\u00f3licos y protestantes. Sin embargo, s\u00f3lo les recomendar\u00e9, vivamente, que vean \u201cEl \u00faltimo valle\u201d. Una magn\u00edfica pel\u00edcula sobre todo ese asunto, entretenida, como todo lo que protagoniz\u00f3 en su d\u00eda Michael Caine, y donde se describe, con todo lujo de detalles y gui\u00f3n de James Clavell, aquella gloriosa barbaridad de la que <em>monsieur<\/em> Descartes fue testigo y protagonista, formando parte de bandas de soldados no muy diferentes a los que se reflejaron en el \u201cSimplicius\u201d o, m\u00e1s gr\u00e1ficamente, en \u201cEl \u00faltimo valle\u201d.<\/p>\n<p>Adolphe Bitard recogi\u00f3 en un curioso libro -uno de esos tan comunes entre los \u201csavants\u201d franceses de finales del siglo XIX-, \u201cHistoire populaire des Sciences, Inventions et D\u00e9couvertes depuis les premiers si\u00e8cles jusqu\u00b4a nous jours\u201d, una an\u00e9cdota no menos curiosa sobre Ren\u00e9 Descartes que nos ayudar\u00e1 a comprender mejor qui\u00e9n era, en realidad, aquel autor de teoremas matem\u00e1ticos.<\/p>\n<p>Cuenta Bitard que Ren\u00e9 fue destinado a la carrera de las armas por su padre, miembro de la llamada nobleza de toga que, evidentemente, buscaba un mayor rango dentro de ese grupo social dominante a trav\u00e9s de esa dedicaci\u00f3n de su hijo a una de las carreras m\u00e1s respetables de la \u00e9poca: la militar.<\/p>\n<p>Tras un par\u00e9ntesis en el celebre colegio de los jesuitas de La Fl\u00e8che recibiendo, como muchos otros burgueses y nobles franceses, su educaci\u00f3n fundamental, el joven Descartes iniciar\u00e1 una atormentada carrera de jugador en Par\u00eds y, finalmente, seg\u00fan nos dice Bitard, reconvenido por Mersenne, uno de sus antiguos compa\u00f1eros de clase, sobre c\u00f3mo malgastaba sus cualidades, decidir\u00e1 recorrer Europa para sistematizar sus conocimientos. Algo que era m\u00e1s f\u00e1cil de financiar en esos momentos siendo soldado.<\/p>\n<p>Fue as\u00ed como entr\u00f3 en 1616, al servicio del pr\u00edncipe Mauricio de Nassau, que combate al imperio espa\u00f1ol en las provincias rebeldes de los Pa\u00edses Bajos. Desde ese momento, y hasta 1621, Descartes formar\u00e1 en diferentes ej\u00e9rcitos a lo largo de esa primera fase de la guerra que a\u00fan deb\u00eda durar hasta 1648: el del duque de Baviera, el del conde de Bucquoy&#8230;<\/p>\n<p>Tras la muerte de este \u00faltimo en una emboscada, decidir\u00e1 regresar a la vida civil, al menos de momento, ya que en 1628 formar\u00e1 parte de las tropas que asedian La Rochelle. Durante su regreso desde Hamburgo hasta Holanda tras la muerte de su \u00faltimo jefe, Bucquoy, es cuando se producir\u00e1n los hechos que muestran qui\u00e9n era realmente aquel que hoy recordamos, por lo general y simplemente, como matem\u00e1tico y fil\u00f3sofo.<\/p>\n<p>Cuenta Bitard que los marineros del barco en el que navegaba Descartes con su \u00fanico criado, creyeron que ser\u00eda una f\u00e1cil presa a asesinar, a arrojar por la borda y, finalmente, a ser despojado de su equipaje que, tal vez, intu\u00edan rico.<\/p>\n<p>El plan se frustr\u00f3 porque Descartes, actuando con ese m\u00e9todo preciso que lo har\u00eda pasar a la posteridad, convenci\u00f3 r\u00e1pidamente a sus potenciales asesinos y ladrones de que se las ve\u00edan con un soldado veterano, h\u00e1bil con el manejo de la espada desde hac\u00eda a\u00f1os, acostumbrado a matar durante a\u00f1os de combates en el punto m\u00e1s \u00e1lgido de la Guerra de los Treinta A\u00f1os.<\/p>\n<p>Es dif\u00edcil saber si la escena se desarroll\u00f3 seg\u00fan nos lo muestra el grabado de Meunier con el que se ilustra esa parte de la obra de Bitard. Sin embargo, si no fue as\u00ed debi\u00f3 suceder de un modo muy parecido. Desarroll\u00e1ndose todo de acuerdo a lo que un ge\u00f3metra y filosofo de hacia 1630 -en este caso Descartes- llamaba \u201cvida cotidiana\u201d. Un conjunto de circunstancias de novela de capa y espada que hoy d\u00eda nos parecer\u00eda imposible relacionar con un miembro tan respetable de la sociedad como eso que ahora llamamos \u201cun cient\u00edfico\u201d.<\/p>\n<p><a href=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/11\/Copia-2-de-Descartes.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-577\" title=\"Detalle de la imagen anterior\" src=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/11\/Copia-2-de-Descartes.jpg\" alt=\"\" width=\"206\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/11\/Copia-2-de-Descartes.jpg 868w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/11\/Copia-2-de-Descartes-207x300.jpg 207w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/11\/Copia-2-de-Descartes-768x1115.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/11\/Copia-2-de-Descartes-705x1024.jpg 705w\" sizes=\"(max-width: 206px) 100vw, 206px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Algo que, en fin, a pesar de parecer una simple an\u00e9cdota, nos deber\u00eda hacer pensar profundamente sobre la realidad del modo en el que aquel h\u00e1bil espadach\u00edn, Ren\u00e9 Descartes, nos dej\u00f3 escrito en su \u201cDiscurso del M\u00e9todo\u201d. Un libro ideado y redactado, como espero habremos deducido de todo lo dicho hasta aqu\u00ed, a lo largo de muchos a\u00f1os entre tiros, ca\u00f1onazos y estocadas que aquel gran matem\u00e1tico y fil\u00f3sofo repart\u00eda sin apenas pesta\u00f1ear. De un modo tan feroz como cualquier caim\u00e1n de los que pululaban por las tabernas de Par\u00eds haciendo figura de viejos soldados, contrat\u00e1ndose por cuatro \u201csous\u201d como matones y asesinos a sueldo, representando, en fin, el papel de muchos otros en aquella Europa que el historiador Henry Kamen llam\u00f3, con bastante raz\u00f3n, del \u201csiglo de hierro\u201d, y de la que Descartes formaba tambi\u00e9n una parte indivisible. Como matem\u00e1tico, como fil\u00f3sofo, como mercenario&#8230;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Este lunes no me extender\u00e9 mucho en lo que les voy a contar. No por alguna raz\u00f3n en especial, sino por la intensidad de la peque\u00f1a historia dentro de la Gran Historia (la que se escribe con \u201cH\u201d may\u00fascula) que quiero contarles. Se trata de alguien que les sonar\u00e1, a la [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":56,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[2],"tags":[109,148,275,406,1205,1266,1629,1634,1950,1952],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/575"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/users\/56"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=575"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/575\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4018,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/575\/revisions\/4018"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=575"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=575"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=575"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}