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	<title>El tren de las siete | Historias cotidianas</title>
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	<description>Crónicas escondidas para lograr un mundo diferente.</description>
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		<title>El tren de las siete | Historias cotidianas</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Sep 2023 18:33:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guzmán Villardón</dc:creator>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p><span style="font-weight: 400;">“Ha recordado nuestro primer beso”. Eso fue lo que pensé cuando vi la cara de Edurne mientras se acercaba al bar “Góngora” que era nuestro favorito.</span></p>
<p> </p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p><span style="font-weight: 400;">Mientras tomábamos un café ella me puso al día de los más de cinco años que no nos veíamos. Habíamos salido en nuestra juventud. Ambos iniciamos el camino de la sexualidad juntos. Y eso nos unía para siempre, o eso me dijo ella el día que dejó la relación . Estuvimos más dos años juntos. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Ella no paraba de hablar, pero yo no le hacía mucho caso. Me distraía mirando sus labios, su pelo, sus manos. Había sido mi primer gran amor. Cuando íbamos a terminar la conversación le pregunté por la señora María, su madre. Me dijo que como siempre. Seguimos hablando de sus estudios de Bellas Artes, de su trabajo en la Escuela de danza y no sé de qué otras cosas más porque yo seguía asintiendo a todo, pero estaba más pendiente de sus movimientos que de lo que me contaba. Al finalizar me dijo que iba a ir a buscar a su madre. Entonces pensé que si no le importaba, le acompañaría. Ella me contestó que sin problema y nos acercamos a la estación de tren que estaba a cinco minutos andando.</span></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p> </p>
<p><span style="font-weight: 400;">Al ver a la señora María me quedé petrificado. Sin capacidad de poder hablar. Iba vestida con la misma ropa que le vi la última vez, en el funeral de su hijo Jose, mi mejor amigo de la infancia. Para ella el tiempo, su tiempo, se había detenido aquella tarde que su hijo tenía que haber llegado en el tren de las siete pero había descarrilado y Jose fue una de las 18 víctimas que fallecieron en el accidente. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Cada tarde de los últimos 27 años, la señora María se vestía con la misma ropa, salía de casa hacia la estación de tren con la misma ilusión y regresaba con la misma decepción. </span></p>
<p> </p>
<p><span style="font-weight: 400;">A la memoria de la señora María que ya hace unos años que nos dejó. </span></p>
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