{"id":853,"date":"2015-03-02T11:30:16","date_gmt":"2015-03-02T10:30:16","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=853"},"modified":"2025-02-25T22:08:36","modified_gmt":"2025-02-25T21:08:36","slug":"el-aguila-ha-desembarcado-historia-para-el-principio-del-fin-del-bicentenario-de-las-guerras-napoleonicas-del-1-de-marzo-de-1815-al-1-de-marzo-de-2015","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2015\/03\/02\/el-aguila-ha-desembarcado-historia-para-el-principio-del-fin-del-bicentenario-de-las-guerras-napoleonicas-del-1-de-marzo-de-1815-al-1-de-marzo-de-2015\/","title":{"rendered":"El \u00e1guila ha desembarcado. Historia para el principio del fin del bicentenario de las guerras napole\u00f3nicas. Del 1 de marzo de 1815 al 1 de marzo de 2015"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/03\/Retoiur-d\u00b4Elbe-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-854\" title=\"Portada de \u201cLe retour de l\u00b4ile d\u00b4Elbe\u201d de Patrick Ravignant. La Table Ronde. Paris, 1977. Ejemplar de La colecci\u00f3n Reding\" src=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/03\/Retoiur-d\u00b4Elbe-1.jpg\" alt=\"\" width=\"200\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/03\/Retoiur-d\u00b4Elbe-1.jpg 1079w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/03\/Retoiur-d\u00b4Elbe-1-200x300.jpg 200w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/03\/Retoiur-d\u00b4Elbe-1-768x1150.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/03\/Retoiur-d\u00b4Elbe-1-684x1024.jpg 684w\" sizes=\"(max-width: 200px) 100vw, 200px\" \/><\/a>Hace doscientos a\u00f1os, el 27 de febrero de 1815, un nav\u00edo se acerca a la costa del Sur de Francia. El 1 de marzo su pasaje desembarca y se dirige a lo que con el tiempo se convertir\u00e1 en uno de los lugares m\u00e1s lujosos del Mundo, Cannes, que entonces es poco m\u00e1s que una peque\u00f1a poblaci\u00f3n de campesinos y pescadores.<\/p>\n<p>Esa falta de eso que algunos llaman \u201cglamour\u201d en el Cannes de 1815 se desvaneci\u00f3 ahora hace doscientos a\u00f1os, cuando el jefe del pasaje de ese barco que se ha adentrado en Golfe-Juan el 27 de febrero de 1815, se abre paso hasta esa, por otra parte, anodina, casi irrelevante, poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Su figura es inconfundible. Casi tanto como el perfil de muchos de esos actores y actrices que se pasean por el Cannes actual. S\u00ed, dif\u00edcilmente nadie en la Francia de 1815, ni en la Europa de ese mismo a\u00f1o, puede ver ese sombrero negro y ese capote gris -y al hombre algo rechoncho y m\u00e1s bien bajo que habita esas prendas- quedando indiferente. Es Napole\u00f3n Bonaparte.<\/p>\n<p>Los habitantes de lo que ahora es la Costa Azul francesa, que, seg\u00fan los grabados de la primera edici\u00f3n del famoso \u201cMemorial de Santa Elena\u201d, lo aclaman cuando entra en sus poblaciones, son as\u00ed los primeros en enterarse de que ha ocurrido lo que se sospechaba y tan bien describi\u00f3 Joseph Conrad en su \u00faltima novela: que el Ogro corso, el Tirano de Europa, Buonaparte, el Monstruo&#8230; finalmente iba a fugarse de Elba, de la peque\u00f1a isla en la que lo ha confinado la magnanimidad de los aliados desde que el emperador se da por vencido en Fontainebleau, abdicando, en abril de 1814.