Hablaba en el comentario anterior del documental Inside Job, sobre “la corrupción sistémica de los Estados Unidos a manos de la industria de servicios financieros,” según su director Charles H. Ferguson.
La cinta hace un repaso de la historia del sector financiero estadounidense, que se comenzó a liberalizar en los ochenta. Al final de la década, una primera crisis costaba a los contribuyentes 124.000 millones de dólares.
Para el final de la década los noventa todo se había olvidado y el sector se consolidaba en unas cuantas firmas gigantes. Otra crisis, la de la burbuja de Internet en 2001, sacudía el sector con pérdidas de 5 billones de dólares para los inversores. En los noventa, la popularidad de los derivativos –altamente especulativos y sin regular— añadía inestabilidad al mercado. Los intentos de regularizar este mercado fueron abortados por el lobby financiero.
Goldman Sachs, Morgan Stanley, Lehman Brothers, Merrill Lynch, Bear Stearns, Citigroup, JPMorgan Chase, AIG, MBIA y AMBAC, junto con las agencias de calificación Moody´s, Standard & Poors y Fitch, dominaban el Mercado.
Paul Krugman, Nobel de Economía, decía posteriormente en un artículo publicado en El País titulado “Cuando los zombies ganan”, que “cuando los historiadores contemplen retrospectivamente el bienio de 2008 a 2010, creo que lo que más les desconcertará será el extraño triunfo de las ideas fallidas. Los fundamentalistas del libre mercado se han equivocado en todo, pero ahora dominan la escena política más aplastantemente que nunca.
El gran riesgo de 2008 comenzó con la explosión de los créditos conocidos como “subprime” (con un nivel de riesgo de impago superior a la media). De ahí nacieron los CDOs (obligaciones de deuda garantizadas), que son “paquetes” en los que se mezclan préstamos subprime con otros empréstitos de mejor calidad. Así pasaron de inversor a inversor –a caballo de las calificaciones triple A (vamos, como los bonos del Estado emitidos por el gobierno de Estados Unidos)— para traspasar las fronteras estadounidenses y contagiar a todo el mundo.
Goldman-Sachs, por ejemplo, vendió más de 3.000 millones de dólares en CDO sólo en la primera mitad de 2006. Estos instrumentos calificados con triples As pasaron de unos cuantos en 2000 a más de 4.000 en 2006.
En noviembre de 2007, el mercado de la deuda tóxica explota y los bancos de inversión se quedan con cientos de miles de millones de dólares en deuda y bienes inmuebles que no pueden vender.
Para marzo del año siguiente, Bear Stearns se queda sin pasta. En septiembre de 2008, el gobierno toma Fannie Mae y Freddie Mac, que están a punto de colapsar. Estas entidades tenían calificaciones de doble A o triple A hasta días antes de ser rescatadas. Dos días después revientan Lehman Brothers y el mercado de los pagarés (solo garantizados por el banco emisor). Merrill Lynch, al borde del abismo, es adquirido por Bank of America. El insolvente AIG es tomado por el gobierno.
El Secretario del Tesoro Henry Paulson y el presidente de la Reserva Federal entonces piden al Congreso 700.000 millones de dólares para rescatar a los bancos, algo sin precedentes en el país del “Estado pequeño”. Aún más, el presidente estadounidense George Bush lanza el Troubled Asset Relief Program, una iniciativa para comprar bienes y acciones de instituciones financieras para reforzar el sector.
El sistema financiero global se paraliza. Los despidos y cierres continúan, y el desempleo en EEUU sube al 10%. Para diciembre de 2008, GM y Chrysler enfrentan la bancarrota.
El mapa mundial muestra el crecimiento real del PIB en 2009. Los países en marrón estaban en recesión.
Sin embargo, como revela la cinta, los principales ejecutivos de las compañías insolventes salieron del embrollo con sus fortunas intactas y con pingües bonificaciones de miles de millones de dólares ¡después de que las instituciones que dirigieran con tan mal tino fueran rescatadas por el gobierno! Al tiempo que recuperaban las fuerzas, los bancos redoblaron sus esfuerzos para impedir una reforma del sector. Los académicos que habían abogado por la desregulación, con graves conflictos de intereses por recibir enormes contratos de consultoría de la industria, siguieron en sus trece.
¿Y dónde estamos ahora? Decenas de miles de trabajadores y trabajadoras en EEUU han perdido sus puestos. Las reformas han sido debiluchas. No hay siquiera una propuesta de regulación de las empresas de calificación, las prácticas de los lobistas o las compensaciones ejecutivas. Los responsables políticos han salido indemnes.
Para los responsables, todo sigue igual. Hasta la próxima… ¿Y aquí?
Según un artículo de El País titulado Inyección de 110.000 millones a la banca, hasta finales de 2011, el Estado español soportó en solitario los daños que la crisis y la mala gestión causó al sector. En 2008 inició un plan de compra de activos (prestó 19.000 millones de euros, que han sido devueltos) y estableció una línea de avales para emisiones cuyo saldo es de 81.000 millones. Con este dinero se han atendido las deudas pendientes, pero no se han concedido créditos. En 2009 se creó el fondo de rescate, el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), y prestó dinero (al 7,75% de interés) para reducir plantillas y reforzar el capital. En tres periodos distintos se ha ayudado al sector con 14.346 millones.
El Gobierno calcula que por la compra de activos ha obtenido 1.800 millones en el cobro de comisiones; unos 400 millones más por los avales y 1.100 millones por los préstamos del FROB: en total unos 3.300 millones. Entre las pérdidas, hasta ahora solo están los 400 millones de Cajasur.
En 2011 llegó la orden de reducir el déficit y cambió el discurso: “La reestructuración del sector la pagará el sector y no los contribuyentes”, afirmó Elena Salgado, vicepresidenta del Gobierno de Zapatero.
“La rebelión de la banca no ha hecho más que empezar y, curiosamente, contra un Gobierno conservador”, dice el diario. “Aristóbulo de Juan, consultor y ex director general del Banco de España dice públicamente lo que muchos banqueros afirman en privado: ´El sector no puede pagar la factura de la reestructuración. He ayudado a la reestructuración de sistemas financieros en 30 países. En todos, el Estado ha rescatado a las entidades con problemas. España no será una excepción´”.