{"id":590,"date":"2013-12-09T12:35:29","date_gmt":"2013-12-09T10:35:29","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=590"},"modified":"2013-12-09T12:35:29","modified_gmt":"2013-12-09T10:35:29","slug":"lo-que-se-convierte-en-historia-del-divo-cayo-julio-cesar-a-nelson-mandela-pasando-por-cayo-suetonio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2013\/12\/09\/lo-que-se-convierte-en-historia-del-divo-cayo-julio-cesar-a-nelson-mandela-pasando-por-cayo-suetonio\/","title":{"rendered":"Lo que se convierte en Historia. Del divo Cayo Julio C\u00e9sar a Nelson Mandela pasando por Cayo Suetonio"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p>Cre\u00ed este viernes que la muerte de Nelson Mandela iba a arrumbar, para mejor ocasi\u00f3n, lo que pensaba contar en este correo de la Historia hoy. Veremos que no ha sido as\u00ed, pero antes vayamos con la cuesti\u00f3n de la que ha partido todo lo dem\u00e1s que quer\u00eda contar este lunes.<\/p>\n<p><a href=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/12\/Suetonio-otro-recorte-el-m\u00e1s-n\u00edtido.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-591\" title=\"Portada de la edici\u00f3n en espa\u00f1ol de \"Las vidas de los doce c\u00e9sares\" de Cayo Suetonio (1679). Fuente: Biblioteca de la Diputaci\u00f3n Foral de Gipuzkoa Koldo Mitxelena Kulturunea\" src=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/12\/Suetonio-otro-recorte-el-m\u00e1s-n\u00edtido.jpg\" alt=\"\" width=\"206\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/12\/Suetonio-otro-recorte-el-m\u00e1s-n\u00edtido.jpg 296w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/12\/Suetonio-otro-recorte-el-m\u00e1s-n\u00edtido-206x300.jpg 206w\" sizes=\"(max-width: 206px) 100vw, 206px\" \/><\/a><\/p>\n<p>El origen de este nuevo art\u00edculo estuvo en un oportuno -y tambi\u00e9n esperado- comentario del presidente de esta Asociaci\u00f3n de historiadores guipuzcoanos que se presenta a ustedes cada lunes, de mi mano, en este correo de la Historia.<\/p>\n<p>Recordaba, o m\u00e1s bien puntualizaba, el presidente en ese comentario publicado la semana pasada, que no se pod\u00eda decir, como yo lo hac\u00eda, que Cayo Julio C\u00e9sar fuera, con propiedad, el primer emperador de Roma.<\/p>\n<p>Cierto, y cuando escrib\u00ed eso ya sab\u00eda que hab\u00eda grandes probabilidades de que alguien se\u00f1alase ese detalle y nos hiciera acabar aqu\u00ed, en el punto en el que ahora nos encontramos. Es decir, sacando a relucir, otra vez, la cuesti\u00f3n de si Cayo Julio C\u00e9sar es o no es la persona desde la que hay que empezar a contar el n\u00famero de los emperadores de Roma.<\/p>\n<p>Los historiadores que opinan que no, son muchos y basan su postura en que Augusto, heredero de C\u00e9sar, es el primero al que hay que atribuir ese t\u00edtulo de emperador romano porque entre sus cargos acumul\u00f3, adem\u00e1s de casi todos los que hab\u00eda acumulado su t\u00edo Julio, el de \u201cPrinceps\u201d.<\/p>\n<p>Los que no opinan as\u00ed -porque \u201cmuchos\u201d nunca significa \u201ctodos\u201d- pueden alegar diversas objeciones a ese argumento. Una de ellas, por ejemplo, que -como nos recuerda Paul Petit en uno de los manuales b\u00e1sicos para aprender Historia Antigua- Julio C\u00e9sar obtuvo el privilegio de acu\u00f1ar moneda y plasmar en ella la palabra \u201cImperator\u201d&#8230; Puesto que esa palabra latina (que tan s\u00f3lo significa \u201ccomandante victorioso\u201d) es la que luego -muchos a\u00f1os despu\u00e9s de que la Roma \u201cimperial\u201d fuera cenizas y ruinas- se ha usado para denominar a esa monarqu\u00eda disfrazada de Rep\u00fablica, con eso deber\u00eda bastar para considerar a C\u00e9sar el primero de esos que, por comodidad, llamamos \u201cemperadores romanos\u201d, usando una palabra -\u201cimperator\u201d-, que, como vemos, ten\u00eda un significado y un alcance muy distinto para ellos del que, con el tiempo, ha ido adquiriendo para nosotros, sus descendientes m\u00e1s o menos directos.