{"id":987,"date":"2015-10-05T12:00:40","date_gmt":"2015-10-05T10:00:40","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=987"},"modified":"2024-10-26T11:30:30","modified_gmt":"2024-10-26T09:30:30","slug":"unas-mentes-maravillosas-de-reyes-cuerdos-locos-y-hechizados-luis-xiv-guillermo-iii-carlos-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2015\/10\/05\/unas-mentes-maravillosas-de-reyes-cuerdos-locos-y-hechizados-luis-xiv-guillermo-iii-carlos-ii\/","title":{"rendered":"\u00bfUnas mentes maravillosas?. De reyes cuerdos, locos y hechizados: Luis XIV, Guillermo III, Carlos II&#8230;"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/10\/Luis-XIV-gloria-y-mutilaci\u00f3n-visita-los-Invalidos-en-1674.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-988 size-medium\" title=\"Luis XIV y los resultados de su pol\u00edtica de guerra continua: visita a los Invalidos en 1674. Ilustraci\u00f3n para el &quot;Luis XIV&quot; de Gustave Toudouze (1904)\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/10\/Luis-XIV-gloria-y-mutilaci\u00f3n-visita-los-Invalidos-en-1674-e1444038958103-217x300.jpg\" alt=\"\" width=\"217\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/10\/Luis-XIV-gloria-y-mutilaci\u00f3n-visita-los-Invalidos-en-1674-e1444038958103-217x300.jpg 217w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/10\/Luis-XIV-gloria-y-mutilaci\u00f3n-visita-los-Invalidos-en-1674-e1444038958103-768x1063.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/10\/Luis-XIV-gloria-y-mutilaci\u00f3n-visita-los-Invalidos-en-1674-e1444038958103-740x1024.jpg 740w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/10\/Luis-XIV-gloria-y-mutilaci\u00f3n-visita-los-Invalidos-en-1674-e1444038958103.jpg 1194w\" sizes=\"(max-width: 217px) 100vw, 217px\" \/><\/a>Como ya saben quienes siguen estos correos de la Historia muchas veces suelen estar inspirados y sugeridos por amigos, familiares, etc&#8230; del historiador que, casi siempre, firma estas p\u00e1ginas cada lunes. Es decir, yo mismo, el habitualmente aludido en los comentarios de algunos lectores como \u201csr. Rilova\u201d y a veces hasta cosas peores&#8230;<\/p>\n<p>En esta ocasi\u00f3n el culpable -si as\u00ed se le puede llamar- ha sido Jos\u00e9, uno de mis antiguos vecinos de la -como se dec\u00eda antes- donostiarra calle Zabaleta del tambi\u00e9n muy donostiarra barrio de Gros.<\/p>\n<p>Me lo encontr\u00e9 este verano por otra calle a\u00fan m\u00e1s donostiarra, en las cercan\u00edas de la catedral del Buen Pastor, hablamos un poco de que segu\u00eda muy habitualmente estos correos de la Historia, que le gustaban (lo cual es todo un hallazgo) y de all\u00ed pas\u00f3 a hablarme de una de sus innumerables \u00faltimas lecturas de Historia -aparte de mi \u201cEl Waterloo de los Pirineos\u201d- que hab\u00eda disfrutado, feliz \u00e9l, en uno de esos raros d\u00edas de sol y playa que tenemos en el borrascoso Norte.<\/p>\n<p>La lectura en concreto era un n\u00famero especial de una revista de Historia sobre Luis XIV y sus megaloman\u00edas. Y as\u00ed fue como prometi a Jos\u00e9, antiguo vecino m\u00edo y fiel lector de estos correos de la Historia, dedicar uno de ellos a hablar de Luis XIV y esas actitudes suyas que, a vista de p\u00e1jaro, desde la perspectiva que da el paso del tiempo, nos parecen verdaderas locuras.<\/p>\n<p>Como lo prometido es deuda, vamos a hablar pues de ese asunto, de Luis XIV, de sus actos megaloman\u00edacos, de su salud mental&#8230; pero, claro, tratando de aportar algo nuevo.<\/p>\n<p>Ya sabemos que se suele decir que las comparaciones son odiosas pero, a veces, tambi\u00e9n son instructivas. Y yo dir\u00eda que cuando hablamos de Historia a\u00fan m\u00e1s. As\u00ed que voy a hablar de Luis XIV, pero compar\u00e1ndolo con otros dos reyes que marcaron, lo creamos o no, su vida. Uno de ellos fue Guillermo III, rey de Gran Breta\u00f1a y su naciente imperio ultramarino. El otro fue Carlos II, rey de Espa\u00f1a y due\u00f1o de un imperio varias veces m\u00e1s poderoso que el brit\u00e1nico pero, curiosamente, por esa man\u00eda tan habitual en la Espa\u00f1a de mediados del siglo XIX, considerado como una especie de despojo hist\u00f3rico, bueno \u00fanicamente para deprimirse leyendo p\u00e1ginas y m\u00e1s p\u00e1ginas sobre su \u00e9poca y su reinado.