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Haritz: Una ecologista del siglo XXI

Freaking Fracking II: Metano y elementos radioactivos

Hablaba en mi último comentario sobre el llamado “fracking”. ¿Pero qué sabemos de él y cuáles son las consecuencias de su empleo en aquellos lugares donde se ha empleado?

Hasta el momento EE UU es el único país donde la fracturación hidráulica ha tenido un desarrollo a gran escala; ya se han perforado más de 50.000 pozos. Pero su uso apenas ha calado en Europa, con la salvedad de Polonia (país también entusiasta de la minería del carbón, gran causante de emisiones de gases de invernadero).

Tras más de 10 años de extracción sin ningún tipo de control, en Estados Unidos los daños producidos han hecho surgir un importante movimiento de oposición ciudadana que ha conseguido ser escuchado por la clase política y establecer una suspensión temporal en Nueva Jersey, Nueva York y Pensilvania ante el riesgo de contaminación del agua potable.

Mira el trailer de Gasland, un documental de 2010 que habla de la lucha contra este nocivo método de extracción de gas.

Además de la transformación del territorio, los problemas ambientales que genera esta técnica se deben a las fugas de metano y a la gran cantidad de productos tóxicos utilizados. Los tóxicos presentes pueden llegar a los acuíferos de agua potable y a los ríos por accidentes de los camiones que los transportan, por derrames desde tuberías, válvulas o las balsas donde se acumula el líquido de desecho, muchas veces mal aisladas.

Los pozos de agua potable cercanos a los lugares de extracción tienen concentraciones muy elevadas de metano, de acuerdo con un informe de Propublica.org. Aunque el metano disuelto en el agua no está clasificado como un peligro para la salud por ingestión, es un asfixiante en espacios cerrados y un peligro de fuego y explosión. En Pensilvania, donde se realizó un estudio, el agua del grifo arde literalmente y algunas casas han explotado después de que el gas se colara en sus sótanos.

Una fuente de contaminación añadida son los elementos radiactivos y los metales pesados presentes en las capas de pizarras y disueltos por el agua inyectada con la que salen a la superficie.  The New York Times ha informado de la identificación de radiación en los ríos de Pensilvania y publicó un mapa de contaminación tóxica de los pozos de gas natural en Pensilvania.

Por último, hasta se han reportado pequeños terremotos como consecuencia de la fracturación hidráulica.

¿Hay formas de hacerlo seguro?

Según la industria, el agua contaminada que queda en el subsuelo no representa ningún peligro ya que permanece en las capas más profundas.

Esto mismo es lo que ha argüido el Gobierno Vasco, que asegura que, en Álava, se operará a dos kilómetros por debajo del acuífero de Subijana, según la nota publicada por el DV.

Hasta el momento no se ha demostrado que este fluido migre hacia capas más superficiales pero se conoce muy poco del movimiento de fluidos y gases en el subsuelo. De acuerdo con Ecologistas en Acción, lo que sí podría ocurrir es que este líquido desplace agua profunda, con una actividad radiactiva 3.000 veces superior al agua superficial, hasta los acuíferos.

Para colmo, no existen garantías de que se vaya a encontrar el gas que dicen que existe.

Entonces, ¿por qué?

Según el mismo informe de Ecologistas, el espectacular desarrollo de “fracking” en EEUU se debe a varios factores: el alto precio del gas natural, un desarrollo tecnológico que ha permitido reducir costes, incentivos fiscales y una falta de regulación ambiental. La Ley de Política Energética ha eximido a esta industria del cumplimiento de la Ley de Seguridad para el Agua Potable y de Calidad del Aire, y de cualquier  tipo de control ambiental llevado a cabo por parte de la Agencia de Protección Medioambiental (EPA).

Según datos de la Agencia de Energía estadounidense citados en el mismo informe, la producción de gas pizarra ha pasado de suponer el 1,4% del suministro total de gas de EEUU en 1990 al 14,3% en 2009, pudiendo alcanzar un 24% para 2035.

Ante la promesa de la gran abundancia de gas, al menos hasta 2050, el lobby gasístico está dedicando grandes esfuerzos en convencer a los gobiernos de que es mucho más barato utilizar gas que invertir en energías renovables y pretende presentar el gas como una alternativa “verde” al petróleo y al carbón, ya que emite menos CO2.

Esto constituye una gran pérdida de oportunidad. El gas se terminará, mientras que el sol y el viento, no, al menos por el momento. Invertir en una tecnología no sostenible, mientras existen grandes expectativas para el sector renovable parece muy desacertado, cuando menos.

Además, un estudio de la Universidad de Cornell demuestra que este sistema podría incluso ser más sucio que el carbón. Las fugas de metano en los procesos de “fracking” pueden tener un impacto muy negativo en el balance de gases de efecto invernadero ya que el metano es un gas invernadero mucho más nocivo que el CO2.

Continuará…

(Para leer el comentario anterior, clica aquí)


abril 2012
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