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YO NO AYUDO A MI HIJO CON LOS DEBERES. Ni con otras cosas…

¿Mamá, me ayudas? Es la frase estrella de mi hijo mayor. Y sirve para todo. Desde atarse los cordones, comer o hacer los deberes. Somos la generación de padres más pendientes y que más atención presta a sus hijos de la historia. Les llevamos la agenda, coordinamos sus amistades, intervenimos en el colegio, intervenimos en el parque… corremos a atar el zapato si se les suelta el cordón… con 3 años, y con 10 años también. ¿Les estamos ayudando de verdad?

 

Soy madre de 2 hijos de 6 y 2 años. He pasado por muchas fases sobre la crianza y educación de mis hijos. Especialmente con mi hijo mayor, el que me enseña el camino. He tenido infinidad de dudas y miedos. Aún los tengo.  Me he informado de los temas que me parecían más interesantes. He hecho un balance de mis valores. He visto muchos tipos de padres y crianzas a mi alrededor. De todas aprendo, de lo que me gusta y de lo que puedo aplicar, así como lo que no. Y tengo algo impagable, el ejemplo de mis padres y de la educación que me dieron, cogiendo lo bueno, y aprendiendo de las cosas que ahora pienso se podrían haber hecho de otra manera. Ya escribí anteriormente sobre la locura de criar con tanta información (link aquí). Con todo esto entre manos,  educo a mis hijos como creo que es mejor para ellos.

Caminamos de la mano... pero habrá que aprender a soltarla...

Caminamos de la mano… pero habrá que aprender a soltarla…

LOS DEBERES… Y NO SOLO DEL COLEGIO

Para empezar, poco me sirve el ejemplo de las tareas extraescolares porque el colegio de mis hijos no tiene al uso. Su sistema de educación activa, recreando la vida real en sus aulas para explicar el porqué es necesario aprender, no usa habitualmente el formato clásico de deberes. Pero, sí tiene un libro que trae a casa cada semana y debe comentar y buscar información. También, va a clase de aritmética en extraescolares y le ponen tarea cada semana. Nada del otro mundo, que tiene 6 años. Pero alguna cosita tiene que hacer.

 

Con su edad, evidentemente, le tengo que recordar que tiene que hacer esos deberes. Fijamos los días en los que los hace y su padre o yo le acompañamos en el proceso. Al principio, me sentaba con él y le guiaba en lo que tenía que hacer. He dejado de hacerlo. Él se había acomodado a que yo le dijera lo que tenía que hacer y a decirle cómo lo tenía que hacer. ¿Me ayudas? Y me ayudas era, dime qué tengo que poner.

Así que se ha cambiado el escenario. Yo le digo lo que tiene que hacer, pero no qué tiene que poner. Le explico el cómo, pero no le digo el qué. Básicamente, le enseño a pescar. No le doy peces. El argumento es simple, si le “ayudo“, si le resuelvo sus problemas, no le estaré preparando para la vida real.

 

Y al igual que con los deberes del colegio o de las extraescolares, está ocurriendo con todo lo demás. Mi hijo, que a lo bueno se acostumbra rápido, estaba habituado que le “ayudáramos” a vestirse por la mañana… a que si alguien le pegaba en el parque o no le dejaba jugar venir a dónde nosotros… He decidido que tiene que empezar a resolver sus asuntos. Todo esto, por supuesto, en la medida de los años que tiene. Con 6 años, creo que ya debe ser capaz de resolver multitud de cosas por sí mismo. Y mi trabajo es darle las herramientas para que sea capaz. No resolvérselo yo.

 

Los padres de hoy en día, nos autoimponemos una presión tremenda con nuestros hijos. Tienen que ser los más listos, ir a 30 extraescolares (chino, ballet, aritmética, inglés, deportes), portarse fabulosamente en restaurantes, misas, bodas, viajes, no pegar, compartir en el parque, invitar a otros niños a jugar.. y si pasa algo ¡zas! ahí estamos los padres para resolverlo. Para mí, no. Esa no es la manera en la que vamos a preparar a nuestros hijos para salir a la vida solos. Porque llegará el momento en el que no podremos intervenir. Llegará el momento, en el que estén solos. Mi misión como madre, es que llegue a ese momento, lo mejor preparado posible.

 

Ningún padre queremos que nuestro hijo sufra. Por eso nos preocupamos tanto. Yo la primera. Pero sobrevolando constantemente sobre su vida, no le estaremos haciendo un favor. Mirar sí, pero desde la distancia. Sabiendo cuándo intervenir… cuándo ayudar. Pero efectivamente, no es una tarea fácil. Y nos puede el amor.

