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¿CÓMO SE PORTAN LOS NIÑOS DE HOY EN DÍA? ¿MAL O COMO NIÑOS? La niñofobia, el concepto del siglo XXI

En medio de un puente, muchos hemos salido con nuestros hijos. O de viaje,  o de comidas pre-navideñas o simplemente a tomar un café o el aperitivo. Considero, y no soy la única, que presentarse en un restaurante a comer con tus hijos es deporte de riesgo. Quien diga que va a pasar una agradable comida en un restaurante con su familia, miente. Miente porque una comida en un restaurante tiene dos preocupaciones máximas para los padres: la interna, cómo gestionar qué y cómo comen los niños y sus “yo quiero macarrones” “yo, filete” “no me gusta” “está caliente” “está frío“; y la externa, cómo gestionar que los niños no molesten a las mesas de al lado. Una vez todo esto está solventado, los padres respiramos. Y ya si eso, comemos. 

En este siglo, nace un nuevo concepto: la niñofobia.

 

¿CÓMO SE PORTAN LOS NIÑOS HOY EN DIA EN SITIOS PÚBLICOS?

Pienso, que aquí hay dos vertientes muy importantes. La primera es ¿qué es portarse mal? ¿cómo identificar un mal comportamiento, frente a un comportamiento natural de un niño pequeño?  y la segunda es que los adultos les hemos perdido pulso a la infancia.

Hay dos factores para identificar el comportamiento de los niños en lugares públicos: el mal comportamiento (gritar, faltas de respeto, tirar cosas o comida…)  o el comportamiento típico de cada edad de un niño (corretear, explorar en los más pequeños, llorar en los bebés…). Y un tercer factor clave: los padres. 

¿Cómo distinguirlos? 

El mal comportamiento. En este caso, somos los padres los que tenemos que intervenir. Es nuestra toda la responsabilidad de cómo se comporte el niño. Lo que ocurre, es que los padres, muchas veces no lo hacen.

El comportamiento natural de un niño. Los niños son niños. No están programados para admirar los pinturas de Goya con 3 años, ni para sentarse a hacer un menú degustación en un restaurante de estrella michelín. Están, para comer su plato de macarrones, su helado y jugar, pintar, e ir al parque.

El mayor tema aquí, para mí, es que le hemos perdido el pulso a la infancia. Primeramente, hemos olvidado que nosotros también fuimos niños. En segundo lugar, queremos tener niños-jarrón-modélicos-silenciosos-educados y disecados en restaurantes, a ser posible. Así no molestan, y nosotros comemos más tranquilos. Muchas veces, involuntariamente, queremos que se adapten a nuestra vida y actividades de adultos. Y ¿qué ocurre? que tenemos a niños, comportándose como niños en actividades de adultos.

 

Queremos ir a comer a un restaurante, que nuestros hijos lleguen, se sienten, se pongan la servilleta y coman. En silencio, sin mancharse, sin gritar. Queremos encorsetarles en un comportamiento anti natural para ellos. No tienen los recursos para comportarse así. Son sólo niños.

 

 

EL TERCER FACTOR: LOS PADRES

Los padres somos los responsables de todo aquello que hagan nuestros hijos. Su comportamiento es nuestra cruz o nuestra gloria. He visto padres en restaurantes,ignorar completamente el comportamiento de sus hijos. Dejarles gritar, correr, tirar comida… aspectos absolutamente faltos de educación. También he visto padres sufriendo (entre los que me incluyo) intentando que su hijo no arme la de San Quintín. Para mí, desde la experiencia con un niño de 6 años, y una niña de 2, ir a comer a un restaurante es un momento que aprovecho siempre para educar. A cada niño lo que le corresponde a su edad. A mi hijo mayor, le pido que esté sentado durante la comida, coma lo mas formal posible y esté sentado hasta el postre. Después puede jugar. Si es un restaurante children friendly le dejaré ir a jugar a la zona de niños. Si no la hay, podrá jugar con los juguetes que le haya llevado (pintar, sus muñecos, sus cromos). Se aburre, claro, pero cada vez más entiende cuál es su papel ahí. Y no siempre es fácil, pero nosotros, sus padres, estamos encima para enseñarle y hacerle caso.

 

Quiero decir al mundo, en especial a ese grupo de adultos no-padres que hay por muchos lugares a los que voy y me miran mal haga lo que haga (si no riño al niño por correr, o si le regaño y le amenazo con algún castigo para que vuelva a la silla) que los padres hacemos lo que podemos. Que mucho más que ellos, estamos sufriendo nosotros. Que vivimos en una supervivencia constante. Y un último mensaje, y es que sean también críticos con adultos en espacios públicos que se comportan peor que niños. Hay veces que en bares o restaurantes, hay una mesa de adultos armando más follón que una con niños. Y a ellos, ni se les penaliza, ni se les mira mal. Y mucho menos, se les amonesta.

 

NIÑOFOBIA

Cada vez proliferan más los sitios Adults Only. Sitios preparados solo para adultos donde las familias no son bienvenidas. Ojo, según para qué, no me parece mal. Pero en general, me parece que hemos puesto el tolerancia 0 hacía los niños. Les tratamos en ocasiones como personitas de segunda. Yo he visto a gente entrar a un restaurante y resoplar porque les han puesto a nuestro lado. O en un vagón de tren, mirar con reprobación a mi hijo, de 3 años que estaba haciendo un viaje en tren de 5 horas. ¿Qué esperan que un niño esté 5 horas sentado? ¿Quizá que lo ate al asiento?

Pido comprensión, para los niños que se comportan como niños. Y para los padres, que viven 24 horas educando a sus hijos. Ellos son los que más sufren. 

 

@elisa_mamasuperplus

 

Maternidad, humor y realidad. ¡Living la vida madre!

Sobre el autor

Mamá donostiarra que cuenta su forma de ver la maternidad. Con mucho humor, realidad y sin dramas. Sin lecciones ni juicios. Sólo cuento mi feliz manera de sobrevivir a esta bendita locura que es ser la #mamasuperplus de Telmo y Valeria. ¡Pasen y vean!


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