{"id":2324,"date":"2013-09-05T08:39:13","date_gmt":"2013-09-05T07:39:13","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/eljukebox\/?p=2324"},"modified":"2013-09-05T08:39:13","modified_gmt":"2013-09-05T07:39:13","slug":"007-contra-el-dr-no-nostiarra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/eljukebox\/2013\/09\/05\/007-contra-el-dr-no-nostiarra\/","title":{"rendered":"007 contra el Dr. \u00d1o (\u00f1ostiarra)"},"content":{"rendered":"<p>James Bond, agente de Inteligencia al servicio de su majestad, de su alteza, de los duques de Palma, de la duquesa de Lugo, de Corinna y de Revenga, llega a San Sebasti\u00e1n en el curso de una peligrosa misi\u00f3n: descubrir si un magnate mel\u00f3mano planea dominar el mundo.<\/p>\n<p><strong>Escena 1<\/strong>: inmediaciones de la Parte Vieja. Bond conduce su Aston Martin. El parking de Oquendo est\u00e1 lleno, al igual que el del Boulevard. Necesita imperiosamente comprar tabaco. Divisa un estanco y se dirige hacia el establecimiento. Aparca en segunda fila, m\u00e1s bien lo intenta, porque de inmediato empieza a sonar el claxon de una furgoneta: &#8220;\u00bfPero no ves que es zona de carga y descarga? Anda, sal de ah\u00ed que te arreo&#8230;&#8221;, le grita un operario. Bond contin\u00faa conduciendo y al final encuentra un lugar para aparcar. Mala suerte: es zona OTA. Busca una m\u00e1quina y la localiza a 400 metros. No tiene cambio. Entra un bar, le dicen que si quiere monedas tiene que consumir, pide un caf\u00e9. Sale a la calle, se pelea con la m\u00e1quina, mientras, a lo lejos, una gr\u00faa se lleva el Aston Martin.<\/p>\n<p><strong>Escena 2<\/strong>: Miraconcha. Bond acude a su cita con el sospechoso magnate y con su habitual sutileza le interroga. &#8220;\u00bfDominar el mundo? Quiz\u00e1s cuando desaparezcan los sindicatos&#8230; No, sinceramente, bastante tengo con la empresa. Esto est\u00e1 imposible. No hay pedidos, andamos con lo del ERE a vueltas&#8230; Creo que no tendr\u00eda tiempo. \u00a1Dominar el mundo! Si nos tienen asados a impuestos. \u00bfQui\u00e9n se cree que crea riqueza, eh? \u00bfQui\u00e9n? \u00bfY el empleo? \u00bfQui\u00e9n se ocupa aqu\u00ed de crear empleo? Los pol\u00edticos? Y una mierd&#8230;&#8221; Visto el cariz que est\u00e1 tomando la conversaci\u00f3n, Bond decide marcharse. Antes de hacerlo, a\u00fan tiene tiempo de escuchar &#8220;el d\u00eda menos pensado cojo todo, lo cierro y me largo con mi familia, pandilla de ingratos&#8221;.<\/p>\n<p><strong>Escena 3<\/strong>: Paseo de La Concha. Bajo los tamarindos, nuestro hombre pasea un rato antes de asomarse a la barandilla. La suave luz de la ma\u00f1ana ba\u00f1a los cuerpos bronceados en la arena. Bond fuma distra\u00eddamente, con la mirada perdida en el horizonte del mar. De repente, una crituatura emerge en orilla. Lleva un diminuto biquini. Es la duquesa de Alba. Bond decide llamar a Moneypenny para ver si alguien le ha dejado alg\u00fan recado.<\/p>\n<p><strong>Escena 4<\/strong>: mediod\u00eda, en la Ferm\u00edn Calbet\u00f3n. 007 decide hacer uso de su licencia para matar el apetito y se va de pintxos. En las barras, se ve obligado a emplear todos sus conocimientos en artes marciales para abrirse paso entre las hordas de turistas franceses. Disfruta a fondo de la gastronom\u00eda donostiarra. Al cabo de 30 minutos, recibe en su m\u00f3vil un mensaje del MI-5: &#8220;Agotado el saldo mensual disponible para dietas&#8221;. A\u00fan tiene hambre, pero decide retirarse.