La región del Delta de Niger era conocida en tiempos coloniales como el protectorado de “Oil Rivers” (Ríos de Aceite) por haber sido una gran productora de aceite de palma. Ahora se habla más bien de “oil puddles” (charcos de petróleo).
Perdón por el juego de palabras (en inglés, “petróleo” se puede designar con el genérico “oil”), pero era irresistible…
Se trata de una zona densamente poblada y rica en yacimientos de petróleo y gas, y el centro de una controversia internacional sobre la polución devastadora generada por las petroleras, con Shell a la cabeza. Se habla de “ecocidio”, de cleptocracia (a manos del régimen del dictador Sani Abacha), de violaciones de los derechos humanos.
Shell, multinacional holandesa, está en el ojo del huracán.
El Delta del Níger ha pasado de ser un paraíso de biodiversidad a un infierno de petróleo en llamas, por el fenómeno llamado “flaring”, gas de desecho en combustión. Sí, las empresas que explotan gas queman lo sobrante, aquello que no es utilizable o rentable de transportar, o queman para aligerar la presión.
El “flaring” constituye un riesgo terrible para las poblaciones cercanas que se tragan el humo tóxico, además de ser un inexcusable desperdicio de recursos y de aumentar las emisiones de CO2, principales causantes del cambio climático.
A cambio, lo único que han obtenido estas poblaciones del petróleo es contaminación y el fin de la pesca. Desde que Nigeria y la industria petrolera comenzaron a explotar esta región hace cincuenta años, la población local ha visto su forma de vida deteriorarse y desaparecer en medio de oleoductos y llamas, pozos y excavaciones, vertidos y humos.
Mientras, Shelll acumula demandas por contaminación.
Muchas tuberías de Shell son ya antiguas y están corroídas. Esto ha resultado en muchos vertidos que han degradado el medio ambiente, matado vegetación y peces. Shell se reconoce responsable del mantenimiento de los oleoductos, ¡pero has ahora se había negado a reconocer responsabilidad sobre los vertidos!
AI Shell en el Delta del Níger
A principios de 1996, varias organizaciones pro derechos humanos presentaron cargos contra la petrolera por presuntas violaciones de los derechos humanos, incluyendo ejecuciones, crímenes contra la humanidad, tortura, tratamiento inhumano y detención arbitraria. Shell era acusada de colaborar en la ejecución de Ken Saro-Wiwa y otros tres líderes de la tribu Ogoni del sur de Nigeria, que fueron colgados por el régimen militar en 1995. Los cargos se presentaron contra Shell y contra su representante en el país, Brian Anderson. En 2009, Shell accedió a pagar 15, 5 millones de dólares a las víctimas, pero no aceptó ninguna responsabilidad sobre las acusaciones.
Uno de los casos más graves se remonta a 2008. Aquel año, la vida de los habitantes de Bodo, localidad de la región ogoni, cambió. Un fallo en un oleoducto provocó en el mes de agosto un gran vertido que duró semanas. La historia se repitió en el mes de diciembre. Cuatro años después, Shell aún no ha limpiado la zona ni ha indemnizado a sus habitantes, que se ven obligados a beber, cocinar y lavarse con agua contaminada. Tras años de pedir justicia en Nigeria, en abril de 2011 la comunidad de Bodo llevó su reclamación por daños y perjuicios ante el Tribunal Superior de Justicia del Reino Unido. Poco después Shell admitió la responsabilidad de los vertidos y reconoció la jurisdicción del Reino Unido.
En 2009, Shell aparecía en otro informe de Amnistía en el que se informaba del deterioro de los derechos humanos en la región a consecuencia de las actividades de la petrolera. En particular, Amnistía criticaba la contaminación por “flaring” y la lenta respuesta de la petrolera para hacerse cargo de los vertidos.
En 2010, Wikileaks revelaba el pago de sobornos de Shell al ejército nigeriano para prevenir protestas y un nivel de infiltración en el gobierno nigeriano.
El legado que el petróleo ha dejado para los ecosistemas y las gentes del delta del Níger es un ejemplo de la absoluta falta de ética con la que puede operar un gigante como Shell cuando no tiene que rendir cuentas ante nadie.
De ahí la importancia de la campaña de Amnistía Internacional. Una campaña en la que se ha investigado la situación sobre el terreno en colaboración con la ONG local Centro para el Medio Ambiente, los Derechos Humanos y el Desarrollo, se han publicado detallados informes y se ha apoyado a la población local.
Una campaña que ahora da un paso más. Un paso en el que cada uno de nosotros podemos ser parte. El próximo 22 de mayo Shell celebrará su Asamblea General en La Haya (Holanda). Ese día, Amnistía Internacional mostrará a la petrolera que el mundo la está observando. Ante sus accionistas, la organización de derechos humanos hará llegar a la empresa miles de postales con un claro mensaje “Shell: reconoce tu responsabilidad en los vertidos de petróleo. Paga y limpia la contaminación del delta del Níger”.
Sumémonos a esta iniciativa. La comunidad de Bodo, que lleva años pidiendo a Shell que limpie el petróleo derramado, merece ser apoyada.