El personaje que interpretaba Leonardo DiCaprio en ‘Titanic’ se podía haber salvado pero murió por exigencias de un guión que parecía firmado por los intransigentes expertos del FMI. Un programa de televisión se ha encargado de demostrar que una tabla como la utilizada en la película hubiera soportado el peso de dos personas del tamaño del actor y de su compañera de vahos automovilísticos, Kate Winslet, durante los 63 minutos que se demoró el rescate. James Cameron primero ha negado la hipótesis y después la ha despachado declarando que “si el guión dice que Jack muere, ¡va a morir!”. El ejercicio de recreación confirma el vereredicto de Billy Wilder quien, preguntado por Cameron Crowe acerca del guión de ‘Titanic’, respondió intrigado: “¿Qué guión?”
El mismo que ha establecido el dogma de que no podemos gastar más de lo que ingresamos, podría haber replicado Crowe. Un misterio porque en ese caso la pregunta es doble: ¿para qué necesitamos entonces a los bancos? Y sobre todo, ¿para qué necesitamos rescatarlos? Después de sesudos estudios en los que se contemplan todas las variables posibles, el FMI ha concluido que las pesimistas previsiones económicas del Gobierno se no se cumplirán ni remotamente, lo cual convierte en papel mojado los presupuestos del 2013 que, también de forma muy sesusa, el Ejecutivo había elaborado. Basta con aplicar un 3% de empeoramiento a Cualquier proyección económica a futuro que realice el Gobierno de Rajoy para adivinar el porvenir. Del de Zapatero, mejor ni hablar. En cuanto a Grecia, los estudios demuestran que no cabe en la tabla de Kate Winslet, interpretada con acierto en la pequeña pantalla por Angela Merkel. Si, tal y como aseguró la canciller alemana en referencia al país heleno, hay veces en las que se tardan décadas en salir de una crisis, ¿de qué se están salvando los griegos? ¿De una crisis de siglos? Demasiado tiempo para un mundo maya que viaja tan rápido. La respuesta quizás sea de una crisis alemana.
Y hasta aquí llegan los paralelismos. Europa no es el ‘Titanic’, para empezar porque difícilmente podría seguir tocando en cubierta los músicos de la orquesta si Cebrián insiste en despedir a la mitad de la plantilla. En cuanto al capitán de todo esto, la imagen de su suicidio resulta de una belleza cegadora, pero es algo que no va a pasar. Hay mañanas en las que me invade ese espíritu romántico que te lleva a interrogarte sobre en qué punto exacto se situarían ahora mismo la relaciones laborales si cada trabajador suicida de France Telekom se hubiera llevado consigo al responsable de su situación y sobre cómo encajaría el FMI este comportamiento, convertido en rutinario, en sus previsiones económicas para el año que viene.