<\/p>\n<p>No voy a entrar mucho en la famosa cuesti\u00f3n de los hechizos de Carlos II de Habsburgo, \u00faltimo Austria espa\u00f1ol. M\u00e1s que nada porque eso poco aporta al tema de hoy y, tal vez, sea mejor reservarlo para la v\u00edspera de Todos los Santos que, por influencia anglosajona, se ha convertido en una especie de noche de brujas.<\/p>\n<p>Donde s\u00ed voy a entrar es en c\u00f3mo esos tres reyes, Luis XIV, Guillermo III y Carlos II, tratan, en la segunda mitad del siglo XVII, entre 1660 y 1700, de repartirse Europa y el control sobre ella que significa, a su vez, el control del Mundo.<\/p>\n<p>Empecemos por Luis XIV. Realmente el hijo de Luis XIII y de la t\u00eda de Carlos II de Habsburgo, la, gracias a Alejandro Dumas, famosa Ana de Austria, estaba, como me dec\u00eda Jos\u00e9, un poco perjudicado en su psicolog\u00eda cotidiana. Era un hombre de figura no demasiado impresionante en lo f\u00edsico, m\u00e1s bien ruin de aspecto, en realidad. Y para suplir todo eso se rode\u00f3 de una serie de artefactos que -ese m\u00e9rito no hay qui\u00e9n se lo quite ya- se convertir\u00e1n en la moda de aquella Europa. Desde Lisboa hasta el San Petersburgo del zar Pedro I Rom\u00e1nov.<\/p>\n<p>As\u00ed surgen los zapatos de tac\u00f3n rojo bastante alto para hombres, elevando la estatura media. Cosa muy necesaria para quienes no andaban sobrados de ella y quer\u00edan, adem\u00e1s, resaltar sus pantorrillas de bailarines de ballet, de las que se sent\u00edan muy orgullosos. Como era el caso de Luis XIV.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n aparece la llamada peluca a la Ramillies. Una larga melena artificial\u00a0 rizada, que se eleva en un par de tupes sobre la cabeza y cae por la espalda y los hombros. Otro truco para darse m\u00e1s empaque y altura.<\/p>\n<p>El resto eran otras prendas de vestir como las apabullantes casacas, los largos chalecos casi hasta la rodilla llamados \u201cjupe\u201d -que en espa\u00f1ol dan origen a la palabra \u201cchupa\u201d, todav\u00eda hoy en uso para referirse a cualquier clase de chaqueta-, ce\u00f1idos calzones que resaltan a\u00fan m\u00e1s la altura y estilizaci\u00f3n conseguida por los zapatos de tac\u00f3n alto para hombres, grandes sombreros emplumados -a m\u00e1s rango social, m\u00e1s plumas- y, en conjunto, toda una serie de artefactos que resaltan la magnificencia del personaje -Luis XIV- y de la corte y el pueblo que lo rodeaba como los planetas y sat\u00e9lites giran en torno al sol. Desde las armas y las banderas de sus numerosos ej\u00e9rcitos hasta los palacios, las sillas de montar, etc, etc&#8230;<\/p>\n<p>En definitiva: el lujo al servicio de un hombre acomplejado que trata de imponerse a los dem\u00e1s por medio de estas pr\u00f3tesis psicol\u00f3gicas y, sobre todo, y eso es mucho peor, llevando la guerra a toda Europa. No descubro nada nuevo. Todo ha sido ya contado, magistralmente, en libros de Historia como \u201cLa fabricaci\u00f3n de Luis XIV\u201d o \u201cLa esencia del estilo\u201d. A ellos me remito, y les remito.<\/p>\n<p>Luis XIV ten\u00eda muy buenos motivos para rodearse de todo ese impresionante teatro para subrayar su propio poder, para parecer m\u00e1s amenazante y fuerte de lo que en realidad era, pues ten\u00eda ante \u00e9l enemigos tenaces y obstinados. Y, desde luego, no carentes de fuerza.<\/p>\n<p>El estat\u00fader holand\u00e9s Guillermo de Orange, por ejemplo. El mismo que desde 1688, y por medio de un golpe de estado conocido como \u201cRevoluci\u00f3n gloriosa\u201d, se har\u00e1 con el control de un importante dolor de est\u00f3mago pol\u00edtico para Luis XIV: Gran Breta\u00f1a y su naciente imperio colonial.