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Alberto Moyano

El jukebox

Aclaración

Buenas.

Nací blanco, varón, heterosexual y en un país del primer mundo. Ese país tiene un himno y una bandera. Pertenezco por origen a una clase social y por fecha de nacimiento, tengo la edad que me toca. Todas estas cosas las soy desde que me levanto de la cama hasta que me acuesto en ella porque ni una de ellas las he elegido y, sin embargo, me definen. Me definen, vale, pero no tanto como me definen otras cosas que por el camino he ido eligiendo ser y son fruto de mil y un descartes: las que me encontré en la vida, en las amistades, en el amor, en los relatos que leí, en las historias que me contaron, en los trabajos que desempeñé, en los bares en los que perdí -es decir, gané- el tiempo y en las canciones que escuché. De todo eso saqué cosas y algunas decidí me las incorporé, algunas sin que quisiera ni pudiera evitarlo. Y me reconozco en ellas algo más que en esas circunstancias que también forman parte de mí, sin que yo las eligiera. Lo sé porque conozco a miles de blancos, varones, heterosexuales, de mi edad, nacidos en mi mismo país y de idéntica clase social, y en un porcentaje nada desdeñable se me antojan auténticos marcianos con los que, para bien y para mal, no tengo nada que ver. Es más: por ser varón, blanco, heterosexual y demás no soy un violador en potencia, igual que no soy ni un héroe en estado larvario, ni un soldadito en etapa latente, ni anida en mi interior un posible Che Guevara, ni soy un nuevo Einstein que se quedó a medias. No estoy en guerra y desde luego, no lo estoy en ninguna en la que no haya escogido estar. De hecho, cada vez que oigo ‘guerra’ recuerdo que de absolutamente todas hay quienes -unos pocos- extraen magníficos beneficios, así que cuando leo “es una guerra” antes que nada me pregunto quién será en esta ocasión el agraciado. Generalmente, suele ser el que se apresura a proclamarla. No acepto los ‘vosotros’, los ‘vosotros’. “Os habéis portado mal”, dicen indiscriminadamente los padres a los hijos. Un respeto: igual me he portado mal solo yo, no mi hermano. Me sublevo contra la proyección de esta tesis a otros ámbitos de la existencia y a lo largo de toda la vida.

Como todos los demás, soy lo que he escogido dentro de lo que he podido, mitad intenciones, mitad incoherencias, todo contradicción. Ni estoy en guerra con nadie, ni soy ‘aliado’ de nada. Siento que formo parte de algunas cosas por decisión propia y de otras porque lo quiso el azar, pero de guardar alguna lealtad, será exclusivamente hacia las primeras. Y de todas las demás me he excluido voluntariamente y no estar en un lado es una forma de estar en cualquier otro. Y en estas coordenadas andan más o menos los márgenes de la libertad, que no es algo con lo que te levantes de la cama y lo lleves puesto hasta que te acuestas, sino que lo que te ganas cada día, con desigual fortuna por supuesto, porque los días son muchos y las debilidades aún más. A mí, como a todos vosotros, me define lo que hago, muy por encima de lo que soy o de lo que digo ser.

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