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EN QUÉ INTERVENGO Y EN QUÉ NO

Con todo esto no quiero decir que a partir de ahora con 6 años, mi hijo vaya a ser independiente. Tampoco que todo esto que digo se cumpla a pies juntillas. No siempre funciona y es un camino de largo recorrido. Pero quiero explicar en qué me parece coherente intervenir, y en qué no:

No intervengo en sus obligaciones. Por ejemplo, en los deberes y tareas extraescolares. Le recordamos que lo tiene qué hacer y qué es lo que tiene que hacer. Pero tiene que hacerlo solo. De nada sirve que yo se lo diga. Sí, le explico las cosas, pero no intervengo en si las hace bien o mal. Para eso, está el colegio. Si tiene desgana, o no escribe bien algo… le recuerdo, que es su responsabilidad hacerlo. Que lo importante, aunque no lo haga bien, es esforzarse en entender. Y si no entiende, debe preguntarle a la profesora.

Tampoco intervengo en vestirse, desvestirse y tareas básicas de higiene personal. Todas él. Si está muy dormido… o tenemos una prisa tremenda por alguna razón, entonces sí le ayudo. Pero con 6 años, son cosas que debe hacer él solo.

Otra cosa en la que no me meto es en el colegio. He visto casos de padres que esperan a la profesora la salida del colegio. Casi a diario. Tengo el testimonio de una profesora que cuenta que en su primer mes en su nuevo colegio dejó a 2 alumnos sin patio por haber entorpecido la clase. Les dejó terminando los ejercicios que por sus gracias, no habían hecho en el tiempo que tenían. Los padres fueron a quejarse al director del colegio. Y a la profesora, le dijeron, que no fuera tan dura “con los pobres niños“. Nosotros, a no ser que veamos que hay algún tema, sólo hablamos con la profesora a principios de curso y a finales. Yo confío en el colegio.

En las relaciones con amigos tampoco solemos intervenir, a no ser que sea algo grave como una pelea o una discusión que va a más. Si son discusiones normales, cuando juegan a fútbol (me pasas, no me pasas etc…) y se enfadan, ni me acerco. Lo que sí me gusta, es hablar después con mi hijo para sacar una reflexión sobre ello.

 

 

¿POR QUÉ SOMOS ASÍ?

Somos una generación de padres muy preparados. Híper informados. Y la maternidad es ahora una ciencia. Sobre cada manera, teoría, o ciencia para educar salen 30 gurús, libros, bloggers, influencers etc.. por lo que tenemos toda la información al alcance de la mano y en tiempo real. Además, estamos híper conectados. Familias y niños ideales en Instagram (el nuevo Hola! de los no-famosos) que cuentan lo guapos y listos que son sus hijos. Fotos ideales en bodas y restaurantes. Niños perfectos. Y claro. Crea una necesidad. No nos vamos a engañar. La necesidad de que los tuyos, en su medida, y cada uno en su caso, sean así. Y ya si son felices, cierras el círculo.

 

¿DONDE ESTÁ LA MEDIDA? 

En la coherencia, como en todo. En intentar, mediante el amor, el cariño y la firmeza educar a nuestros hijos. Y en educarles para que sean felices, no perfectos. Y que sean autónomos. Que lleguen a la vida adulta con las herramientas para enfrentarla solos, aunque nosotros caminemos junto a ellos siempre. A mí me ha costado encontrar el equilibrio, y a veces en ocasiones “sobrevuelo” demasiado la vida de mis hijos. Supongo, que con el tiempo, yo también encontraré mi medida.  El otro día, hablaba sobre ello en Instagram (yo también tengo ¿eh? tenéis el enlace abajo, si me queréis seguir). Comentaba que iba a escribir un artículo sobre cómo me había plantado y había dejado de “ayudar” a mi hijo en todo. Un buen amigo comentó mi foto con una frase que me parece más que acertada…. “acompañar sin hacer“. Y me parece que da en el clavo. Acompañar, enseñar, educar… pero no hacer.

 

@elisa_mamasuperplus

Temas

Maternidad, humor y realidad. ¡Living la vida madre!

Sobre el autor

Mamá donostiarra que cuenta su forma de ver la maternidad. Con mucho humor, realidad y sin dramas. Sin lecciones ni juicios. Sólo cuento mi feliz manera de sobrevivir a esta bendita locura que es ser la #mamasuperplus de Telmo y Valeria. ¡Pasen y vean!


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