<\/p>\n<p>No es esa la \u00fanica raz\u00f3n que se podr\u00eda aducir para sostener que Cayo Julio C\u00e9sar puede considerarse el primero de esos que, insisto, por nuestra conveniencia, hemos acabado llamando \u201cemperadores romanos\u201d.<\/p>\n<p>Hay otra de m\u00e1s peso que la opini\u00f3n de un historiador contrapuesta a la de otros historiadores, que creen tener tan buenos argumentos como \u00e9l para decir justo lo contrario, y empezar as\u00ed un debate con visos de inacabable. Uno de esos, como el del significado exacto de la palabra \u201cFeudalismo\u201d, que todav\u00eda respira por ah\u00ed despu\u00e9s de casi medio siglo.<\/p>\n<p>En efecto, uno de los primeros historiadores de lo que luego se llamar\u00e1 -tambi\u00e9n\u00a0 por comodidad nuestra- \u201cImperio romano\u201d, Cayo Suetonio Tranquilo, no ten\u00eda ninguna duda en el 121 D. de C. de que la lista de emperadores romanos -para \u00e9l simplemente \u201cc\u00e9sares\u201d, de acuerdo a las ideas dominantes en su \u00e9poca- empezaba con Cayo Julio C\u00e9sar, y as\u00ed lo plasm\u00f3 en su obra \u201cVidas de los doce c\u00e9sares\u201d. Quiz\u00e1s uno de los primeros libros en el que se distingue la palabra \u201cC\u00e9sar\u201d como nombre y como cargo pol\u00edtico equivalente a lo que luego acabaremos llamando \u201cemperador\u201d, tal y como se puede deducir de las palabras de Cayo Suetonio, donde se\u00f1ala -en el folio 177 de la edici\u00f3n de 1679 que yo he manejado para este art\u00edculo- que con Ner\u00f3n acaba la raza de los c\u00e9sares, pero no el t\u00edtulo que viene de ellos. Todo lo cual, en definitiva, deber\u00eda dejarnos advertidos acerca de que la \u00faltima palabra sobre el primer \u201cemperador\u201d romano a\u00fan no ha sido dicha.<\/p>\n<p>Este asunto de los emperadores romanos en cualquier caso s\u00ed deber\u00eda servirnos de advertencia -a los historiadores por supuesto y a los lectores de Historia tambi\u00e9n- acerca del modo en el que un convencionalismo que muchas veces no tiene presente la opini\u00f3n de la \u00e9poca sobre la que se habla, acaba convirti\u00e9ndose en Historia inamovible de hechos y personajes que tienden a deformarse en el recuerdo, en la imagen hist\u00f3rica que por convenci\u00f3n, o por otras razones, se acaba creando de ellos. Algo que nos lleva al terreno de c\u00f3mo recordamos, qu\u00e9 recordamos y porqu\u00e9 recordamos&#8230;<\/p>\n<p>Pocos historiadores han hablado de esa cuesti\u00f3n -como por ejemplo David Lowenthal en una obra tan recomendable como \u201cEl pasado es un pa\u00eds extra\u00f1o\u201d- y, como vemos, por el ostracismo al que se ha condenado la opini\u00f3n de Cayo Suetonio sobre qui\u00e9n fue el primero de los c\u00e9sares de Roma, deber\u00eda haber m\u00e1s.<\/p>\n<p>Lo cual nos lleva hasta Nelson Mandela, el recientemente fallecido presidente sudafricano y c\u00f3mo apenas dos d\u00edas despu\u00e9s de su muerte su recuerdo hist\u00f3rico empieza a dar lugar a controversia.