Dada nuestra situación geográfica y tras descartarse que fuera euskoautóctona -demasiado sociable-, había varias posibles opciones en cuanto a su nacionalidad. Podía ser la típica ‘carabela francesa’, pero su desdén por los pintxos hizo descartar esa posibilidad. La hipótesis de los ‘piratas somalíes’ se descartó desde un principio. Finalmente, se determinó que era portuguesa por descarte, una vez que colocada frente a la placa de la Diputación Foral, los expertos observaron que no reaccionaba.
La ‘carabela portuguesa’ no ha venido a nuestras costas a hacer el trabajo que las alimañas marinas del país se niegan a realizar, esto es, picar al personal latinoamericano del servicio doméstico y a los menores magrebíes en régimen de acogida.
Al contrario. Desde el primer día se ha sentido como en casa, repartiendo abrazos eléctricos entre propios y extraños, con especial querencia por los primeros, bien debido a las propiedades de su carne -fruto de una dieta exquisita-, bien por motivos de oportunidad, dado nuestro carácter intrépido en todo lo relacionado con la mar.
Las hay a cientos. Los expertos pronto no tendrán otra explicación razonable que recurrir al argumento del efecto llamada. Por el momento, además de unos cuantos atendidos por picaduras, el fenómeno ‘carabelas portuguesas’ ya nos han dejado unas cuantas estampas para el futuro reportaje ‘Aquel verano del 2010’.
Ahí está hoy en la prensa el alcalde, Odón Elorza. Ante la plaga, podría haber adoptado varias posiciones, todas ellas explicadas con todo detalle en ‘Tiburón’. Primero, imitar al alcalde de Amity y negar que bañarse en la playa conlleve riesgo alguno, luego, ofrecer una recompensa por la captura de la bestia. En lugar de todo eso, prefirió ayer enfundarse la gorra de Quint -el dueño del barco- y embarcarse en el ‘Antxeta’, quién sabe si al grito de: “¡Hooper, aguante el timón!”. No iba solo: le acompañaba Alberto Rodríguez.
Fue una jornada aventurera, con sabor a viento del norte y salitre. Con todo, una vez concluida la travesía, la conclusiones era definitivas: liderazgo compartido -entre los municipios afectados por la plaga- y colaboración interinstitucional- entre todo el que pueda poner un duro-. Que la broma amenaza con salir por un pico, valga la expresión.