Lo que sigue es el resumen transversal de las intervenciones de vuelta a cargo del Grupo Mixto, Aralar, PP y PSE.
1) El parlamentario de EA se ha reiterado en el papel de profesor polvorón al que ya apuntaba durante la campaña electoral, mientras que Mikel Arana, de EB, ha empeorado un poco más -por dificil de creer que resulte- las prestaciones de Madrazo. Gorka Maneiro (UPyD), por su parte, ha cumplido tan correctamente como cabe esperar de un debutante, aunque por momentos parecía creer que a 23.000 votos le corresponden 23 parlamentarios. Un asunto causaba cierta perplejidad: si, como ha dicho, el PNV ha mantenido un régimen clientelista durante treinta años: ¿Qué hizo el PSE durante los catorce en los que compartió gobierno? ¿Miró para otro lado? ¿Compartió clientelismo? ¿Fue Rosa Díez la excepción?
2) La portavoz de Aralar, Aintzane Ezenarro, se ha revelado como una oradora despiadada, no tanto con sus interlocutores, como con la traductora simultánea de La 2, que a duras penas ha podido seguir su ritmo rapeado y que ha acabado jadeando cual tenista rusa al servicio.
3) Antonio Basagoiti (PP) actuaba para su jefe, el gran Rajoy, presente en la Cámara Vasca al menos durante su intervención. Como decía Pejintxu, Basagoiti ha estado tan bien que se diría incluso que estuvo por encima de sus posibilidades. Se ha mostrado como quien sabe que el PSE no hará todo lo que él quiera, pero no hará nada que él no quiera. Con el PNV ha estado incluso cariñoso en la regañina, sin que esto tenga nada que ver, por supuesto, con las perspectivas políticas que ya se manejan en Madrid.
4) Antonio Pastor (PSE) ha sido el campeón de la agresividad y, a la vez, profundamente aburrido, lo cual es sumamente grave. Ha zumbado de lo lindo a Ibarretxe, quizás en un intento de dejar al margen, en la medida de lo posible, al PNV. Finalizada su feroz alocución, quedaba la sensación de que López es un irresponsable tendiendo su mano portugaluja a tamaño desaprensivo (Ibarretxe).
5) El más divertido, sin duda, ha sido Joseba Egibar (PNV). Liberado de cualquier presión por cuanto parece haber asumido hace tiempo, a diferencia de Ibarretxe, la situación del nuevo Parlamento Vasco en lo que a números se refiere, Egibar ha tirado por el camino del humor: se ha burlado del arrebato lírico de Patxi López, ha bromeado con su mano tendida y ha atribuido todo a una especie de conspiración por razones de estado que, como la que relataba Oliver Stone en ‘JFK’, puede que sea cierta, pero resulta difícil de comprender y aún más de creer. Egibar ha entrado en los terrenos de la contradicción al asegurar que el acuerdo PSE-PP data de 2001 y, simultáneamente, que las intenciones de López eran ganar o empatar los comicios para, a continuación, pactar con un partido pequeño. Sea como fuere, ha dicho, el premio era “la cabeza del vasco”, trofeo que aún cotizaría al alza en Madrid.