Las bandas tributo, los grupos que secuestran la genialidad ajena interpretando íntegros discos que nunca grabaron, la clonación de réplicas de pinturas rupestres, la falsificación de marcas de bolsos y complementos, los conciertos de imágenes temblorosas y sonido infame colgados en youtube, los simuladores de vuelo, los parques temáticos, los museos con discurso cerrado, los cigarrillos electrónicos, la cerveza sin alcohol, los efectos especiales como metadona contra el síndrome de abstinencia de guión, el cine de aturdimiento, los libros de memorias escritos por ‘negros’, los ‘realities’ guionizados, los debates con reparto de papeles, la caridad disfrazada de maratón solidario, los artistas que improvisan espontáneamente ‘performances’ de hace medio siglo, el playback, los pregrabados, la ventriloquía, la paisajes en croma, las personas ‘Milli Vanilli’, los cuadros digitalizados para pantallas pigmeo, los discos sin letras, ni créditos, ni carátula; las McVillas, las urbanizaciones Potemkin, la arquitectura «al servicio del ser humano» en la que no hay forma de encontrar la puerta; la cyclostatic, la cinta de correr, la máquina de remos y demás artefactos para desplazarse por el mundo sin salir del gimnasio; las lágrimas de cocodrilo, la cirugía rejuvenecedora de cuerpos vetustos, los partidos amañados, los plusmarquistas del dopaje, la arquitectura de maquetas, los triunfos en la wii, los patizambos que de la Play, las elecciones primarias coreografiadas, el falso directo, los despidos simulados y en diferido, el atrezzo de los mítines, los modelos que ejercen de extras, el café en capsulitas, las imágenes de cadáveres sirios datados en Venezuela y viceversa; las entrevistas hipereditadas, el periodismo ciudadano, las noticias urgentes de las redes sociales, las emociones desatadas justo antes de «irnos a publicidad», los falsos profetas, los expertos de pega, la letra pequeña como sucedáneo de la tinta simpática, los romances de promoción, las críticas de libros no leídos, películas no vistas y exposiciones no visitadas; los discursos impostados, los directores que no están en condiciones de responsabilizarse del montaje final de su película, la cultura sustraída, la cultura para la convivencia a garrotazos, los comisarios –también los de arte–, las opiniones inoculadas, los edificios inteligentes, los cantautores de las letras ajenas, la falsa improvisación, los finales felices, también los alternativos.