{"id":105,"date":"2013-12-26T23:31:24","date_gmt":"2013-12-26T22:31:24","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/la-mirada\/?p=105"},"modified":"2013-12-26T23:31:24","modified_gmt":"2013-12-26T22:31:24","slug":"la-maternidad-cuestion-de-estado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/la-mirada\/2013\/12\/26\/la-maternidad-cuestion-de-estado\/","title":{"rendered":"La maternidad, cuesti\u00f3n de Estado"},"content":{"rendered":"<p>Empecemos por admitir lo evidente: en igualdad de circunstancias de partida, una ni\u00f1a no nace en este pa\u00eds con las mismas expectativas y oportunidades que un ni\u00f1o. Sobre el papel de la legalidad democr\u00e1tica y el sentido com\u00fan -el sexismo tiene mala venta, al fin y al cabo hasta el peor de los machistas acaba teniendo hijas-, ambos, ni\u00f1a y ni\u00f1o, vendr\u00e1n al mundo con los mismos derechos, una paridad jur\u00eddica sin la cual la conquista de la paridad social se convierte en una quimera. Pero entre el sue\u00f1o de la paridad real y su materializaci\u00f3n efectiva, media a\u00fan un trecho tal que hoy, en esta civilizada Navidad de 2013, contin\u00faa siendo m\u00e1s c\u00f3modo y una mejor inversi\u00f3n nacer hombre que mujer. Es cierto que ellas llegan ya a casi todo lo que ellos coparon durante siglos (apenas quedan el Papado y la presidencia de Estados Unidos, por reducirlo a la caricatura). Pero ese &#8216;casi todo&#8217; les sigue costando mucho m\u00e1s: porque han de ser m\u00e1s listas, m\u00e1s guapas o cuando menos m\u00e1s arregladas, m\u00e1s dispuestas y entregadas, m\u00e1s esforzadas, m\u00e1s tenaces, m\u00e1s h\u00e1biles, hasta m\u00e1s malas pero no m\u00e1s ambiciosas, no vaya a ser que flaqueen los t\u00f3picos. Pero incluso las que logran atesorar todo eso, incluido comportarse como la madrastra de Blancanieves, casi siempre ver\u00e1n c\u00f3mo su futuro pende de la voluntad \u00faltima de un hombre o de varios de sus cong\u00e9neres. Los hay generosos, sensibles, concienciados, tanto como para sentirse afortunados de gozar de la compa\u00f1\u00eda y de la profesionalidad -y no necesariamente en ese orden- de las mujeres. Pero tambi\u00e9n los hay, demasiados, fieles a la llamada de la tribu, al cierre de filas masculino, a ese temor at\u00e1vico a que se equilibre el mundo apacible en el que su vida discurre con mayor facilidad y m\u00e1s y mejores opciones por el hecho aleatorio que haber nacido var\u00f3n.<\/p>\n<p>Desde que el Gobierno dio el visto bueno a la reforma del aborto auspiciada por el ministro Gallard\u00f3n, las ni\u00f1as de este pa\u00eds tendr\u00e1n un obst\u00e1culo nuevo que sumar a los que se acumular\u00e1n en su camino mientras la igualdad no sea real: su maternidad va estar sometida a un control desconocido en democracia, porque su capacidad para decidir si quiere ser madre o no, si puede ser madre o no, quedar\u00e1 constre\u00f1ida hasta el extremo por una ley que no solo limita los supuestos legales para la interrupci\u00f3n del embarazo, sino que, en la pr\u00e1ctica, arrebata a la mujer, la \u00fanica capaz de albergar y dar vida, la voz para decir y defender qu\u00e9 quiere hacer con su existencia y con la del hijo concebido en su seno. Obligarle a tener el fruto de una violaci\u00f3n (el aborto se permite hasta la semana 12 y previa denuncia) o a un beb\u00e9 imposibilitado para una supervivencia digna por la gravedad de sus malformaciones a\u00f1ade un sufrimiento inimaginable a la exclusi\u00f3n que se impone a la mujer sobre el destino de su concepci\u00f3n. Es posible, e incluso comprensible, que nunca llegue a haber un consenso social y pol\u00edtico que entronice como un derecho equiparable a otros el desgarro \u00edntimo y doloroso que supone un aborto. Pero ninguna ley deber\u00eda recrear un consenso social falso revocando el existente en un asunto tan delicado, asentado a lo largo de tres d\u00e9cadas de democracia; menos a\u00fan \u00a0sobre una mayor\u00eda absoluta que se utiliza de una manera tan apabullante como para que \u00a0la soledad del Gobierno y de su ministro de Justicia se haya hecho clamorosa en este caso. Y no es un detalle menor que la reforma la hayan capitaneado dos hombres -el presidente Rajoy y Gallard\u00f3n-, con un papel de mero asentimiento de la vicepresidenta S\u00e1enz de Santamar\u00eda y de la ministra de Sanidad, Ana Mato.<\/p>\n<p>La maternidad ya no es un asunto de mujeres, ni siquiera de los hombres que comparten con ellas sus vidas y las que puedan concebir juntos. Se ha transformado en una cuesti\u00f3n de Estado, sobre la que el Estado tendr\u00e1 que rendir cuentas si la nueva norma desemboca en mayor desigualdad. Porque la mujer que quiera tener un hijo con anomal\u00edas, o contra viento y marea, podr\u00e1 seguir haci\u00e9ndolo, aqu\u00ed s\u00ed, bajo su entera responsabilidad y su decisi\u00f3n plena. Quien no quiera o no pueda habr\u00e1 de somerse a tal an\u00e1lisis no solo f\u00edsico, sino de conciencia, que dif\u00edcilmente podr\u00e1 librarse de la sensaci\u00f3n de se\u00f1alamiento. De que ser\u00e1 siempre una mala madre del hijo que no desea, o no cree en condiciones de traer a un pa\u00eds donde las mujeres cobran menos y desempe\u00f1an peores trabajos que los hombres, donde la maternidad sigue coartando el desarrollo profesional de muchas de ellas y donde los recortes han cercenando la asistencia p\u00fablica y las pol\u00edticas de conciliaci\u00f3n.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Empecemos por admitir lo evidente: en igualdad de circunstancias de partida, una ni\u00f1a no nace en este pa\u00eds con las mismas expectativas y oportunidades que un ni\u00f1o. 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