<\/p>\n<p>Comienza as\u00ed una r\u00e1pida carrera hacia Par\u00eds. Es el llamado \u201cvuelo del \u00e1guila\u201d, que, \u201cde campanario en campanario\u201d de Francia, llega el 20 de marzo en triunfo a las Tuller\u00edas de Par\u00eds, de donde el rey Luis XVIII acaba de huir, con direcci\u00f3n a la localidad belga de Gante, para protegerse all\u00ed bajo las bayonetas de los ej\u00e9rcitos aliados, a los que solicita que cumplan con la misi\u00f3n que su propio Ej\u00e9rcito, en su mayor parte, no ha sabido -o m\u00e1s bien no ha querido- cumplir. Es decir, la de protegerle de Napole\u00f3n, del Ogro, del Tirano, del Monstruo&#8230;<\/p>\n<p>El emperador desterrado llega as\u00ed, vitoreado, aclamado, hasta el palacio de las Tuller\u00edas y recoge un cetro, una corona, un trono&#8230; vac\u00edos, aunque casi conservan el calor de su anterior propietario.<\/p>\n<p>Comienza as\u00ed el per\u00edodo de los llamados \u201cCien D\u00edas\u201d, unas fechas variables que se extienden desde ese desembarco el 1 de marzo de 1815 hasta algunos d\u00edas o semanas despu\u00e9s de la derrota de Waterloo, el 18 de junio de ese mismo a\u00f1o, que pone fin a la epopeya, a las guerras napole\u00f3nicas.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es lo que ha tra\u00eddo de vuelta a Napole\u00f3n? \u00bfC\u00f3mo es que le aclama casi el mismo pueblo que apenas un a\u00f1o antes lo despidi\u00f3 de Francia en medio de un odio bastante generalizado, cubri\u00e9ndolo de desprecio y en algunos casos incluso intentando asesinarlo, oblig\u00e1ndole a disfrazarse para evitar ser linchado?&#8230;<\/p>\n<p>Parece haber una rara unanimidad a ese respecto: todos los que hablan sobre esto, desde novelistas como Erckmann, Chatrian o V\u00edctor Hugo hasta historiadores como Dominique de Villepin, coinciden en se\u00f1alar que el gobierno restaurado de los Borbones, en la persona de Luis XVIII -hermano del ejecutado Luis XVI-, ha hecho bueno al emperador en el lapso de unos pocos meses, logrando rehabilitar a \u201cBuonaparte\u201d con sus medidas reaccionarias, vengativas incluso, contra un \u201cPueblo\u201d al que consideran culpable de algo que esa corte restaurada y los nobles que la forman, emigrados desde 1790 -y resentidos, muy resentidos-, llaman \u201crebeli\u00f3n de veinticinco a\u00f1os\u201d. Es decir, todo el per\u00edodo iniciado desde el 14 de julio de 1789 hasta la abdicaci\u00f3n de Napole\u00f3n en 1814.<\/p>\n<p>S\u00ed, parece que todos los que conocen bien los \u201cCien D\u00edas\u201d de Napole\u00f3n coinciden en se\u00f1alar que ese af\u00e1n de revancha, y todas las medidas a \u00e9l asociadas, son las que hicieron olvidar a los franceses esa pierna volada por una bala austriaca en Austerlitz, ese brazo perdido en las estepas heladas de Rusia en 1812, ese hijo que nunca volvi\u00f3 de Espa\u00f1a despu\u00e9s de ser reclutado, como todos, para cinco a\u00f1os de servicio militar, esos impuestos puntualmente requisados para mantener una guerra constante contra toda Europa, o, para los efectos, los ej\u00e9rcitos espa\u00f1ol, brit\u00e1nico y portugu\u00e9s que, con sus victorias, animar\u00e1n la resistencia a ultranza de prusianos, austriacos y rusos en 1813&#8230;<\/p>\n<p>Los Borbones restaurados tambi\u00e9n hab\u00edan conseguido, para marzo de 1815, que un n\u00famero significativo de franceses hayan olvidado el hambre, a los cosacos -y otros efectivos aliados- arrasando y saqueando haciendas en el Norte de Francia, la movilizaci\u00f3n obligatoria en la Guardia Nacional durante el invierno de 1814 de ciudadanos dados por in\u00fatiles para el servicio (por edad, por estado civil&#8230;) para, con un m\u00ednimo de instrucci\u00f3n militar apresurada, salir a combatir esas hordas con poco m\u00e1s que un mosquete, un sable \u201cbriquet\u201d, una cartuchera y una bayoneta&#8230;<\/p>\n<p>S\u00ed, los franceses han olvidado eso y m\u00e1s. Por ejemplo a las tropas aliadas bajo mando de Wellington que han infligido derrota tras derrota a los \u00faltimos ej\u00e9rcitos napole\u00f3nicos en el Sur de Francia entre el oto\u00f1o de 1813 (con revancha espa\u00f1ola incluida en el Pa\u00eds Vasco franc\u00e9s hasta que <em>milord<\/em> la ataja) y la primavera de 1814.