{"id":597,"date":"2013-12-23T12:31:03","date_gmt":"2013-12-23T10:31:03","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=597"},"modified":"2013-12-23T12:31:03","modified_gmt":"2013-12-23T10:31:03","slug":"las-falsas-navidades-del-emperador-napoleon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2013\/12\/23\/las-falsas-navidades-del-emperador-napoleon\/","title":{"rendered":"Las falsas Navidades del emperador Napole\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p>Probablemente el libro me vio a m\u00ed y yo, desde luego, lo vi a \u00e9l. Fue en Burdeos, durante el tiempo de Adviento, as\u00ed que supongo que todo lo predestinaba a ayudar a llenar esta p\u00e1gina en la v\u00edspera de estas Navidades del a\u00f1o 2013, en las que se cumplen doscientos a\u00f1os del peor invierno -despu\u00e9s del de 1812- para el emperador Napole\u00f3n, el hombre que fue el amo de Europa durante unos cinco a\u00f1os, m\u00e1s o menos.<\/p>\n<p><a href=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/12\/Portada-de-L\u00e9gendes-de-No\u00ebl-1948.-Ejemplar-de-La-colecci\u00f3n-Reding.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-598\" title=\"Portada de \"L\u00e9gendes de No\u00ebl\" (1948). Ejemplar de La colecci\u00f3n Reding\" src=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/12\/Portada-de-L\u00e9gendes-de-No\u00ebl-1948.-Ejemplar-de-La-colecci\u00f3n-Reding-196x300.jpg\" alt=\"\" width=\"196\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/12\/Portada-de-L\u00e9gendes-de-No\u00ebl-1948.-Ejemplar-de-La-colecci\u00f3n-Reding-196x300.jpg 196w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/12\/Portada-de-L\u00e9gendes-de-No\u00ebl-1948.-Ejemplar-de-La-colecci\u00f3n-Reding-768x1173.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/12\/Portada-de-L\u00e9gendes-de-No\u00ebl-1948.-Ejemplar-de-La-colecci\u00f3n-Reding-671x1024.jpg 671w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/12\/Portada-de-L\u00e9gendes-de-No\u00ebl-1948.-Ejemplar-de-La-colecci\u00f3n-Reding.jpg 915w\" sizes=\"(max-width: 196px) 100vw, 196px\" \/><\/a><\/p>\n<p>El autor del libro, titulado \u201cLeyendas de Navidad\u201d, era Gustave Lenotre, un erudito experto en el tema de la revoluci\u00f3n francesa que, en diversas obras, diseccion\u00f3 aquel per\u00edodo hist\u00f3rico. Desde las (casi inexistentes) relaciones sentimentales de Robespierre, hasta las calles y casas desaparecidas del Par\u00eds revolucionario.<\/p>\n<p>Si el libro me llam\u00f3 la atenci\u00f3n fue por la ilustraci\u00f3n de la portada de estas \u201cLeyendas de Navidad\u201d en la que Napole\u00f3n aparec\u00eda retratado de un modo que pocas veces se asocia con \u00e9l.<\/p>\n<p>Lo hemos visto, s\u00ed, como general revolucionario dotado de unas rebeldes melenas tipo estrella del Heavy Metal, como hombre de estado con la mano metida bajo el chaleco y apoyado en una mesa cargada con el peso del poder, como emperador autocoronado y, sobre todo, como general victorioso que decide, con un gesto del dedo \u00edndice de su mano, el destino de batallas y naciones en Jena, Eylau, Austerlitz, Wagram&#8230;<\/p>\n<p>Sin embargo es muy dif\u00edcil verlo tal y como est\u00e1 retratado en la portada de ese libro que llam\u00f3 mi atenci\u00f3n: llevando bajo su seno protector a un ni\u00f1o envuelto en mantas -bastante cariacontecido, el ni\u00f1o- en medio de lo que parece una fr\u00eda noche invernal. Navide\u00f1a para m\u00e1s se\u00f1as seg\u00fan lo que insin\u00faa el t\u00edtulo del libro.<\/p>\n<p>Semejante ternurismo asociado con aquel Ogro, aquel Tirano de Europa, sin duda merec\u00eda atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Lo primero que descubr\u00ed al tener en mis manos este libro, cuya portada ilustra este nuevo correo de la Historia, es que era una edici\u00f3n de bolsillo del a\u00f1o 1948 hecha por la impagable editorial Mame e hijos de Tours, autora de algunos de los libros m\u00e1s bellos publicados en Francia desde finales del siglo XIX.