{"id":952,"date":"2015-08-03T11:30:46","date_gmt":"2015-08-03T09:30:46","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=952"},"modified":"2023-03-03T11:49:56","modified_gmt":"2023-03-03T10:49:56","slug":"todo-empezo-con-una-gran-derrota-napoleon-frente-al-almirante-nelson-en-abukir-del-1-de-agosto-de-1798-al-1-de-agosto-de-2015","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2015\/08\/03\/todo-empezo-con-una-gran-derrota-napoleon-frente-al-almirante-nelson-en-abukir-del-1-de-agosto-de-1798-al-1-de-agosto-de-2015\/","title":{"rendered":"Todo empez\u00f3 con una gran derrota. Napole\u00f3n frente al almirante Nelson en Abukir (del 1 de agosto de 1798 al 1 de agosto de 2015)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/08\/Derallle-del-retato-de-H.-Nesn-por-Lemuel-Francis-Abbott-c.-1797.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-953 size-medium\" title=\"Detalle del retrato de Horatio Nelson por Lemuel Francis Abbott (c. 1797)\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/08\/Derallle-del-retato-de-H.-Nesn-por-Lemuel-Francis-Abbott-c.-1797-263x300.jpg\" alt=\"\" width=\"263\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/08\/Derallle-del-retato-de-H.-Nesn-por-Lemuel-Francis-Abbott-c.-1797-263x300.jpg 263w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/08\/Derallle-del-retato-de-H.-Nesn-por-Lemuel-Francis-Abbott-c.-1797.jpg 389w\" sizes=\"(max-width: 263px) 100vw, 263px\" \/><\/a>Hoy, 3 de agosto de 2015, ya se han cumplido, con largueza, los doscientos a\u00f1os de la captura de Napole\u00f3n Bonaparte por la flota brit\u00e1nica, ante las tormentosas -en m\u00e1s de un sentido- costas de la Francia de aquella \u00e9poca.<\/p>\n<p>Fue a finales de julio de aquel a\u00f1o de victoria para la \u00faltima coalici\u00f3n contra el llamado \u201cTirano de Europa\u201d.<\/p>\n<p>Por supuesto los focos de resistencia franceses no se extinguieron en ese momento y los ej\u00e9rcitos aliados tuvieron que aplicar una \u201camistosa persuasi\u00f3n\u201d en distintos puntos de Francia, con mayor o menor gasto de p\u00f3lvora y balas, para dejar clara constancia de que la epopeya napole\u00f3nica hab\u00eda tocado a su fin. Pero de esos episodios, especialmente de los que tuvieron lugar en el Pa\u00eds Vasco y otros puntos de los Pirineos, hablaremos cuando se cumplan sus doscientos a\u00f1os redondos, a finales de este mes.<\/p>\n<p>En cualquier caso, este 3 de agosto de 2015 no es un mal momento para recordar que la carrera de Napole\u00f3n que acaba as\u00ed, entreg\u00e1ndose a bordo de un nav\u00edo de guerra de su majestad brit\u00e1nica, empez\u00f3, parad\u00f3jicamente, escamoteando su persona a la flota brit\u00e1nica, despu\u00e9s de una formidable batalla naval, la de Abukir, en las costas de Egipto, que tuvo lugar un 1 de agosto de 1798.<\/p>\n<p>As\u00ed es, en esas fechas, cualquier biograf\u00eda del emperador les puede decir que \u00e9ste se las segu\u00eda apa\u00f1ando muy bien en la turbulenta Francia posterior a la ca\u00edda del r\u00e9gimen del Terror jacobino, logrando abrirse camino en medio de unos personajes que habr\u00edan convertido a nuestra actual numerosa legi\u00f3n de corruptos y pol\u00edticos provincianos -esos interesados s\u00f3lo en su propio inter\u00e9s, caiga quien caiga- en meros aficionados.<\/p>\n<p>Tras su inteligente matrimonio con una de las \u201ctres gracias del Directorio\u201d, Josefina de Beauharnais (otra de las tres era la espa\u00f1ola Teresa Cabarr\u00fas, por si es necesario recordarlo), Napole\u00f3n supo aprovechar esa ascendencia ganada gracias a su alianza con una de las mujeres m\u00e1s influyentes del susodicho Directorio -que sustituye a los bebedores de sangre del Terror por la v\u00eda expeditiva- para ir escalando puestos antes de que hombres como el ciudadano Barras -uno de los jefes de ese Directorio, acaso el \u00fanico que mandaba en \u00e9l- se lo quitasen de en medio con su bien conocida falta de escr\u00fapulos.