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Jon Piorno

Detrás de los focos

Andy Irons, el trágico final del chico rebelde del surf

¿Qué hubiese pasado si Andy Irons no hubiese sido vencido por sus demonios en aquella trágica noche del 2 de noviembre de 2010 en un hotel de Dallas? Deportivamente era el único surfista que podía hacer sombra y vencer al imbatible Kelly Slater. Su agresivo estilo de surfear enamoraba a cualquier persona que amase este deporte. Un tipo que aunque se mostrase duro por fuera, en realidad era un hombre sensible y con un gran corazón.

El surf volvía a ser emocionante con Andy Irons, la rivalidad que mantenía con Kelly Slater trajo la alegría del público que veía cómo por fin alguien ponía en apuros al de Florida. Lograba el campeonato del mundo en tres ocasiones (2002, 2003 y 2004) y hasta las marcas de ropa aprovechaban el momento para acrecentar esa rivalidad: Billabong se unía a Andy y Quiksilver a Kelly Slater.

Comienzos en el Surf

Andy Irons creció en un lugar clave y privilegiado del surf, en Oahu, concretamente en la costa norte de la isla donde podemos encontrar míticas playas como Banzai Pipeline o Sunset Beach, lugares tan bellos como arriesgados para surfear donde las olas son extremadamente altas y sus aguas poco profundas con peligrosos y afilados arrecifes, de hecho se ha convertido en una de las zonas surferas con más índice de mortalidad.

Llevaba el surf en la sangre, su padre Phil además de trabajar como carpintero practicaba el surf, y Andy pasó la infancia cogiendo olas junto a su hermano Bruce, llegando los dos a convertirse en profesionales.

 

Andy pronto se iba a caracterizar por su salvaje estilo de surfear. Intrépido, agresivo y competitivo, arriesgaba con las olas más peligrosas haciendo tubos imposibles, pero también era impresionantemente bueno con las olas pequeñas.

 

Pero Andy Irons no solo tenía una actitud salvaje encima de la tabla de surf sino que también fuera del agua. Era una especie de rebelde en el mundo del surf, un rockero de las aguas al que le gustaba vivir demasiado rápido. Su carácter golpeaba de lleno con el de su archienemigo Kelly Slater, que llevaba una vida sana y era el hijo que toda madre querría tener.

La muerte

Fue el 2 de noviembre de 2010 cuando dos miembros del personal de un hotel de Dallas encontraron muerto a Andy Irons, tumbado de espaldas en la cama y con las sábanas hasta la barbilla. Pero todo comenzó unos días antes en Puerto Rico, donde se disputaba la prueba de Rip Curl perteneciente al circuito mundial de surf. Comenzaba la competición y Andy no aparecía. Unos decían que estaba enfermo y otros que de fiesta, le llamaban para comenzar su manga pero él no aparecía. Público, competidores y amigos comenzaban a preocuparse.
La familia y la marca Billabong dijeron que Andy había contraído dengue cuando competía en Peniche (Portugal), y que abandonó Puerto Rico cuando se encontraba enfermo para viajar a Hawaii donde su mujer Lyndie iba a dar a luz, pero Andy perdió el vuelo que le llevaba a Hawaii y tuvo que alojarse en un hotel de Dallas.

 

La primera autopsia indicaba que murió de un paro cardiaco repentino por el bloqueo de las arterias principales del corazón, pero el médico forense Nizam Peerwani sumaba una nueva causa de la muerte, la ingestión aguda de drogas mezcladas: alprazolam, metadona (oxycontin que se utiliza para tratar la adicción a la heroína), benzoilecgonina y algo de metanfetamina. Los rastros de benzoilecgonina encontrados son por la degradación de la cocaína, al igual que la metanfetamina ya que dicha sustancia estaría presente en la cocaína, porque el surfista no consumía esta droga según su mujer. El Alprazolam se justificaría por causas médicas ya que pudo ser terapéutico. Su propia familia justificaba el consumo de Xanax y Zolpidem, ya que a los 18 años se le detectó un trastorno bipolar, y tomaba esta medicación para tratar el insomnio y la ansiedad, al igual que el Ambien, un medicamento para ayudar a dormir.

Pero no era la primera vez que Andy Irons se sobrepasaba con la droga o la bebida. Durante su 21 cumpleaños en Indonesia el surfista cogió una botella de Jack Daniels y no paró de beber hasta desmayarse y dejar de respirar. Sus amigos se preocuparon al ver que su rostro se ponía de color azul y que no respondía a nada, hasta que otro surfista le consiguió despertar haciéndole la reanimación cardiopulmonar. Le llevaron a un modesto hospital donde tuvo un paro cardiaco, y tuvieron que trasladarlo a un hospital más grande para llevarlo a la UCI. Allí tuvo otra parada cardiorespiratoria, entró en coma y le colapsó un pulmón, por fin un rato después salió del coma al lograr recuperarle el pulmón.


Muchos cuentan que no soportaba la presión, que su cerebro no asimilaba la derrota. Andy cogía las olas con tantos riesgos como vivía la vida, pero detrás de ese tipo con fuerte carácter se encontraba una persona sensible que escondía sus debilidades tras una coraza.

 

Con su mayor competidor, Kelly Slater, tuvo una relación amor-odio en la que terminó pudiendo más el amor y el respeto que ambos se tenían. Porque pese a aparentar ser personas completamente diferentes, en realidad eran más parecidos de lo que ambos creían. Kelly despidió así a Andy:

“Andy fue un individuo absolutamente dotado. Tengo suerte de haberlo conocido y haber tenido los momentos que tuvimos juntos. Me siento bendecido por haber trabajado en las diferencias que tuvimos y que yo pude ser capaz de aprender de qué estaba hecho por Andy.

Disfrutamos muchos momentos de relajo juntos con nuestras chicas en el último año y conocí a un feliz e inocente niño que era feliz de vivir cada segundo con la gente que él amó. Estoy muy triste. Mis pensamientos están con Bruce y Lyndie y sus padres y todos sus mucho amigos alrededor del mundo. Es una enorme y demasiado prematura pérdida para todos nosotros.

Él fue el más intenso competidor que nunca conocí y uno de los más sensibles como persona. Él tenía mucha vida por delante y duele pensar en eso. Buscaremos atrás en su memoria y la llevaremos en la nuestra con nuestros recuerdos de él, a su hijo que viene en camino. Hay muchos tíos esperando por su llegada. Realmente extraño a Andy. Él realmente tenía un buen corazón. Con amor, Kelly.”

 

El deporte es la perfecta excusa para contar impactantes historias que las cámaras no llegan a captar.

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