De entrada no negaré que se me cayó un muro encima cuando leí la primera versión de lo que decidían los jueces del alto tribunal, pero yendo al meollo del asunto me quedo más tranquilo, porque la sentencia toca asuntos periféricos que no alteran definitivamente que Anoeta pueda ser remodelado y se convierta de hecho en un campo de fútbol, sólo para el fútbol u otros acontecimientos, pero con una capacidad mayor a la actual y mayor proximidad al juego.
El recurso presentado en su día ante el acuerdo del pleno, unánime por cierto, que unanimidad hoy en día en el ayuntamiento donostiarra pocas veces habrá pasado, ha tenido una sentencia que da la razón en aspectos al que fuera concejal de urbanismo, pero el nudo gordiano del asunto está a salvo. La Real presentará el proyecto que ya tiene terminado, lo retocará un poco en cuanto a la construcción de esas torres periféricas al campo, pero podrá seguir con su plan de remodelación interna del estadio. Es verdad que esos metros que se lograban para otros usos facilitarían un dinero que la Real pretendía utilizar para el manteniemiento de las instalaciones, pero que no alteran en exceso el montante de fimanciación que espera conseguir para sacar adelante esa remodelación. Así que hay que leer muy en profundidad la sentencia, lo están haciendo los juristas de la Real y del ayuntamiento donostiarra que ahora se plantearán si merece la pena presentar el recurso de casación necesario de hacer antes del 24 de abril ante el Supremo. No obstante, de no mediar ese recurso, tampoco se termina la prestensión realista, porque el propio Tribunal de Justicia del País Vasco asegura que no entra en valorar si la remodelación se puede hacer o no, lo que insiste es que no se puedan utilizar metros del exterior del campo. Ese es el tema.