<\/p>\n<p>El libro conoci\u00f3 otra edici\u00f3n m\u00e1s lujosa, en 1957, que ten\u00eda sin embargo mucha menos garra que la que nos sirve hoy de ilustraci\u00f3n, a pesar de estar enriquecida por la editorial Gautier-Langereau con im\u00e1genes de \u00c9pinal. Esa especie de vistoso telediario en papel que tanto contribuy\u00f3 a forjar la leyenda de Napole\u00f3n.<\/p>\n<p>Los cuentos son los mismos que los de esta edici\u00f3n de bolsillo de 1948 que ilustra este art\u00edculo pero la edici\u00f3n de 1957 no los sab\u00eda vender tan bien como esta de 1948 por medio de esa imagen original, no incautada a los archivos de \u00c9p\u00ecnal, en la que se representaba a un Napole\u00f3n altruista, protector de la infancia desvalida. Y encima en Navidad. As\u00ed que dejaremos ah\u00ed, para mejor ocasi\u00f3n, esta otra edici\u00f3n de esos cuentos napole\u00f3nicos ambientados en estas se\u00f1aladas fechas.<\/p>\n<p>Vamos a centrarnos, pues, en lo que nos cuenta la imagen usada como portada en esa edici\u00f3n de 1948 de las \u201cLeyendas de Navidad\u201d de Gustave Lenotre.<\/p>\n<p>Con ella el artista contratado por Mame e hijos trataba de ilustrar el primero de los cuentos de Lenotre agrupados en ese volumen. Se titulaba \u201cEl \u00e9xtasis\u201d. Lenotre lo ambientaba en Compi\u00e8gne, uno de los palacios de Napole\u00f3n III, durante eso que hemos llamado \u201cSegundo Imperio\u201d. El que va, bajo la tutela de ese sobrino del primer Napole\u00f3n, desde 1852 hasta 1870.<\/p>\n<p>\u201cEl \u00e9xtasis\u201d es la narraci\u00f3n, a instancias de la emperatriz Eugenia, de un, al parecer, ap\u00f3crifo general imperial -D\u00b4Olonne- de cierto episodio que tiene lugar durante una de las campa\u00f1as de Napole\u00f3n en Europa central, la que culmina con la absoluta victoria de Austerlitz en diciembre de 1805.<\/p>\n<p>Una noche v\u00edspera de Navidad de ese a\u00f1o llega hasta la casa de unos emigrados franceses una presencia percibida como monstruosa, descrita como un hombre de baja estatura vestido con redingote gris y bicornio y rodeado de altos mandos militares arropados con deslumbrantes uniformes llenos de entorchados y galones dorados. Tanto los habitantes de la casa, una anciana arist\u00f3crata francesa huida de la revoluci\u00f3n y un sacerdote refractario -tambi\u00e9n huido con ella como fiel sirviente de la familia- saben perfectamente de qui\u00e9n se trata: es el Ogro, el jefe de los revolucionarios que -desde su punto de vista- han devastado Francia y la han hecho descender a los abismos, llen\u00e1ndola de chusma insolente, acabando con la educaci\u00f3n, el lujo y la elegancia que la arist\u00f3crata y el cl\u00e9rigo identifican como se\u00f1as de la Francia del Antiguo R\u00e9gimen.<\/p>\n<p>En definitiva, esa v\u00edspera de Navidad de 1805 ha llegado hasta ellos el monstruo del que han estado hablando desde, por lo menos, 1792 al tercer habitante de la casa, el tierno infante -hoy dir\u00edamos preadolescente- nieto de la arist\u00f3crata y alumno del sacerdote que en esos momentos duerme pl\u00e1cidamente, esperando que el Ni\u00f1o Jes\u00fas le traiga como regalo de Navidad unos cuantos soldados franceses que faltan en su colecci\u00f3n de juguetes. Deseo que ha dejado claramente escrito en una hoja de papel junto a sus zapatos vac\u00edos.