Este comentario viene a colación de la nota “España revive el sueño de una ´nueva Texas´”, publicada recientemente por este diario.
La “nueva Texas” nace gracias a dos proyectos: uno de Repsol para explorar las aguas Canarias en busca de petróleo y otro en Álava para sacar gas del subsuelo con una técnica que se llama “fracking”.
Es verdad, España depende casi totalmente de las importaciones del petróleo para “satisfacer” la demanda energética. Es verdad que el año pasado se gastó 50.000 millones de euros en importar petróleo (frente a los 45.000 millones ingresados por turismo). Este año anunciaron un gasto de 40.000 millones.
Pero extraer petróleo y gas con técnicas peligrosas y dañinas, como las que desencadenaron el desastre del Golfo de México, no es la respuesta.
El agotamiento de los yacimientos convencionales de petróleo y gas ha impulsado a las petroleras perforar más profundo e ir más lejos. Se trata del petróleo y gas no convencionales que vienen de las profundidades del océano, de las arenas bituminosas o de la misma roca.
Mientras hubo yacimientos en abundancia no era rentable llegar a las entrañas de la Tierra. Pero ahora que cada vez hay menos y está más caro el barril o el gas, se hace más “rentable”.
(Las comillas obedecen a mis dudas sobre estos argumentos. Si se suman las externalidades, es decir, los daños a la salud, medioambiente y demás riesgos que asumen, no las empresas que se benefician de estos proyectos, sino la sociedad, dicha rentabilidad está muy en duda).
Aquí voy a hablar sólo del segundo proyecto de extraer gas con “fracking”.
¿Qué es?
Esta técnica de extracción es enormemente controvertida. La experiencia en Estados Unidos demuestra que supone una seria amenaza para el agua, el aire y la salud de las personas.
Gráfico realizado por checksandbalanceproject.org.
Si el gas se ha formado en rocas porosas y permeables, como la arenisca, migra a través de los poros hacia estratos superiores hasta encontrar una capa impermeable, formando bolsas. Para su extracción se perfora hasta estas bolsas y, debido a la gran presión a la que está sometido, sale al exterior. Es la forma convencional de extraer gas.
Pero si su formación se produce en rocas impermeables, como la pizarra, el gas permanece inmóvil en los poros repartidos por todo el estrato; no bastaría con perforar sino que hay que romper la roca inyectando agua con arena (98%) y una enorme variedad de productos químicos muy tóxicos (2%) para que el gas pueda salir. Las características de este tipo de yacimientos hacen que la extracción sea técnicamente más compleja y más cara que la del gas convencional.
De ahí que se se le llame “gas pizarra”.
Se calcula que se recupera entre un 15% y un 85% del líquido inyectado; el resto permanecerá en el subsuelo. Parte del líquido recuperado, muy contaminado, puede ser reutilizado para una nueva fracturación pero la mayor parte se almacena en balsas al aire libre desde donde deberá ser transportado en camiones a plantas de tratamiento o bien se reinyecta en pozos a gran profundidad.
Continuará…