<\/p>\n<p>De ese modo Francia, la Francia de Luis XIV buena para aterrorizar a peque\u00f1os pr\u00edncipes alemanes e italianos y molestar a otros m\u00e1s poderosos, se ve rodeada por dos potencias hostiles que ocupan la mayor parte del mapa terrestre: la Gran Breta\u00f1a de Guillermo de Orange, convertido en Guillermo III y la Espa\u00f1a de Carlos II&#8230;<\/p>\n<p>S\u00ed, ya s\u00e9 que esto puede sonar un poco raro. determinados d\u00e9ficits de investigaci\u00f3n hist\u00f3rica (tan comunes en Espa\u00f1a) nos han acostumbrado a creer que la Espa\u00f1a de Carlos II no val\u00eda ni para dar pena, que el rey estaba hechizado, loco, idiota&#8230; Puede ser, aunque a\u00fan faltan muchos estudios serios sobre un rey que intentaba, al menos intentaba, sobreponerse a las taras cong\u00e9nitas que hab\u00edan hecho de \u00e9l un triste ser humano. De lo que no deber\u00eda haber duda es de que la monarqu\u00eda imperial de la que era rey titular y que controlaba la mayor parte de Am\u00e9rica del Sur, una gran parte de la del Norte, posiciones estrat\u00e9gicas en las actuales Italia y B\u00e9lgica, en Asia y en \u00c1frica&#8230;, era un enemigo formidable para Luis XIV. Sobre todo aliada, por circunstancias desde luego, con los Pa\u00edses Bajos de Guillermo de Orange a los que, desde 1688, se suman Gran Breta\u00f1a y sus posesiones coloniales en Am\u00e9rica y Asia.<\/p>\n<p>Un panorama nada alentador para Luis XIV, pues tal y como nos lo cuenta Lord Macaulay en su \u201cHistoria de Inglaterra desde Jacobo II\u201d, la alianza hispano-holando-brit\u00e1nica convierte a la mayor parte del Mundo en un panorama muy hostil para el rey Sol y sus man\u00edas de grandeza a las que, como se suele decir coloquialmente, se les acaba la tonter\u00eda en esos momentos, hacia 1678&#8230;<\/p>\n<p>As\u00ed es, puede que Carlos II estuviese, la mayor parte del tiempo, medio ido, pero sus ministros, sus oficiales militares y tropas extendidas por el ancho mundo, sus administradores, sus funcionarios&#8230; sab\u00edan perfectamente lo que se hac\u00edan.<\/p>\n<p>Eso lo sab\u00eda, tambi\u00e9n perfectamente, una vez m\u00e1s, Lord Macaulay, que as\u00ed nos lo cuenta en su \u201cHistoria de Inglaterra desde Jacobo II\u201d, se\u00f1alando que en los momentos en los que Guillermo de Orange ca\u00eda v\u00edctima de su precaria salud, qued\u00e1ndose en estado catat\u00f3nico durante semanas -cualquiera dir\u00eda que estaba tambi\u00e9n hechizado&#8230;- era el embajador espa\u00f1ol en Londres, don Pedro Ronquillo, el que se encargaba de presidir la mesa del Consejo de Ministros brit\u00e1nico&#8230; para dictarles instrucciones, de acuerdo al viejo principio de que quien paga, manda.<\/p>\n<p>Como era el caso de aquella Espa\u00f1a, due\u00f1a de las mejores minas de oro y plata del Mundo que mantienen en pie una poderosa alianza militar que, finalmente, en 1700, lleva a Luis XIV a llamar humildemente a la puerta del palacio de los Austrias de Madrid, para conseguir por medio de las intrigas cortesanas y la diplomacia lo que no hab\u00eda conseguido con d\u00e9cadas de guerra. Es decir, poner de su lado a la que, pese a su propio rey, sigue siendo una de las principales potencias mundiales.<\/p>\n<p>Y es que puede que Luis XIV estuviera algo desequilibrado, que fuera un megal\u00f3mano, pero desde luego no era tonto y sab\u00eda lo que necesitaba para no ver Versalles tomada por una coalici\u00f3n de tropas holandesas, brit\u00e1nicas, italianas, alemanas&#8230; y, sobre todo, espa\u00f1olas, que eran las que pagaban, al fin y al cabo, aquel festival b\u00e9lico desde 1660 en adelante. Independientemente del estado f\u00edsico y mental de su rey que, como espero hayamos visto, no era mucho peor que el de otros coronados colegas suyos como el propio Luis XIV o Guillermo III.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Como ya saben quienes siguen estos correos de la Historia muchas veces suelen estar inspirados y sugeridos por amigos, familiares, etc&#8230; del historiador que, casi siempre, firma estas p\u00e1ginas cada lunes. Es decir, yo mismo, el habitualmente aludido en los comentarios de algunos lectores como \u201csr. 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