El siguiente destino doble estaba en Chile. Santiago, su capital, tiene dos edificios impresionantes propiedad de gente euskaldun. Uno es en de la euskaletxea Centro Vasco, una construcción semejante a un caserío pero con tres pisos, frontón, trinquete, aparcamiento… Un lujo.
El otro es el chalet del restaurante ‘Infante 51’, del tolosarra Xabier Zabala, donde cenó el grupo y le ofrecieron un recital además del libro del centenario y la camiseta de la Real, que Xabier recibió emocionado. Fue una cena extraordinaria, en la que Xabier fue un magnífico anfitrión y un amigo. Nos dispuso en un comedor del primer piso, a nosotros solos, para que estuviéramos a nuestro aire. Nos ofreció un tradicional ‘pisco sour’ (se pronuncia pisco sauer), un cóctel de trago corto y refrescante de licor cuya fórmula os daré en la próxima narración. Es tan tradicional en Chile como un txakolí en Euskadi.
A Xabier le dedicamos al principio un par de interpretaciones, como ‘Festara’ y ‘El menú’, muy apropiadas, y las escuchó emocionado. Al final de la fiesta le llamamos para entregarle la camiseta de la Real Sociedad, que lo hizo nuestro acompañante Galparsoro, el viajero más veterano y socio realista desde hace cuarenta años. Xabier se la puso emocionado y nos dio las gracias, casi sin palabras.
Este restaurante es uno de los lugares donde se citan no sólo los vascos que van a Santiago sino los que van a dar conferencias, a colaborar con sus universidades o instituciones, como hizo Paco Etxeberria, presidente de Aranzadi y de la Memoria Histórica, que había viajado para ayudar a datar lugares donde los golpistas del infausto Pinochet asesinaron al cantautor Víctor Jara.
Coincidió esa noche con el Coro Gaztelupe y me contó la anécdota de la jornada: “Les he dicho a mis amigos que había contratado a un coro vasco para que nos amenizaran la cena…” Asiduos al ‘Infante 51’ son también Serrat, Joaquín Sabina o Miguel Bosé…
En la imagen de abajo, Zabala, con la camiseta txuri urdiñ, rodeado del Coro Gaztelupe, en el comedor de ‘Infante 51’.