{"id":71,"date":"2015-10-16T17:58:26","date_gmt":"2015-10-16T16:58:26","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/fernando-becerril\/?p=71"},"modified":"2015-10-16T17:58:26","modified_gmt":"2015-10-16T16:58:26","slug":"una-novela-un-pulitzer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/fernando-becerril\/2015\/10\/16\/una-novela-un-pulitzer\/","title":{"rendered":"Una novela, un Pulitzer"},"content":{"rendered":"<p>Me lo recomendaron. Un amigo, un mensaje de whatsapp. Tienes que leer\u2026 Y yo le\u00ed. &#8216;La maravillosa vida breve de Oscar Wao&#8217;. No me dijo nada. Mi cultura da lo que da. \u00bfEl nombre del autor?<strong> Junot D\u00edaz<\/strong>. Me dijo lo mismo. Nada. Pero me pudo la curiosidad. Tengo un amigo que se lo ha pasado en grande con una novela y un escritor que no s\u00e9 ni que existen. No hace falta mucho m\u00e1s para darme una vuelta por mi bilbioteca municipal de cabecera. Y <strong>Junot D\u00edaz<\/strong> y sus personajes se metieron en casa.<\/p>\n<p><a href=\"\/fernando-becerril\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2015\/10\/IMG-20151016-WA0009.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-73\" title=\"IMG-20151016-WA0009\" src=\"\/fernando-becerril\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2015\/10\/IMG-20151016-WA0009.jpg\" alt=\"\" width=\"168\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2015\/10\/IMG-20151016-WA0009.jpg 900w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2015\/10\/IMG-20151016-WA0009-768x1365.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/5\/2015\/10\/IMG-20151016-WA0009-576x1024.jpg 576w\" sizes=\"(max-width: 168px) 100vw, 168px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Uno no puede dejar de ver la relaci\u00f3n con &#8216;La fiesta del chivo&#8217; de <strong>Vargas Llosa<\/strong>. Pero las miradas y el tono est\u00e1n tan alejados, que mi primera referencia fue &#8216;La Conjura de los necios&#8217; con la que guarda puntos de contacto bastante epid\u00e9rmicos. S\u00ed, hombre, los dos autores ganaron el premio Pulitzer con una \u00fanica novela. <strong>John Kennedy Toole<\/strong> no pudo escribir m\u00e1s. Se la editaron once a\u00f1os despu\u00e9s de haberse quitado la vida. <strong>Junot D\u00edaz<\/strong> es editor de &#8216;Boston Review&#8217; y sigue escribiendo, aunque por lo visto no le sale un relato de largo aliento. De momento s\u00f3lo ha firmado una novela, la de Oscar. Pero, ojo, es buena.<\/p>\n<p>Claro que no fue f\u00e1cil hacerse con ella. Primero porque el autor es dominicano, recriado en Nueva York y escribe en su idioma, o sea una jerga entre espa\u00f1ol caribe\u00f1o e ingl\u00e9s de Niuyol.\u00a0 No s\u00f3lo eso. Tampoco somete su libertad creativa a ning\u00fan tipo de ortodoxia literaria. Las notas a pie de p\u00e1gina se arrastran durante hojas y hojas compitiendo de igual a igual con el texto principal. Hasta que te vuelves c\u00f3mplice y entonces empiezas a disfrutar, aunque no por ello dejas de lamentar no disponer de cuatro ojos con visi\u00f3n independiente para poder tocar a la vez todos los palos, todos los temas.<\/p>\n<p>Dec\u00eda que me cost\u00f3 un poco echarla a andar. El bueno de Oscar es un tipo que se mueve en los m\u00e1rgenes de la realidad. Le sobran kilos y le faltan argumentos para vivir su \u00fanica vocaci\u00f3n, la de enamorado. B\u00e1sicamente sue\u00f1a. Y <strong>Junot D\u00edaz<\/strong> le hunde debajo de un quintal de maldiciones. Pero Oscar es s\u00f3lo un contrapeso en una historia repleta de mujeres poderosas, que bucea en las profunidades de la Rep\u00fablica Dominicana del siglo pasado y en especial en las aguas negras de la dictadura de Trujillo. El padre del escritor fue polic\u00eda de aquel mat\u00f3n y tengo la sensaci\u00f3n de que el<strong> se\u00f1or D\u00edaz<\/strong> ha superado cualquier tipo de lastre emocional por su pasado familiar.<\/p>\n<p>As\u00ed que poco a poco fui entendiendo un lenguaje que era nuevo para m\u00ed porque las palabras lo eran y porque la manera de escribir resultaba violentamente diferente. Hasta que bien entrada la noche, que es cuando se me suelen acabar las lecturas, llegu\u00e9 al final con la sensaci\u00f3n de que me hab\u00eda divertido y hab\u00eda aprendido algo. Por ejemplo, que el humor ali\u00f1a bien cualquier historia o el sentido que puede cobrar en una democracia el t\u00e9rmino cleptocracia con el que <strong>Junot<\/strong> define nada m\u00e1s empezar al Trujillato. Adem\u00e1s\u2026 Si Oscar termin\u00f3 por rapar con su enamorada, cualquier esperanza parece leg\u00edtima.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Me lo recomendaron. Un amigo, un mensaje de whatsapp. Tienes que leer\u2026 Y yo le\u00ed. &#8216;La maravillosa vida breve de Oscar Wao&#8217;. No me dijo nada. Mi cultura da lo que da. \u00bfEl nombre del autor? Junot D\u00edaz. Me dijo lo mismo. Nada. Pero me pudo la curiosidad. 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