Armstrong y su médico tienen que apretar los glúteos | Correr x correr

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Antxon Blanco

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Armstrong y su médico tienen que apretar los glúteos

Un agujero negro sin fin. Así define el periódico La Gazzetta todo el tinglado montado por el doctor italiano Michele Ferrari. Decenas de ciclistas implicados, por supuesto Lance Armstrong, equipos completos enredados de forma directa en un sistema de dopaje masivo. Una lástima para el ciclismo, para el deporte… y que otras especialidades no se escandalicen hipócritamente porque también tienen pecado.

Mi capacidad de asombro se está agotando leyendo todas las informaciones sobre Michele Ferrari, el doctor apodado ‘El Mito’ en el pelotón ciclista. Conocía de sus ‘capacidades’ de mejorar el rendimiento deportivo con métodos sospechosos y prohibidos. Pero ignoraba su entramado jurídico-financiero y su oferta del ‘todo incluido’ brindando un programa de dopaje, las claves para superar los controles, un abogado en el caso de dar positivo y especialistas en hematología. El astuto Ferrari no dejaba flecos. En su grupo aparecen hasta ejecutivos bancarios. Evidente, era un negocio con beneficios que alcanzaban los 30 millones de dólares.  Y con ese volumen de ganancias era clave tener un efectivo sistema de blanqueo de dinero y evasión fiscal.

Las conversaciones grabadas por los carabinieri no dejan ninguna duda de lo que ha ocurrido durante años, décadas. Y afirmo ésto porque en los años 90, en una entrevista que realicé a Ferrari me impactó su catadura moral y su desparpajo en el tema del dopaje. Me reafirmó que el deporte no podía caminar de forma paralela al dopaje y estos doctores sin escrúpulos (ya tuve experiencias negativas con médicos españoles), que la tolerancia cero debía llegar desde todos los estamentos, también desde el periodístico. Ferrari no presentaba fisuras en la necesidad de apoyar el rendimiento deportivo con sustancias ‘recuperatorias’.

Prometo que intenté meter el aguijón por todos los flancos posibles. Cuando el doctor italiano notó cierto incomodo por las preguntas, me dijo con un tono de voz elevado: “¿Y tú no crees que dar diez zumos de naranja a una persona puede empeorar su salud? Igual le produce colitis? Y Ferrari fue más allá en su ataque al periodista: “También los atletas africanos están en desventaja con los europeos porque no pueden acceder a medicamentos básicos. El deporte es injusto en ocasiones. Quien tiene más medios mejorará su rendimiento. Y ésto será siempre”.

Las escuchas en el entorno de Ferrari van a ser un filón de noticias y de escándalos y de confirmación de sospechas. Quienes abogan por un deporte limpio, son días de alegría contenida. Nunca un proceso así mejora la imagen del deporte. Es injusto y lastimoso, pero necesario. No me tiembla el teclado en escribirlo. Y quien no lo entienda así, considero que no debería pertenecer a la familia del deporte.

No creo que a Armstrong y a Ferrari les valga ni tan siquiera apretar los glúteos. En el libro del exciclista Hamilton ‘La carrera secreta’, relata que se sometió al detecter de mentiras y que pasó la prueba, pero que, antes, había leído en internet los métodos para engañar a la máquina y apretar los glúteos era uno de ellos.

 

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