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Fernando Becerril

El bisturí

Si podemos volver a abrir un museo…

Chillida Leku abrirá sus puertas en primavera. El fracaso institucional que supuso su cierre y el ridículo de dimensiones planetarias que nos han hecho sufrir estos ocho años de vacío cumplen al fin un plazo que por momentos nos pareció interminable. Distraídos en la búsqueda de culpables, que si la familia, que si la Dipu, que si el Gobierno Vasco no nos dimos cuenta de la cara de pueblerinos indocumentados que se nos iba quedando ante los ojos de la cultura universal. No tiene Gipuzkoa ni Euskal Herria entera un espacio tan hermoso en el que el genio del artista se dé la mano con la belleza de nuestro paisaje. Único. Y lo hemos tenido cerrado.

A cuenta del fútbol he pensado mucho días atrás en esa capacidad tan guipuzcoana de hacer de menos lo que tenemos y este Museo a punto de abandonar el purgatorio se ha convertido para mí en una metáfora exquisita. Una mala decisión, cierta falta de empatía entre unos técnicos y otros, unos jugadores con casqueta, cuatro derrotas seguidas y no tenemos más afán que el de señalar con el dedo a los culpables de que nuestro equipo no juegue como nos gusta ni esté donde le esperábamos. Si nos descuidamos, nos ponemos a merced de cualquiera que tenga la boca lo suficientemente caliente como para hacernos creer que todo lo hacemos mal y que hay alguien capaz de salvarnos. No nos damos cuenta de la belleza particular que encierra nuestro pequeño club, aunque nos equivoquemos, incluso cuando nos equivocamos.

Dirigir un club de fútbol en estos tiempos y hacerlo desde parámetros singulares como hace la Real es a veces una tarea tan delicada como la de recuperar un Museo por mucho que encierre dentro tanta gracia como Chillida Leku. Podemos criticar decisiones que nos parecen erróneas y en la crisis que hemos atravesado estas Navidades tenemos la oportunidad de cuestionar actitudes que no son de recibo si queremos seguir siendo lo que somos. No debemos en cambio convertir las dificultades en fracaso ni los éxitos en obligación. No cuando lo que hacemos es jugar y enfrente hay otros que también juegan y también quieren ganar, a veces con más medios que los que tenemos a nuestra disposición.
La política de tierra quemada que ha sido durante años marco de las negociaciones para reabrir el museo sólo sirve para que esté cerrado lo que debe permanecer abierto o para que un club en expansión tenga que volver a reinventarse desde el cero absoluto que es la Segunda División. Perder la calma, tomar decisiones a corto plazo, tratar de compaginar incompatibilidades y alimentar el fuego desde cualquier esquina sirve para lo contrario de lo que deseamos, para que nos vayamos a hacer puñetas.
Apostar por Asier Garitano tenía un sentido, el de aportar a futbolistas de calidad pero frágiles una sustancia, una consistencia, que les hiciera doblemente competitivos. Que el discurso deportivo del nuevo míster esté en las antípodas del que maneja el director general de fútbol y que los dos sean contratados simultáneamente está en el origen de todos los problemas que hemos sufrido. No pedía mucho Garitano. Un interior explosivo y un lateral izquierdo. No conseguimos en todo el verano más que dos cesiones que no están demasiado cerca de lo que le hubiera gustado al míster. Llegó con una sola persona de su equipo anterior y tengo la sospecha de que no ha confiado de verdad más que en uno de los muchos técnicos que contrató la Real también a la vez que anunciaba su llegada.

Los jugadores tuvieron que darse cuenta de que los rectores del club no eran sensibles a la filosofía del entrenador que les pretendía llevar un poco más año del espacio en el que más cómodos se encuentran. Tuvieron que ver que arriba había dudas y sospechas, que no era eso lo que querían ni quienes pretenden modernizar las estructuras técnicas, ni los que quieren apuntalar el costo del nuevo campo sobre un colchón de triunfos y de buen fútbol. No me gustaron determinadas actitudes. No sé si regalar balones de gol al contrario se puede hacer con intención o es sólo falta de concentración, falta de motivación, pero alguno de nuestros jugadores debería hacer examen de conciencia y pensar qué, cómo y por qué.
El ascenso de Imanol al primer equipo era una medida de elemental claridad. Dejó contentos a todos en primavera, conoce a la plantilla y lo sabe todo sobre las características individuales de los jugadores de los que ha dispuesto en el vivero del Sanse. Si encima empieza ganando en el Bernabéu pues sólo cabe felicitarse. Sin embargo, conviene ser conscientes de que el trabajo del entrenador oriotarra es ahora mucho más complicado que hace unos meses. Primero porque no tiene mejor plantilla. Más bien al contrario. Segundo porque una reacción de nueve partidos se puede inyectar a base de carácter y de buen hacer. Esta vez tiene 21 partidos por delante y una cuesta de enero con la habitual trampa copera de este calendario absurdo.
La decisión más evidente tiene también un riesgo. Si a Imanol se le complica la película, no habrá solución buena. Espero al menos que este Consejo, que ha conseguido más que ninguno de los anteriores desde la época de Orbegozo, no cometerá el error de tratar al entrenador actual como lo hizo aquel otro con Gonzalo Arconada en circunstancias bastantes similares. Espero que no. Seguro que no. De hecho espero que no se produzca una crisis más allá de los disgustos habituales en cualquier competición.

Confío en que dentro de un año tengamos el campo terminado, Anoeta urbanizado como es debido y una plantilla equilibrada. Algo que ya podíamos tener ahora pero elegimos a un director de fútbol que ni es fichador, según sus propias palabras, ni se apoyó en los que fichaban antes. Olviden esto último. Que lo que yo quería decir es que dentro de doce meses Anoeta y su entorno serán una obra terminada, un espacio precioso, un museo del fútbol. Y que Chillida Leku seguirá abierto repartiendo paz y belleza a los que quieran ir a verlo, aunque algunos no se lo merezcan.

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Una visión afilada de la vida

Sobre el autor

Han sido muchos años en los que me ha tocado ver, leer y escribir de un deporte y de otro, del fútbol a la pelota pasando por el baloncesto y unos cuantos más. Me apetece contar lo que veo, lo que me sorprende y lo que admiro sin tener que pensar en un resultado. Pero no sé si seré capaz de hablar sólo del resto de la vida... Porque hay semanas en las que parece que el mundo entero es un terreno de juego. Veremos.


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