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Alberto Moyano

El jukebox

Aún no hemos dicho nuestra última palabra, pero casi

Si la población fuera sometida a un régimen de picoteo libre desde primera hora de la mañana, llegada la hora de comer no tendría hambre, circunstancia que provocaría la quiebra de bares, restaurantes, tiendas de ultramarinos y grandes supermercados. Algo parecido está sucediendo en el mundo de la prensa, reproduciendo el mismo esquema de demolición ya aplicado antes con notable éxito en otros sectores de la producción cultural. El prestigio que antaño otorgara llevar bajo el brazo determinada cabecera periodística se ha transferido actualmente al que proporciona ir por la vida con un portátil en bandolera.

En este proceso, la aplastante mayoría absoluta que rige con mano de hierro los destinos del mundo, conformada por los partidarios del todo gratis, han encontrado a su mejor aliado en los gestores de las empresas de comunicación que, con gran visión de futuro, han dejado todas las decisiones en manos de su power point, el cual, a su vez, siempre termina dándoles la razón y así se cierra el catastrófico círculo. Como resultado, proliferan de forma simultánea los periodistas en paro y los chamanes de los nuevos modelos de negocio que, aunque jamás terminan de funcionar, tampoco menoscaban el inagotable crédito del que gozan sus profetas. En caso de duda, se recuerda a la audiencia que el futuro pasa por el genérico “hay que reinventarse”. Para cualquier aclaración al respecto, se ruega acudir a la ventanilla del INEM más próxima, en donde les darán cumplida información sobre el significado terminal del eufemismo.

La primera regla que te inculcan en la Facultad de Ciencias de la Información es que el periodista nunca debe protagonizar la noticia, ergo hablemos de otras cosas. Por ejemplo, cuando se repite con fervor salafista que “sin periodistas, no hay periodismo” se nos priva de la segunda parte del silogismo, la que omite que sin lectores no hay ni lo uno ni lo otro, entendiendo por lectores ese grupo personas dispuestas a ofrecer algo a cambio de algo, una especie en extinción. El copago e incluso el repago se acepta con la deplorable sumisión en algunos casos, en tanto en otros se exige ese armisticio incondicional que es el acceso gratuito a todo.

Cuando los presidentes de los consejo de administración de la prensa proclaman ante sus accionistas que “el periódico pertenece a sus lectores” difunden de forma inconsciente una verdad que ellos mismos ignoran. Por eso, a base de monocultivo ideológico, el periodismo ha desembocado en una rama de la ganadería intensiva, especializada en la creación de granjas ideológicas en las que pastan a diario acólitos e incondicionales -lo mismo de derechas que de izquierdas-, cual yonkis en ‘cunda’ hacia Las Barranquillas. Fuera de ahí, la intemperie, de la que se defienden al grito de “¡todos los medios mienten y manipulan!”, proferido con la misma convicción con la que el Tea Party sostiene que todas las drogas son malas.

Los compañeros del Noticias de Gipuzkoa inician hoy una huelga de cuatro días en protesta por el despido de 21 trabajadores. No demandan la suspensión del ERE de extinción, ni están diciendo cómo debe gestionarse la empresa. Sólo piden que la empresa proceda de forma coherente de acuerdo con la opinión que sobre la última reforma laboral expresó en su día en un solemne editorial. Una vez más, son los propios periodistas quienes han de salir al rescate de la credibilidad del periódico.

Actualización: los compas del Noticias han desconvocado la huelga tras llegar a un acuerdo con empresa. Me alegro muchísimo por los que se hayan salvado de la criba, pero dieciséis serán despedidos, así que tampoco procede dar la enhorabuena. Por otro lado, menos es nada.

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