<br \/>\nFue as\u00ed como el entonces ciudadano-general Bonaparte consigui\u00f3 el mando de un formidable ej\u00e9rcito que deb\u00eda conquistar Egipto para que la vacilante Rep\u00fablica francesa pudiera doblegar a su mayor enemigo: el naciente imperio brit\u00e1nico que ve\u00eda as\u00ed cerrada una de sus principales rutas hacia la que se est\u00e1 convirtiendo ya entonces en la joya de su corona: la India.<\/p>\n<p>Una vez en Egipto, en tierra Napole\u00f3n se asegurar\u00e1, como ser\u00e1 habitual en \u00e9l hasta 1812, fulgurantes victorias, acabando con el r\u00e9gimen de los mamelucos -de quienes hablamos en otro reciente correo de la Historia, por cierto- e imponiendo el dominio franc\u00e9s sobre ese territorio.<\/p>\n<p>Un \u00e9xito que acab\u00f3 muy mal aproximadamente un a\u00f1o despu\u00e9s, en agosto de 1799. Para empezar el 1 de agosto de 1798 la flota del mejor almirante brit\u00e1nico de esa fecha, Horatio Nelson, dio alcance, al fin a la flota francesa que hab\u00eda llevado al ej\u00e9rcito de Bonaparte hasta all\u00ed&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A partir de aqu\u00ed me ce\u00f1ir\u00e9 a lo que me cuentan algunos interesantes documentos reunidos en un libro no menos interesante: \u201cNelson and Emma\u201d, una magn\u00edfica edici\u00f3n hecha por The Folio Society de Londres en el a\u00f1o 1994, a cargo de Roger Hudson.<\/p>\n<p>En ese cuidado volumen se recoge buena parte de la correspondencia que el almirante Nelson sostuvo con la mujer de su vida. No hay en \u00e9l ninguna carta con fecha de agosto de 1798 en la que Horatio Nelson d\u00e9 cuenta de c\u00f3mo le fue en esa batalla naval de Abukir que se considera una de sus mayores victorias. Sin embargo, el volumen conserva en sus p\u00e1ginas 129 a 134 el relato de uno de los oficiales bajo mando de Nelson aquel d\u00eda, Edward Berry, capit\u00e1n del buque insignia de Nelson, el <em>Vanguard<\/em> .<\/p>\n<p>Berry cuenta que la flota brit\u00e1nica entr\u00f3 con mucho cuidado en la rada de Abukir, donde la Armada francesa hab\u00eda anclado en previsi\u00f3n a que algo as\u00ed pudiera ocurrir. Dice su relato que avanzaban midiendo cuidadosamente, con las sondas, la profundidad de las aguas sobre las que navegaban.<\/p>\n<p>As\u00ed se dieron de frente con lo que Berry describe como un enemigo desplegado en una s\u00f3lida l\u00ednea de combate, con sus extremos reforzados por ca\u00f1oneras y Artiller\u00eda -la temible Artiller\u00eda francesa de la \u00e9poca- emplazada en tierra para cubrir cualquier avance contra sus barcos.<\/p>\n<p>Ante esto Nelson expres\u00f3 un plan que, tal y como lo cuenta Berry, parece de una simpleza extraordinaria. El capit\u00e1n le oy\u00f3 decir que \u201c<em>donde hay espacio para que navegue un nav\u00edo enemigo, hay sitio para que eche el ancla uno de los nuestros<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>Tras eso se pusieron en pr\u00e1ctica los designios del almirante que el capit\u00e1n Berry resume en que era necesario vencer o morir en el intento.<\/p>\n<p>El caso es que todo sali\u00f3 bien&#8230; para los brit\u00e1nicos. Dice Berry que el <em>Goliath<\/em> y el <em>Zealous<\/em> recibieron el primer fuego franc\u00e9s. Tanto desde las unidades navales como desde tierra. Despu\u00e9s, unidos al <em>Orion<\/em>, el <em>Audacious<\/em> y el<em> Theseus<\/em> lograron romper la l\u00ednea francesa en tanto que el barco de Berry, el <em>Vanguard<\/em>, consegu\u00eda rebasar esa misma l\u00ednea y enfrentarse a <em>Le Spartiate<\/em> a una distancia tan corta como la de medio tiro de pistola. As\u00ed, cogidos ya entre dos fuegos, los nav\u00edos franceses no lograr\u00e1n zafarse de las constantes andanadas de toda la flota brit\u00e1nica. Entre otros barcos estaba all\u00ed, lanzando ca\u00f1onazo tras ca\u00f1onazo, el <em>Bellerophon<\/em>, uno de los nav\u00edos brit\u00e1nicos que en 1815 tendr\u00e1 el raro honor de aceptar la rendici\u00f3n de Napole\u00f3n.