Otro dato de los presupuestos que ha quedado enterrado en el cataclismo de cifras es la caída de la ayuda a la cooperación.
La Ayuda Oficial al Desarrollo (conocida como AOD) se ha recortado en más de 1.300 millones de euros (la partida presupuestaria que más cae) ante la indiferencia general, el “secuestro” del discurso público por la crisis y el desconocimiento general de los logros de la AOD.
Según un informe de la Fundación Alternativas citado por la revista El Siglo, una de las principales deficiencias de la democracia española en 2011 fue el “principio de cooperación internacional”, que ese año “sacó una nota” de 3,9 sobre un máximo de 10 (mejor nota). Supongo que la nota de 2012l con estos recortes, será “requeté deficiente”…
¿Y por qué es esto importa y qué tiene que ver con el medio ambiente?
Es verdad que no hay una relación directa con el medio ambiente, pero yo lo veo como pérdida de oportunidad y una pésima distribución de las prioridades.
El gobierno recorta al Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (como dije en un comentario anterior) –especialmente en los programas de conservación de la biodiversidad, desarrollo rural sostenible y lucha contra el cambio climático— un 31,2%, mientras que la media en otros ministerios es del 16,9%. No se tocan los presupuestos de la Iglesia o de la Casa Real. Es decir, unas “prioridades” son más importantes que otras.
Y esto es una pérdida de oportunidad porque toda crisis, y más una como ésta provocada por el descalabro del sistema financiero, presenta una oportunidad de revisar lo anterior, corregir errores y cambiar. Algunos ecologistas pensamos que ésta se aprovecharía, por ejemplo, para revisar y refundar el sistema energético y apostar por el futuro: las energías limpias y renovables, generadoras de empleo verde. Y también para regular y poner reglas en el sistema financiero.
Sin embargo, aquí lo que estamos viendo es la aplicación de una serie de parches mal puestos para ver si la máquina sigue yendo en la misma dirección. Aunque sean requeando.
“Esto es ´Scary Movie´”, como decía hace poco el periodista Antonio García Ferreras, presentador de Al Rojo Vivo, en la Sexta, sobre los mercados financieros y las caídas de nuestra Bolsa.
¿Y la Cooperación?
El último informe del Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE dice que la Cooperación Española ha mejorado tanto cuantitativa como cualitativamente su política, gestión y mecanismos de planificación, seguimiento y control.
Por otro lado, un artículo de opinión publicado por El País y firmado por Iliana Olivié, investigadora principal de cooperación internacional y desarrollo del Real Instituto Elcano, decía hace poco que “no se puede negar que la cooperación española al desarrollo se encuentra en horas bajas; aunque tengamos claro que la política de cooperación al desarrollo es algo más que la ayuda. También sabemos que, incluso en los años de grandes incrementos de la ayuda, atendiendo a los índices de calidad de la ayuda, la española se ha encontrado lejos de su potencial en términos de impacto en el desarrollo –no sabemos si también en términos de proyección internacional–.” Es el momento de reflexionar, según la autora.
Lo que es cierto es que, según el Centro de Investigaciones sociológicas, el apoyo de la opinión pública a la AOD ha ido decreciendo. La Cooperación es una de las pocas políticas públicas en las que el/la contribuyente no es beneficiario/a y para conocerla se necesitan mediadores externos, que rara vez se destacan los éxitos.
Porque la cooperación es mucho más que ayuda. Es, por ejemplo, la posición y el peso que tiene España en la comunidad internacional. España incrementó su ayuda de un 0,23% del Producto Interior Bruto (PIB) en 2003 hasta el 0,46% en 2009, antes de rebajarlo hasta el 0,43% en 2010. Se trataba de entre el sexto y séptimo mayor donante por volumen. Con los recortes, eso se terminó.
Y es también los 100.000 niños y niñas que salvaron sus vidas solo con la aportación española en la última década al Fondo Mundial contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, según decía hoy Pedro Alonso, Director General del Instituto de Salud Global de Barcelona en los Desayunos de TVE.
“Estamos hablando de salvar vidas, de la diferencia entre la vida y la muerte”, decía Alonso con ocasión del Día Mundial contra la Malaria.
“No podemos dar un paso atrás”, añadía. La distribución de los fondos del tan recortado presupuesto es “un tema de prioridades”. Y Alonso ponía el ejemplo de Gran Bretaña, donde, también en medio de la recesión, el gobierno conservador de David Cameron aspira todavía a poder dedicar el 0,7% de su PIB a la cooperación.
La cuestión es: “¿En qué se quiere gastar el dinero? ¿en salvar vidas o en otras cosas? Se trata de uno de los retos a los que se enfrenta la humanidad. El lugar donde se nace determina si uno va a vivir en los próximos días o morir. Ahí es donde la humanidad se juega su futuro”, concluía Alonso.
Y yo diría, para cerrar este círculo, que el cambio climático es otro de esos retos. Ha costado millones de vidas ya. Y si no se le pone coto y se desarrollan medidas de adaptación efectivas, costarán muchas más.
Ambas luchas son de vida o muerte y deberían ser prioridades de verdad. Pero en nuestros presupuestos quedan relegadas en el pelotón de las insignificancias.