<\/p>\n<p><strong>Escena 5<\/strong>: sobremesa en el interior del t\u00edpico establecimiento hostelero donostiarra. &#8220;Camarero, si es tan amable, un dry martini. Agitado, no revuelto&#8221;, a lo que el camarero replica: &#8220;A ver, \u00bfde qui\u00e9n es el bar? \u00bfM\u00edo o suyo? Pues ya est\u00e1, te lo pongo como pueda y si no te gusta, ya sabes, puerta&#8221;. Y a\u00f1ade: &#8220;\u00a1Agitado, no revuelto, dice el t\u00edo pijo&#8230; Lo que faltaba. Tengo a la camarera de baja, estamos dos para atender la barra y la terraza, y el t\u00edo pijo este me viene con agitado, no revuelto&#8221;. A los diez minutos le sirve el c\u00f3ctel: &#8220;Aqu\u00ed, tienes, en vaso de pl\u00e1stico, por listillo. Y si quieres fumar, a la terraza. Son doce euros, si es tan amable&#8221;. Bond abona la consumici\u00f3n, pero antes de marcharse, entra en los servicios, saca el \u00faltimo invento de Q -un rotulador con tinta imborrable- dibuja unos genitales masculinos en la pared y escribe&#8221;tonto el que lo lea&#8221;, as\u00ed como otras compendios de la sabidur\u00eda popular. Con mirada retadora y una enigm\u00e1tica sonrisa en los labios, abandona el local.<\/p>\n<p><strong>Escena 6<\/strong>: Bond decide jugar a la ruleta en el casino de la ciudad, pero acaba en un bingo de barrio. All\u00ed mantiene una fuerte disputa con un grupo de se\u00f1oras de mediana edad, que insisten en que les devuelva &#8220;su cart\u00f3n de la suerte&#8221;. Al final, decide ceder. &#8220;Gracias, majo. Es que hoy tengo un p\u00e1lpito de que van a salir estas bolas &#8220;, se explica la\u00a0 se\u00f1ora que parece llevar la voz cantante en el grupo. 007 se retira del local a los diez minutos, con 90 euros menos en su bolsillo.<\/p>\n<p><strong>Escena 7<\/strong>: El agente da un paso por la ciudad, admira su belleza y asiste a la puesta de sol. Decide que ha llegado la hora de cenar. En su blackberry, examina la lista de restaurantes, repasa sus cartas, analiza su bodega de vinos y, finalmente, sibarita incorregible de exquisitos gustos, se decide por el mejor. Sube a un taxi y da la direcci\u00f3n. Llega al restaurante. Entra y hace un gesto inequ\u00edvoco al ma\u00eetre: &#8220;Lo siento mucho, acabamos de cerrar la cocina&#8221;. Sale del establecimiento. El taxi ya se ha marchado.<\/p>\n<p><strong>Escena 8<\/strong>: interior de una discoteca. La pista est\u00e1 pr\u00e1cticamente vac\u00eda y en la barra s\u00f3lo hay dos trotonas. Bond decide sacar a relucir sus armas de seducci\u00f3n. &#8220;Buenas noches, \u00bfnos hemos visto antes? \u00bfNos conocemos? Su rostros me suenan y nunca olvido una cara. Soy agente secreto en misi\u00f3n especial y me preguntaba si me permitir\u00edan invitarles a una copa&#8221;. &#8220;O sea, t\u00edo, \u00bfde qu\u00e9 vas? Ya te vale, \u00bfno? Uuuy, mira, Vane, creo que ha entrado Xabi Prieto&#8230;&#8221;<\/p>\n<p><strong>Escena 9<\/strong>: interior de la habitaci\u00f3n del hotel. Bond fuma un cigarrillo, recostado en la cama, mientras repasa los acontecimientos del d\u00eda y pone en orden sus pensamientos. En la tele, un programa de teletienda. Decide llamar a M: &#8220;Oye, \u00bfseguro que no hay ninguna pista que conduzca a, qu\u00e9 s\u00e9, yo, El Caribe, las Maldivas, R\u00edo de Janeiro? (&#8230;) No, vale, vale&#8230; no he dicho nada, era s\u00f3lo una pregunta. S\u00ed, se\u00f1or. Le llamo ma\u00f1ana&#8221;. Apaga la luz y se dispone a dormir.<\/p>\n<p>Fundido en negro.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>James Bond, agente de Inteligencia al servicio de su majestad, de su alteza, de los duques de Palma, de la duquesa de Lugo, de Corinna y de Revenga, llega a San Sebasti\u00e1n en el curso de una peligrosa misi\u00f3n: descubrir si un magnate mel\u00f3mano planea dominar el mundo. Escena 1: inmediaciones de la Parte Vieja. 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