<\/p>\n<p>Esto durar\u00e1 entre las siete y las diez de la noche, en una oscuridad s\u00f3lo iluminada por los fogonazos de los disparos y por la explosi\u00f3n de <em>L\u00b4Orient<\/em>, a las 10, que marca el punto de inflexi\u00f3n de la batalla.<\/p>\n<p>Sin embargo, los puntos de vista sobre el hecho pueden variar. Tal vez el da\u00f1o infligido por la tenaz resistencia francesa en Abukir desmiente un tanto que esa victoria brit\u00e1nica fuera tan rotunda, habi\u00e9ndose obtenido a un alto coste. Y, de hecho, Napole\u00f3n no considera que esa derrota naval signifique el fin de las operaciones terrestres, que continuar\u00e1n durante todo el a\u00f1o siguiente. Primero bajo su mando y despu\u00e9s bajo el de Kl\u00e9ber, al que deja al frente de la ocupaci\u00f3n francesa de Egipto cuando decide que lo mejor es que \u00e9l, Napole\u00f3n, regrese a Francia para evitar que el Directorio acabe con \u00e9l y sus planes, cuya ambici\u00f3n fue bien conocida hasta 1815.<\/p>\n<p>El punto de vista brit\u00e1nico es bastante distinto. Las noticias de la derrota francesa en Abukir tardan un mes en llegar a N\u00e1poles, pero una vez que son recibidas Emma Hamilton, la amante de Nelson, el 1 de septiembre de 1798, escribe a su amor una exultante carta donde le cuenta los desmayos y ditirambos que se lanzan por todo N\u00e1poles por esta gran victoria que, como se\u00f1ala lo que nos cuenta Emma Hamilton en esta impagable carta, han hecho del almirante todo un icono de moda, reflejado en los vestidos de mujer \u201ca la Nelson\u201d, como el que dice llevar en ese momento la propia Emma, o sus pendientes.<\/p>\n<p>Lo cual no evit\u00f3 que los franceses siguieran due\u00f1os de la mayor parte de Egipto hasta agosto de 1799. Lo cual deber\u00eda llevarnos a reflexionar sobre el alcance, real, de determinadas victorias navales. Deslumbrantes s\u00ed, pero de efecto, cuando menos, bastante retardado y revelador, como en el caso de la de Abukir, de que la Marina es la \u00fanica arma de la que dispone Gran Breta\u00f1a en esas fechas para evitar su derrota -\u00bftal vez su conquista?- por las armas de la aguerrida Rep\u00fablica francesa. Un arma, esa Marina, capaz de acabar con parte de la flota francesa, pero no de desembarcar con \u00e9xito tropas que desalojen a los franceses de Egipto en todo un a\u00f1o&#8230;<\/p>\n<p>El resto, como ya sabemos, se fue fraguando a lo largo de los siguientes a\u00f1os. En 1805 Nelson morir\u00eda despu\u00e9s de destrozar un poco m\u00e1s el poder naval franc\u00e9s, ganando tiempo para una Gran Breta\u00f1a que no habr\u00eda resistido una invasi\u00f3n terrestre. Diez a\u00f1os despu\u00e9s el astuto general Bonaparte que logra escapar de Egipto y evitar que las consecuencias de Abukir lo manden, como poco, al ostracismo pol\u00edtico, acabar\u00e1 rindi\u00e9ndose a los brit\u00e1nicos en el <em>Bellerophon<\/em>. Un barco que hab\u00eda sobrevivido a esa gran batalla de Abukir para asistir a la definitiva derrota de Napole\u00f3n casi veinte a\u00f1os despu\u00e9s.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Hoy, 3 de agosto de 2015, ya se han cumplido, con largueza, los doscientos a\u00f1os de la captura de Napole\u00f3n Bonaparte por la flota brit\u00e1nica, ante las tormentosas -en m\u00e1s de un sentido- costas de la Francia de aquella \u00e9poca. 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