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Alberto Moyano

El jukebox

'El asco', de Horacio Castellanos Moya

Siguiendo la tradición de este blog que cada 23 de abril reproduce el fragmento de un libro, aquí van unos extractos de ‘El asco – Thomas Bernhard en San Salvador’ (Ed. Tusquets), de Horacio Castellanos Moya.

“San Salvador es horrible, y la gente que la habita, peor, es una raza podrida, la guerra transtornó todo, y si ya era espantosa antes de que yo me largara, si ya era insoportable hace dieciocho años, ahora es vomitiva, Moya, una ciudad realmente vomitiva, donde sólo puede vivir personas realmente siniestras o estúpidas, por eso no me explico qué hacés vos aquí, cómo podéis estar entre esta gente tan repulsiva, entre gente cuyo máximo ideal es ser sargento, ¿los has visto caminar, Moya?, yo no lo podía creer cuando vine, me parecía la cosa más repulsiva, te lo juro, todos caminan como si fueran militares, se cortan el pelo como si fuera militares, piensan como si fuera militares, espantoso, Moya, todos quisieran ser militares, todos serían felices si fueran militares, a todos les encantaría ser militares para poder matar con toda impunidad, todos traen las ganas de matar enla mirada, en la manera de caminar, en la forma en que hablan, todos quisieran ser militares para poder matar, eso significa ser salvadoreño. Moya, querer parecer militar, me dijo Vega. Me da asco, Moya, no hay algo que me produzca más asco que los militares, por eso tengo quince días de sufrir asco, es lo único que me produce la gente en este país, Moya, asco, un terrible, horroroso y espantoso asco (…) Por eso me da risa que vos estés aquí, Moya, no entiendo cómo se te ha podido ocurrir venir a este país, regresar a este país, quedarte en este país, es un verdadero absurdo si a vos lo que te interesa es escribir literatura, eso demuestra que a vos no te interesa escribir literatura, nadie a quien le interese la literatura puede optar por un país tan degenerado como éste, un país donde los pocos que pueden leer jamás leerían un libro de literatura, hasta los jesuitas cerraron la carrera de literatura en su universidad, eso te da una idea (…) todos los jóvenes quieren estudiar administración de empresas, eso sí interesa, no la literatura, todo el mundo quiere estudiar administración de empresas en este país, en realidad en pocos años no habrá más que administradores de empresas, un país cuyos habitantes serán todos administradores de empresas, ésa es la verdad, ésas es la horrible verdad, me dijo Vega. A nadie le interesa ni la literatura, ni la historia, ni nada que tenga que ver con el pensamiento o con las humanidades (…) Y todavía hay despistados que llaman ‘nación’ a este sitio, un sinsentido, una estupidez que daría risa si no fuera por lo grotesco: cómo pueden llamar ‘nación’ a un sitio poblado por individuos a los que no les interesa tener historia ni saber nada de su historia, un sitio poblado por individuos cuyo único interés es imitar a los militares y ser administradores de empresas. (…) Los políticos apestan en todas partes, Moya, pero en este país los políticos apestan particularmente, te puedo asegurar que nunca había visto políticos tan apestosos como los de acá, quizá sea por los cien mil cadáveres que carga cada uno de ellos, quizás la sangre de esos cien mil cadáveres es la que los hace apestar de esa manera tan particular (…) Nunca he visto políticos tan ignorantes, tan salvajemente ignorantes, tan evidentemente analfabetos como los de este país, Moya, resulta claro para cualquier persona mínimamente instruida que los políticos de este país tienen especialmente atrofiada la capacidad de lectura, a la hora de hablar se les nota que desde hace tiempo no ejercen su capacidad de lectura, resulta evidente que lo peor que les podría suceder a los políticos es que alguien los obligara a leer en voz alta, ante un público, sería tremendo, Moya, te aseguro que en este país no hay necesidad de hacer un debate de ideas entre candidatos, resultaría suficiente prueba que los candidatos leyeran cualquier texto en voz alta ante un público, te juro que poquísimos pasarían esta prueba de leer de corrido en voz alta (…) no importan si son de derecha o de izquierda, son igualmente vomitivos, igualmente corruptos, igualmente ladrones, se les nota en la cara la ansiedad por robar lo que puedan, unos sujetos realmente de cuidado (…) Es horrible pensar la alegría con la que la gente se hizo matar en este país, la facilidad con que miles fueron al sacrificio como borregos enarbolando sus causas vomitivas, dispuestos a morir por sus causas vomitivas. ¿Y todo para qué? Para que una partida de ladrones con disfraz de políticos se repartan el botín. Es increíble, Moya”.

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