<\/p>\n<p>En San Sebasti\u00e1n pude ver este mismo s\u00e1bado dos signos de lo m\u00e1s curioso en ese sentido. Uno de ellos era una bandera sudafricana -la actual, claro est\u00e1, no la de la \u00e9poca del \u201cApartheid\u201d- puesta en el Ayuntamiento de la ciudad con un cresp\u00f3n negro en se\u00f1al de luto. Es de imaginar que honrando la historia de ese gran luchador por la libertad que fue Nelson Mandela, que consigui\u00f3 demoler un r\u00e9gimen de odio y violencia renunciando primero \u00e9l al odio y violencia que le llev\u00f3 a militar en grupos terroristas, como nos recordaba, furibundo, uno de los lectores de este correo de la Historia este verano (v\u00e9ase \u201cLa pen\u00faltima campa\u00f1a de las guerras napole\u00f3nicas (VI). Historia del Napole\u00f3n negro\u201d), tan obcecado mientras le\u00eda ese art\u00edculo, que pens\u00f3 que se nos hab\u00eda olvidado recordar ese importante detalle de la biograf\u00eda de Mandela.<\/p>\n<p>El otro signo aparecido en la ciudad y que hace temer lo peor sobre c\u00f3mo van a recordar algunos a Nelson Mandela, era una pintada en la entrada de una estaci\u00f3n de tren de la ciudad. Rezaba as\u00ed: \u201cMandela gudari\u201d. Es decir, Mandela era equiparado en ella a quienes durante cerca de treinta a\u00f1os los autores de pintadas muy parecidas a esas han querido considerar \u201csoldados (eso es lo que significa \u201cgudari\u201d) vascos\u201d. Es decir, no los variopintos combatientes reclutados por el ef\u00edmero primer Gobierno Vasco para las fuerzas republicanas en la Guerra Civil, sino los militantes de la organizaci\u00f3n \u201cEuskadi ta Askatasuna\u201d. M\u00e1s conocida como ETA&#8230; y calificada como terrorista, al igual que el comando \u201cUmkhonto we sizwe\u201d en el que durante un tiempo combati\u00f3 Mandela codo con codo con terroristas israel\u00edes del Irg\u00fan.<\/p>\n<p>Ll\u00e1menme exagerado, pero a mi leal entender de historiador me parece que ambos signos deber\u00edan hacernos pensar sobre qu\u00e9 es lo que acaba convirti\u00e9ndose en Historia. A veces entrando a saco en la biograf\u00eda de un personaje y tomando de ella lo que m\u00e1s nos interesa, lo que nos da la raz\u00f3n, quebrantando la primera regla de todo trabajo hist\u00f3rico: que cada \u00e9poca, y cada personaje -que ya casi antes de morir aspira al t\u00edtulo de \u201chist\u00f3rico\u201d, como es el caso de Nelson Mandela-, debe interpretarse de acuerdo a la totalidad de lo que sabemos sobre ella, o sobre \u00e9l, y tambi\u00e9n de acuerdo a una correcta interpretaci\u00f3n de las reglas, hechos y convenciones de su \u00e9poca que, por dif\u00edcil que nos parezca de creer, muchas veces poco tienen que ver con lo que a nosotros, habitantes de un tiempo m\u00e1s o menos lejano al de ellos, nos gustar\u00eda.<\/p>\n<p><a href=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/12\/IMG_9751.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-592\" title=\"Pintada equiparando a Mandela a los militantes de ETA. Estaci\u00f3n de RENFE de Intxaurrondo (08-12-2013). Foto del autor\" src=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/12\/IMG_9751.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/12\/IMG_9751.jpg 640w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/12\/IMG_9751-300x225.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Sin tener eso muy presente poco y de poca calidad vamos a saber realmente sobre la Sud\u00e1frica del \u201cApartheid\u201d.\u00a0 O, ya puestos, sobre cualquier otra cosa a la que podamos dar el nombre de \u201cHistoria\u201d.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Cre\u00ed este viernes que la muerte de Nelson Mandela iba a arrumbar, para mejor ocasi\u00f3n, lo que pensaba contar en este correo de la Historia hoy. 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