{"id":2140,"date":"2013-01-21T18:29:54","date_gmt":"2013-01-21T17:29:54","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/eljukebox\/?p=2140"},"modified":"2013-01-21T18:29:54","modified_gmt":"2013-01-21T17:29:54","slug":"los-pelos-como-palillos-un-relato-de-ficcion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/eljukebox\/2013\/01\/21\/los-pelos-como-palillos-un-relato-de-ficcion\/","title":{"rendered":"Los pelos como palillos &#8211; Un relato de ficci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>&#8220;La tamborrada me produce el mismo efecto que un frigor\u00edfico sin escarcha, pero para que no parezca que no siento los colores -expresi\u00f3n cuyo significado \u00faltimo tampoco entiendo en su toda complejidad-, he desarrollado una serie de trucos a fin de pasar desapercibido.<\/p>\n<p>Por ejemplo, he observado con asombro que la fiesta de San Sebasti\u00e1n se vive m\u00e1s intensamente cuanto m\u00e1s lejos te encuentras. La clave es la distancia. De esta forma, si veo una tamborrada por la calle Narrica, me voy de inmediato por San Jer\u00f3nimo y empiezo a llorar; si la detecto en San Mart\u00edn, tiro por Arrasate y lloro; y si vienen por todas partes, me encierro en el ba\u00f1o del bar m\u00e1s pr\u00f3ximo hasta que se van. Luego tiro de la cadena, mientras me enjuago las l\u00e1grimas. Aprovechar\u00e9 para aclarar que hubo una ocasi\u00f3n en la que llor\u00e9 durante la interpretaci\u00f3n de las inmortales piezas de Sarriegui: fue cuando el Orfe\u00f3n Donostiarra se subi\u00f3 al tablado para pulverizarlas en modo Castafiore. Uno, que hab\u00eda escuchado con estoicismo su primer disco de habaneras, no pudo por menos que venirse abajo.<\/p>\n<p>Apremiado por las circunstancias sociales, he adoptado todo tipo de artima\u00f1as, algunas, bien modestas, tales como salir a la calle pertrechado de cuantos art\u00edculos de prensa he podido recortar en torno al inagotable tema de tamborrada incesante y exultante emoci\u00f3n. Si interpretan &#8216;Diana&#8217;, saco un texto de un donostiarra que est\u00e1 en Nueva York, a\u00f1orando su tierra, lo leo y lloro. Si me veo sorprendido por la insufrible &#8216;Retreta&#8217;, emprendo la lectura de una columna que enfoca toda esta barrila desde un punto de vista antropol\u00f3gico, enlazando barriles y tambores con el ancestral tam-tam del cham\u00e1n de Praileaitz. Resultado: acabo sollozando. Si me propinan &#8216;Tatiago&#8217;, extraigo de mi bolsillo un art\u00edculo con los recuerdos infantiles de un futbolista afincado actualmente en Abu Dabi; y si me atacan con la Tamborrada Primitiva, me sumerjo en el libro de recetas de Martin Berasategi. Y, c\u00f3mo no, lloro. A veces, mucho. Una vez estuve llorando hasta Caldereros y como me daba pereza recuperar el resuello, continu\u00e9 llorando hasta despu\u00e9s de Carnavales, coincidiendo con el inicio de la Cuaresma.<\/p>\n<p>No obstante, a m\u00ed me pinchas en un brazo y sangro en blanquiazul por las mismas extra\u00f1as razones que si le haces una auditor\u00eda al PP te va a salir en negro. Oigo a uno decir que el d\u00eda m\u00e1s feliz de su vida fue cuando le dieron el Tambor de Oro y me desescombro por dentro, pero bajemos un pelda\u00f1o m\u00e1s: va otro y dice que el suyo fue este mismo s\u00e1bado, cuando el pack de victoria de la Real + izada de bandera hizo s\u00edntesis en su interior, teletransport\u00e1ndole a un estadio de conciencia m\u00e1s elevado. Entonces, me pongo en alerta amarilla ante el riesgo de desbordamientos.<\/p>\n<p>Me fascina en general toda la liturgia: la conciencia de que existen personas que desinteresadamente difunden el buen nombre de la ciudad por el mundo en cantidades suficientes como para premiar a una cada a\u00f1o; la inexplicable importancia de que sea Gaztelubide quien ostente la izada de forma vitalicia; \u00eddem respecto a la Artesana y la arriada; el desasosiego que el imaginario popular atribuye a las madres cuando llueve durante la tamborrada infantil y el inmenso alivio que se les presupone a los padres; la competici\u00f3n intersociedades en torno al men\u00fa de la cena de v\u00edspera, as\u00ed como el motor de diecis\u00e9is v\u00e1lvulas que todo tamborrero lleva en su interior a modo de aparato digestivo; y por \u00faltimo, la trascendencia de los discursos de entrega de las medallas de oro, pronunciados con la solemnidad propia de las grandes ocasiones hist\u00f3ricas y que a buen seguro ser\u00edan dignos de una profunda reflexi\u00f3n colectiva si no fuera por la imperiosa necesidad que nos acucia de llegar bien despiertos y en condiciones a la celebraci\u00f3n. <\/p>\n<p>La tamborrada, en efecto, es muy emocionante y el hecho de que lo sea a pesar de su innegable condici\u00f3n de murga no hace sino ahondar en el misterio. Sospecho que su \u00e9xito radica en su celeridad. Si desbordara el l\u00edmite de 24 horas, las tonadillas de Sarriegui dejar\u00edan de poner los pelos como escarpias para pasar a ponerlos como p\u00faas y los sentimientos conmovedores no tardar\u00edan en dejar paso a los de aguda exasperaci\u00f3n. El ratatapl\u00e1n es un Guant\u00e1namo s\u00f3nico. Cada vez que escucho a alguien balbucear aquello de que &#8216;esto no se puede expresar con palabras&#8217; comprendo que pruebe a intentarlo mediante el incensante aporreo del tambor, lo cual no quita para que cada a\u00f1o me proponga a m\u00ed mismo que el siguiente me pille todo esto en las ant\u00edpodas, s\u00f3lo por saber qu\u00e9 es lo que se siente&#8221;.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8220;La tamborrada me produce el mismo efecto que un frigor\u00edfico sin escarcha, pero para que no parezca que no siento los colores -expresi\u00f3n cuyo significado \u00faltimo tampoco entiendo en su toda complejidad-, he desarrollado una serie de trucos a fin de pasar desapercibido. 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