<\/p>\n<p>En medio de la conmoci\u00f3n causada por la entrada en la casa de Napole\u00f3n con todo su avasallador s\u00e9quito, la anciana ve c\u00f3mo el Ogro lee la petici\u00f3n del ni\u00f1o y decide llev\u00e1rselo por esta causa. El emperador da \u00f3rdenes tajantes: que envuelvan al muchacho en mantas y lo lleven fuera de la casa, que se lo entreguen, cosa que, para que no falte nada de dramatismo a la escena, se hace sosteniendo un ex\u00f3tico mameluco las riendas de la montura del emperador.<\/p>\n<p>Se inicia as\u00ed una cabalgada rodeada de una cierta aureola m\u00e1gica, en la que el muchacho no despierta hasta llegar la hora del alba de ese d\u00eda de Navidad, descubri\u00e9ndose subido al caballo del emperador, desfilando ante las tropas imperiales formadas que vitorean a su \u00eddolo: Napole\u00f3n, rey de Italia, futuro protector de la Confederaci\u00f3n del Rin, emperador de los franceses&#8230; El mismo personaje que dice al muchacho, \u201c\u00a1No temas nada!. Hab\u00edas pedido al peque\u00f1o Jes\u00fas soldados franceses. \u00a1Ah\u00ed los tienes!\u201d&#8230;<\/p>\n<p>Este cuento acaba m\u00e1s o menos as\u00ed, descubri\u00e9ndonos que el muchacho en cuesti\u00f3n es el propio narrador y que desde ese d\u00eda goza del favor de Napole\u00f3n, que pasa tambi\u00e9n a ser un\u00e1nimemente admirado por la abuela del muchacho, repuesta en sus antiguos privilegios por el Ogro, hasta el punto de menospreciar a la corte de Luis XVIII cuando sea restaurada definitivamente en 1815.<\/p>\n<p>Una bella narraci\u00f3n que, sin duda, resultaba muy apta para los o\u00eddos de la nobleza del Segundo Imperio. Una en la que Napole\u00f3n asciende al rango de rey mago, de Papa Noel&#8230; de emperador taumaturgo o poco menos. Una bella narraci\u00f3n en la que, sin embargo, se ha suprimido la verdad hist\u00f3rica que podemos asociar con Napole\u00f3n, las Navidades y los paisajes nevados tan propios de la imaginer\u00eda de estas fechas. Es decir, campos de batalla cubiertos de centenares de cad\u00e1veres de hombres y bestias helados, como realmente los hubo en los d\u00edas posteriores a la batalla de Austerlitz en los que est\u00e1 ambientado este bello cuento, que no Historia.<\/p>\n<p><a href=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/12\/Austerlitz-2.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-600\" title=\"La verdad sobre Napole\u00f3n, la nieve, los campos de batalla... Ilustraci\u00f3n de Job para el \"Napol\u00e9on\" de Georges Montorgueil. Ejemplar de La colecci\u00f3n Reding\" src=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/12\/Austerlitz-2.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"216\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/12\/Austerlitz-2.jpg 963w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/12\/Austerlitz-2-300x217.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/12\/Austerlitz-2-768x554.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><a href=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/12\/Quema-de-banderas-en-el-Beresina.-Invierno-de-1812.-Ilustraci\u00f3n-de-Job-para-el-Napol\u00e9on-de-Georges-Montorgueil.-Ejemplar-de-La-colecci\u00f3n-Reding.jpg\"><br \/>\n<\/a><\/p>\n<p>No les digo m\u00e1s. S\u00f3lo les deseo que de verdad estas sean unas felices Navidades y que las cenas en las que se vayan a sentar como comensales dentro de apenas un d\u00eda, no se conviertan en una reedici\u00f3n de Eylau o de Austerlitz. Tengan en cuenta en esos momentos que tanto derroche de violencia a Napole\u00f3n, al de verdad, no al del cuento de Lenotre, s\u00f3lo le sirvi\u00f3 para acabar exiliado en la isla de Santa Elena, muri\u00e9ndose lentamente all\u00ed en compa\u00f1\u00eda, principalmente, de su propia, y absurda, megaloman\u00eda.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Probablemente el libro me vio a m\u00ed y yo, desde luego, lo vi a \u00e9l. 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