Transcurridas casi 48 horas de la debacle de Madrid 2020 en Buenos Aires, analizamos pormenorizadamente y con nombres propios las claves que explican el naufragio y que, a la vez, auguran muchos más en el futuro.
Alejandro Blanco: el presidente del COE y miembro numerario de Hezbollah empezó con mal pie al declarar en vísperas del día de autos que dios estaba sin duda con Madrid 2020, un error probablemente inducido por el hecho de que el hijo del altísimo fuera crucificado entre dos ladrones a los que Blanco debió confundir con algún tesorero de partido y un concejal de Urbanismo. A la hora de las lágrimas, sollozó con convicción.
Ignacio González: su paso por Buenos Aires fue irrelevante y ni siquiera el estilismo mapache consiguió evocar los gloriosos años de la ‘movida’ madrileña. Totalmente eclipsado por sus compañeros, consiguió que se añorara a Esperanza Aguirre, que incluso en su peor versión hubiera mejorado las prestaciones de su sucesor.
Ana Botella: una actuación estelar. Por si los miembros del COI no tenían motivos suficientes para preguntar por el dopaje, la alucinógena comparecencia de la alcaldesa les recordó la pertinencia de la cuestión. Su “relaxing cup of café con leche in the Plaza Mayor” figura ya a la altura del “he tenido un sueño” de Martin Luther King.
Mariano Rajoy: salió al terreno de juego con el partido ya decidido y apenas dispuso de minutos para demostrar que con lo que tiene apenas le da para jugar en Segunda, en ningún caso para competir en torneos internacionales. En este sentido, hay que concederle que ya había avisado de su condición de previsible.
Felipe de Borbón: con su despliegue lingüístico, se metió al público en el bolsillo, en especial, al español, de natural monolingüe. Demostró su capacidad para resultar inoperante en cuatro idiomas distintos y, no obstante, la prensa española saludó su discurso como “conmovedor”. Por desgracia para Madrid 2020, la votación era prerrogativa del COI.
Amaia Salamanca: su presencia en la delegación se explica por su experiencia a la hora de interpretar a la princesa Letizia, que ya ha demostrado sus dificultades a la hora de transmitir cualquier sentimiento no relacionado con la ira. La actriz había ensayado su papel como ‘doble de lágrima’ de Letizia, pero finalmente no se requirieron sus servicios ya que la prematura eliminación hizo que el estupor se impusiera al disgusto, un terreno en el que la princesa de Asturias se mueve a sus anchas.
Periodistas de cabecera: demostró su versatilidad pasando en menos de 24 horas de explicar las razones que convertían a Madrid 2020 en indiscutible favorita a desgranar los motivos que hacían imposible su designación. Para encontrar un precedente similiar, habría que remontarse a las elecciones nicaragüenses de 1990, cuando un prestigioso analistas internacional publicó en ‘El Mundo’ un artículo titulado “Por qué van a ganar los sandinistas” y al día siguiente, otro titulado “Por qué han perdido los sandinistas”.
Bohemios con columna: ni fu, ni fa, ni sí, ni no… se debatieron toda la semana entre una vergonzante pulsión patriótica que les empujaba a apoyar denodadamente la candidatura madrileña y la necesidad de exhibir un cosmopolitismo sin complejos. Al final, han tirado por la calle de en medio, glosando una vez más las virtudes que adornan Madrid y a los madrileños a base de los topicazos habituales, ya saben: ciudad abierta, dinámica y en la que a nadie se le pregunta de dónde viene, todo lo contrario de lo que hacen los redactores-jefe en cuanto te demoras un poco.