Para dejarlo bien claro desde el principio: me declaro en contra de los y las antisistema.
Porque ¿qué puede ser más antisistema que plantear suspender la final de la Copa del Rey entre el Barcelona y el Athletic si las aficiones vasca y catalana “pitaban” al Príncipe, la bandera o el himno español?
No se trata de nacionalismos o no nacionalismos. Se trata de democracia.
¿Dónde queda la libertad de expresión garantizada por el sistema democrático? ¿Quién se atrevería a prohibir una manifestación tan inocua si no fuera una antisistema radical como Esperanza Aguirre? ¿Qué es más antisistema que ganar unas elecciones incumpliendo numerosas promesas de campaña? ¿Son “de extrema izquierda marginal antisistema” los y las manifestantes del 15M –como dijo José María Aznar– por exigir pacíficamente justicia real y transparencia?
No. Los genuinos antisistema son aquellos que pregonan la porra fácil, reprimen la protesta pacífica y limitan el acceso a los derechos, que consideran “servicios” sociales susceptibles, o no, de ser suministrados por un Estado más o menos dadivoso. Tipo contertulios de Intereconomía.
Porque no son “servicios”. Son derechos garantizados por el sistema y sus compromisos, como ha explicado una y otra vez Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional en España.
Amnistía pidió que no se tome ninguna medida en la reforma sanitaria hasta que se asegure que se cumplen con las obligaciones contraídas por el Estado español al ratificar en 1977 el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.
Hablaba de obligaciones, no de “servicios”.
Antes ya el Ministro de Hacienda y Administraciones Públicas y el Secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad habían anunciado la “redefinición” de la cartera de “servicios” básicos para hacerla más “racional y adecuada” (toma eufemismos).
Pero Amnistía recordaba al Ejecutivo que ese criterio de “racionalidad” no debe estar basado únicamente en “razones económicas”, tal como advertía el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas en 2009, cuando señalaba que “las crisis económicas y financieras mundiales no disminuyen la responsabilidad de las autoridades estatales en la realización de los derechos humanos”.
(Para colmo, la reforma podría salir más cara. Médicos del Mundo ha advertido, por ejemplo, que no va a suponer un ahorro de costes porque se incrementará significativamente el uso de los servicios de urgencias).
Esta erosión del sistema que acompaña a los recortes es la misma que se está viendo en áreas como el medio ambiente, la educación y la igualdad de oportunidades.
Desenmascaremos a los y las que atacan y erosionan el sistema democrático y de derecho, a los auténticos antisistema. Llamenos a las cosas por su nombre.
(Caricatura de Javier Lorenzo, http://dibujosloren.blogspot.