La negociación en torno a los Presupuestos vascos para 2013 está resultando tan anodina que lo que cabe esperar, a estas alturas y cuando falta poco más de una semana para el debate de las enmiendas de totalidad, es que lo que tenga que ocurrir ocurra cuanto antes si es que el Gobierno y los partidos han interiorizado ya que no hay acuerdo posible que evite la prórroga de las Cuentas del año pasado; prórroga en la que, por otra parte, está técnicamente Euskadi desde que se inició el año y ya va para cuatro meses. Es dudoso, de hecho, que lo que ha ocurrido en las últimas semanas y una vez conocidas las fuertes restricciones en los ingresos con que contará el Ejecutivo de Urkullu -1.300 millones menos- pueda responder propiamente a una negociación. En realidad, las rondas de contactos han sido más bien una sucesión de diálogos de sordos entre el Gobierno y las dos principales fuerzas de la oposición -EH Bildu y PSE-, las dos que tienen en su mano con el voto afirmativo o la abstención salvar los primeros Presupuestos del lehendakari. La parsimonia con la que ha gestionado el Ejecutivo la urgencia del momento, con intervención de Urkullu y ‘documento de mínimos’ in extremis, ha corrido paralela a la convicción de la izquierda abertzale y de los socialistas de que, en estos momentos, les cunde más apretar las tuercas a Ajuria Enea por unas Cuentas que no son las suyas que contribuir a una estabilidad que el lehendakari reclama pero sin inclinarse abiertamente -comprometidamente- por un socio de legislatura. Los guiños al PSE no han llegado aún a tanto, y los socialistas, por su parte, parecen más decididos hoy por hoy a hacer valer su paso por Ajuria Enea y reafirmarse como eje de la oposición que a facilitar la tarea a Urkullu. La propuesta de ‘pacto a tres’ con los socialistas que propone el PP de Antonio Basagoiti es reveladora de la desconfianza y los lastres que anidan en la política vasca: los populares quieren ser necesarios para el PNV, pero saben de las dificultades de los jeltzales para aceptar un pacto con ellos que, para empezar, no les otorga la mayoría absoluta imprescindible en la Cámara de Vitoria y que indefectiblemente escoraría hacia el conservadurismo, a ojos de los demás, un Presupuesto que el Gabinete Urkullu se ha esforzado en presentar ante todo como social. Junto a ello, resultaría un contrasentido difícil de explicar a su militancia que el PSE entrara a avalar, aunque fuera con la abstención, unas Cuentas sustentadas por dos partidos a los que exlehendakari López identificó con ‘las derechas vascas’ en su rechazo a los recortes promovidos por el Gobierno de Mariano Rajoy. Como parece también contradictorio que Urkullu insista en plantear un marco de estabilidad que vaya más allá de este trámite presupuestario concreto cuando aprobar las Cuentas debería ser el clavo en la pared que permita empezar a colgar de él esa estabilidad con acuerdos nítidos y tasados.
La política vasca ha ofrecido reiterados ejemplos en el pasado de que nada puede darse por seguro hasta el último minuto. Pero dados algunos precedentes bochornosos en la ratificación de proyectos presupuestarios anteriores, con votos parcelados que mutilaron las Cuentas o gracias a ausencias tan sonadas como la de Jaime Mayor Oreja, y si realmente están tan diluidas las posibilidades de acercar posturas, sería deseable que Gobierno y oposición zanjaran este asunto lo antes posible. Entre otras cosas, porque los ciudadanos llevan ya meses manejándose con sus propios presupuestos ajustados y prorrogados.