Hasta en el país de las paradojas resulta insólito que una centenaria se vea envuelta en un asunto de corrupción de menores. Y sin embargo, es lo que le acaba de suceder a la Real, el perro flaco que recomiendan nueve de cada diez pulgas XXL.
Lo bueno del mundo del fútbol es que enseguida se genera masa crítica, por enrevesado que sea el tema. Así, el caso del ojeador francés condenado a tres meses de cárcel y diez años de inhabilitación para trabajar con menores por enviar mensajes inapropiados a un futbolista de trece años ya ha alumbrado dos escuelas de pensamiento.
La primera se pregunta si el mensaje incluía una imagen pornográfica explícita con ánimos que resulta desasosegante sólo imaginar. La segunda, si se trata de una fotografía tomada en la playa, acompañada de un texto del tipo: “Ven a la Real, que ya verás que chicas tan guapas hay en San Sebastián”. Ambas hipótesis imaginativas desembocan en lo inaceptable, si bien es cierto que en diferentes grados.
El móvil y -en menor medida- el correo electrónico se han convertido en los ingenios tecnológicos en los que cada cual deposita sus mejores miserias y, pese a su demostrada permeabilidad, conservan intacta sus funciones de basurero espiritual.
Desde la compra-venta de políticos hasta la infidelidades matrimoniales, desde los delitos de pederastia hasta las amenazas más inmundas, todo parece pasar por el uso indiscriminado del móvil, un artefacto que, no obstante, deja siempre más rastros que ‘Garbancito’. Quizás estemos ante la versión mejorada y personalizada del tradicional perro-policía.
En el caso de ojeador, el condenado ya ha recurrido la sentencia, asegurando que “puede que estuviera fuera de lugar, pero era una broma”. La Real, por su parte, le ha apartado de sus funciones, ignorándose si le asignado otras nuevas, puede que en el campo de los mayores de edad.
En cualquier caso, urge acotar el fenómeno antes de que se extienda. Ya habrá quién esté repasando las fotos de las diferentes plantillas realistas para, llegado el caso, preguntarse: “¿Alguien sabe quién fichó a este central tan torpe y agraciado?”