<\/p>\n<p>As\u00ed, con esos olvidos, casi el 80% de los franceses recibe ahora hace doscientos a\u00f1os a Napole\u00f3n como una especie de taumaturgo que no va a provocar m\u00e1s de esos problemas, sino a resolver los que \u00e9l mismo cre\u00f3 y los que ha a\u00f1adido un Luis XVIII quiz\u00e1s bien intencionado pero prisionero de un sector de la poblaci\u00f3n que pide venganza. Los primeros franceses que se adhieren a ese Napole\u00f3n visto como providencial son los m\u00e1s importantes en una crisis as\u00ed: los hombres que forman el Ej\u00e9rcito y que saben muy bien que se lo deben todo a \u00e9l y, por tanto, no se lo han pensado dos veces antes de arrancar de sus sombreros, colbacs o chac\u00f3s la escarapela blanca para reemplazarla por la tricolor, abandonando a un Luis XVIII muy poco prometedor para ellos.<\/p>\n<p>Para muchos de esos franceses esas ilusiones se desvanecer\u00e1n pronto, muy pronto. Otros tendr\u00e1n que esperar a ver el \u00faltimo golpe en Waterloo el 18 de junio, descargado por una Alianza de naciones europeas (Espa\u00f1a incluida) que, en pocas semanas, ha reunido en todas las fronteras de Francia miles de soldados dispuestos a invadirla y a imponerle, de nuevo, la dinast\u00eda destronada o lo que decida el Congreso de Viena que, por supuesto, nunca ser\u00e1 mantener en el trono de Francia a Napole\u00f3n.<\/p>\n<p><a href=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/03\/Retour-d\u00b4Elbe-detalle.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-855\" title=\"Detalle de la portada de \u201cLe retour de l\u00b4ile d\u00b4Elbe\u201d de Patrick Ravignant. La Table Ronde. Paris, 1977. Ejemplar de La colecci\u00f3n Reding\" src=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/03\/Retour-d\u00b4Elbe-detalle.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"273\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/03\/Retour-d\u00b4Elbe-detalle.jpg 1063w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/03\/Retour-d\u00b4Elbe-detalle-300x273.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/03\/Retour-d\u00b4Elbe-detalle-768x699.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/03\/Retour-d\u00b4Elbe-detalle-1024x932.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>As\u00ed es, desde los pasos del Bidasoa en Ir\u00fan hasta los de Catalu\u00f1a, desde los Alpes hasta las llanuras de B\u00e9lgica, una multitud de soldados de abigarrados y coloridos uniformes de estilo parad\u00f3jicamente napole\u00f3nico, aguarda para entrar, otra vez, en Francia, para ocuparla, para recordar a sus habitantes que Luis XVIII se ha podido equivocar, pero Napole\u00f3n atrae el rayo de la destrucci\u00f3n como un \u00e1rbol en medio de un prado vac\u00edo lo atrae sobre los que tratan de refugiarse de la lluvia bajo \u00e9l.<\/p>\n<p>Todo eso es lo que, desde este \u00faltimo domingo, y hasta julio de 2015, cumple doscientos a\u00f1os. Nada m\u00e1s hay que decir, por ahora, salvo bienvenidos a la \u00faltima etapa del bicentenario de las guerras napole\u00f3nicas. Ese del que, seg\u00fan esperamos algunos historiadores, saldremos todos mejor informados, m\u00e1s sabios sobre aquellos acontecimientos de hace ahora doscientos a\u00f1os que cambiaron el Mundo y la Historia para siempre.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Hace doscientos a\u00f1os, el 27 de febrero de 1815, un nav\u00edo se acerca a la costa del Sur de Francia. 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