{"id":117,"date":"2014-03-21T12:38:32","date_gmt":"2014-03-21T11:38:32","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/la-mirada\/?p=117"},"modified":"2014-03-21T12:38:32","modified_gmt":"2014-03-21T11:38:32","slug":"orgullo-de-bilbao","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/la-mirada\/2014\/03\/21\/orgullo-de-bilbao\/","title":{"rendered":"Orgullo de Bilbao"},"content":{"rendered":"<p>Uno nace en Bilbao con el orgullo puesto. Lo quiera o no lo quiera, y provenga de donde provenga. Cada ciudad lleva consigo lo suyo, pero es dif\u00edcil encontrar una m\u00e1s dispuesta a recrearse en sus t\u00f3picos, a solazarse en todo lo que significa el bilbainismo, aunque a veces resulte insoportable para ajenos y propios. En Bilbao, el sentimiento de orgullo, haya o no motivos reales para ello, es colectivo. Por muy individualista que se sea. Por rebelde que uno se sienta hacia las convenciones. Por mucho desapego que se tenga hacia eso de &#8216;ser de Bilbao&#8217;, con lo que los dem\u00e1s se explican muchas cosas con solo mencionarlo. Hay una vertiente m\u00e1s dom\u00e9stica del orgullo, m\u00e1s peleona, que se llama amor propio. Bilbao, sus gentes, lo tienen, es una cuesti\u00f3n de piel, de asfalto. Y es posible que ese ADN de amor propio -y &#8216;a lo propio&#8217;, m\u00e1s all\u00e1 de banderas y fronteras- sea lo que convirti\u00f3 a I\u00f1aki Azkuna en el alcalde de la villa con may\u00fasculas, como si no hubiera habido nadie ocupando la Casa Consistorial antes que \u00e9l, y mira que \u00e9l no era del mismo-mismo Bilbao. Pero seguramente nadie supo encarnar como el pol\u00edtico durangu\u00e9s los intangibles de lo que en el imaginario colectivo representa &#8216;ser de Bilbao&#8217;.<\/p>\n<p>No fue, es verdad, un &#8216;feeling&#8217; inmediato. El enamoramiento de los bilba\u00ednos con su alcalde ha avanzado, podr\u00eda decirse, a un ritmo parecido al de la ciudad limpi\u00e1ndose, abri\u00e9ndose por encima de sus l\u00edmites naturales, poni\u00e9ndose guapa, aunque algunos rastreemos en las esquinas cuando volvemos el aroma del viejo Bilbao industrial, sucio, combativo y vibrante. Los ciudadanos fueron redescubriendo su ciudad, a la vez que se iban encontrando poco a poco con un regidor que atesoraba un inhabitual talento para, desde la altura intelectual, la preparaci\u00f3n institucional y una indisimulada soberbia atemperada por el humor, conectar con los sectores m\u00e1s populares de la villa. El paso de los d\u00edas y de las emociones ir\u00e1 trazando el perfil m\u00e1s complejo y poli\u00e9drico de Azkuna, con las sombras hoy diluidas en los obituarios que rinden sincero homenaje a un dirigente que ser\u00e1 recordado, para bien, mal o regular, por su innata singularidad. Bilbao ayud\u00f3 a Azkuna a construir su legado y Azkuna fue el ariete pol\u00edtico m\u00e1s id\u00f3neo para un Bilbao en transformaci\u00f3n. Hay dos maneras de pasar por la vida p\u00fablica: manchando o sin manchar. I\u00f1aki Azkuna eligi\u00f3, sin duda, manchar, dejar huella, influir y mandar para cambiar, con el riesgo que ello comporta. Ese despliegue de orgullo, de amor propio, es lo que hoy lloran muchos bilba\u00ednos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Uno nace en Bilbao con el orgullo puesto. Lo quiera o no lo quiera, y provenga de donde provenga. Cada ciudad lleva consigo lo suyo, pero es dif\u00edcil encontrar una m\u00e1s dispuesta a recrearse en sus t\u00f3picos, a solazarse en todo lo que significa el bilbainismo, aunque a veces resulte insoportable para ajenos y propios. 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