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Lourdes Pérez

La mirada

Inconcreto para poder pactar

El día en que subía a la tribuna de oradores para formalizar su contrato de gobierno con la sociedad vasca, Iñigo Urkullu tenía dos opciones: explicitar los hitos del camino por el que piensa transitar para salir de la crisis, cerrar definitivamente el ciclo de la violencia y lograr un nuevo estatus político para Euskadi, los tres objetivos que se ha fijado para la legislatura de “los acuerdos transformadores”; o bien guarecerse en unos principios generales sin concretar más que lo desgranado ya por el todavia candidato a lehendakari en su programa electoral. Urkullu no solo se ha decantado por esto último, sino que a lo largo de la hora y cuarto que ha durado su discurso -a diferencia de Laura Mintegi, él no ha agotado el tiempo disponible- se ha mostrado incluso más ambiguo que en sus compromisos previos a la cita con las urnas. De hecho, no ha mencionado 2015 como el horizonte para acordar un nuevo marco de autogobierno en clave más soberanista, como sí había plasmado en alocuciones precedentes. Aunque, en esto, no ha chirriado con respecto a Mintegi: la representante de EH Bildu, pese a identificar la soberanía como eje de su discurso, no ha ofrecido pista alguna sobre cuál es la ‘hoja de ruta’ de su grupo en el terreno que ha constituido la reivindicación por antonomasia de la izquierda abertzale.

La calculada inconcreción de Urkullu, sumada a la ausencia casi total de críticas al Gobierno de Patxi López, solo puede interpretarse desde la lógica de quien se sabe en minoría, o con una mayoría insuficiente, y es consciente además de que tendrá que pactar con alguien de la oposición cada una de las decisiones grandes o pequeñas que quiera llevar adelante. Es elocuente que el futuro lehendakari haya situado su Plan de Reactivación Económica y por el Empleo para un momento posterior a la apobación, hoy incierta, de los Presupuestos vascos para 2013. En la antesala de su gran día, cuando sea designado como nuevo inquilino de Ajuria Enea, Urkullu ha preferido recibir reproches por la “vaguedad” de sus iniciativas que cerrarse de partida alguna puerta con EH Bildu, el PSE y el PP. Al término de la sesión matutina, ninguno de los interpelados ha llevado tan lejos la censura como responder, a su vez, con un portazo. Pero ninguno se ha mostrado tampoco dispuesto a facilitarle la tarea al nuevo lehendakari si éste persiste en las buenas palabras sin propuestas tasadas.

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