La experiencia dice que no. Al menos en su totalidad. Preguntar si es posible evitar una muerte en el deporte es como cuestionarse si existe algún mecanismo para impedir que se produzcan infartos, muertes súbitas, en el sofá de casa, en la calle, o cuando estás de vacaciones. Piensen unos segundos la respuesta y trasládenla a la pregunta referida al deporte.
Esta reflexión viene al hilo, por supuesto, del fallecimiento el domingo de una joven corredora navarra en la Behobia San Sebastián. Los mismos cardiólogos, médicos especialistas en deporte, ladean la cabeza cuando se les cuestiona las razones de estos fallecimientos en deportistas, en muchos casos, muy bien preparados para realizar prolongados esfuerzos. “No conocemos todo lo que sucede en el corazón”, argumentan.
La intervención en segundos de tres personas -una de ellas médico- de la asistencia sanitaria tras derrumbarse la atleta fallecida, indica que aunque los mecanismos de ayuda sean los adecuados, estos fatales accidentes suceden. Y han ocurrido en las más prestigiosas maratones del mundo, con un protocolo de asistencia muy desarrollado, similar al que en la Behobia vemos. Muy mejorado en la última década. Los dos sucesos en 2002 y 2010 con muerte de dos corredores, concienciaron aún más a la organización de intensificar las líneas de prevención. Y creo que se ha hecho de forma positiva, aunque desgraciadamente no garantice un revés como el sufrido el domingo.
Ahora llegará el debate de si es exigible un control médico de los participantes y si algunos de los que corren realizan la adecuada preparación. Los dos aspectos son incontrolables por parte de una organización. El tema de los test de esfuerzo o controles, es recurrente. Incluso se puso el ejemplo de algunas competiciones en Europa que obligaba a realizarlos a los participantes. Ni tan siquiera así evitaría el riesgo al 100% de una muerte súbita. ¿Reduciría el porcentaje de posibilidades? Posiblemente. Pero qué me dicen de deportistas profesionales, de alto rendimiento, que han fallecido en la práctida deportiva y a escasos metros de médicos que no pudieron hacer nada por salvar sus vidas.
El tema de la preparación cara a una prueba como la Behobia es otro análisis. Desde siempre entrenadores, médicos y atletas experimentados, han recomendado, casi exigido, que los corredores no se tomen a broma la Behobia, que durante unas semanas empleen unas horas al día para entrenar, mejor si son asesorados por alguien conocedor del tema deportivo.
Nunca he sonreído a quien me decía bravuconamente que tenía dorsal para la Behobia y que no había entrenado nada. Mi respuesta siempre era similar: “Mejor que te quedes en casa”. Y creo que nunca me hicieron caso.
Y no es cuestión de ritmos, ni del potencial deportivo de una persona. Ha habido casos de atletas al borde de la muerte en la Behobia con marcas de 1h10. Puede suceder que un corredor llegue sin riesgo alguno y sus ritmos han sido de 4 minutos por kilómetro, y sin embargo otro de seis minutos, va horrorosamente mal.
En una masa de corredores como son los grandes maratones o la propia Behobia, los riesgos de vivir una fatalidad lógicamente aumentan exponencialmente. Los interrogantes se abren para reflexionar si es necesario seguir creciendo más. El año próximo, bodas de oro de la Behobia, se anuncia un cupo de 30.000 dorsales. Seguro que, nuevamente, alguien plantea si el pelotón debe seguir creciendo. Difícil respuesta.