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Ion Urrestarazu

Miradas de un peatón

Si una bomba atómica cayese sobre San Sebastián.

Hongos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, respectivamente. Wikipedia.

Hongos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, respectivamente. Wikipedia.

 

Como ustedes saben, cada agosto se celebra en Japón los actos conmemorativos por los sendos bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki. Recordando aquellos dramáticos hechos, nos ha dado por pensar… ¿Y si San Sebastián fuera bombardeado nuclearmente?

Lo más parecido a una bomba atómica que ha estado a punto de caer sobre San Sebastián, fue aquel ingenio carlista del que José Berruezo habló en su artículo “La bomba atómica de los carlistas” (San Sebastián, 1962). El año de publicación lo dice todo: año de la Crísis de los misiles de Cuba, en plena Guerra Fría.

Y desde que terminó la Guerra Fría, y aquellas pruebas francesas en el atolón de Mururoa, como que el temor a la guerra nuclear se ha ido diluyendo… Por ello, he realizado este breve artículo, que no es más que un simple ejercicio que mezcla ciencia ficción y ciencia a secas. Espero, sirva para concienciar al lector de una realidad distante que, todavía hoy, está muy presente.

UNA HERRAMIENTA DIDÁCTICA: NUKEMAP

Bajo la dirección científica de Alex Wellerstein—historiador especializado en divulgación científica y armas nucleares—, fue creada una herramienta didáctica llamada “Nukemap”. Hace ya unos años que descubrí esta singular herramienta, que sirve para visualizar el daño causado por todas bombas atómicas creadas y comprender un poco mejor las consecuencias del uso de dichos ingenios.

“Nukemap” consiste, simplemente, en un mapa de Googlemaps modificado, con un sencillo menú en el que se pueden escoger de una lista varias ciudades predefinidas o, si lo prefiere el usuario, usar el buscador para poner la ciudad que más le apetezca. En nuestro caso, está claro: San Sebastián.

Una vez elegida la ciudad, lo siguiente es escoger la bomba. La lista recopila todas las bombas atómicas creadas desde la Segunda Guerra Mundial. Abarca desde “Trinity”—la primera en ser detonada—, hasta las famosas bombas de Corea del Norte, que tanto traen de cabeza al paranoico Tío Sam. Elegiremos, para variar, la mítica “Little Boy”, que arrasó Hiroshima en 1945.

Tras escoger el objetivo y el “pepino”, queda elegir una serie de opciones básicas, tales como si la detonación ha de ser aérea o terrestre, contabilizar el número de víctimas o tener en cuenta la lluvia radiactiva. También hay opciones avanzadas, pero, para el usuario común, es recomendable tocar lo justo: solo las opciones de bola de fuego, cráter o impacto humanitario, por ejemplo.

Por último, queda una sola cosa: pulsar el gran botón rojo para la detonación… y, enseguida, le saldrá la estadística del horror.

Una pequeña nota, antes de convertir a San Sebastián en otro tipo de “marco incomparable”: el propio Wellerstein avisa de que las cifras son aproximaciones y, por tanto, no podrían ajustarse plenamente a la realidad. Así pues, a pulsar el botón se ha dicho.

CAE UNA BOMBA ATÓMICA SOBRE SAN SEBASTIÁN

Tras pulsar el sugerente botón, el resultado no puede ser más vistoso. Sendos aros de color sobrevuelan siniestramente San Sebastián. Cada uno de ellos indica el radio de destrucción de la onda expansiva:

Amarillo: Bola de Fuego: 180 m (0,1 km²).

Rojo: Corriente de aire (20 psi): 340 m (0,36 km²).

Verde: Radio de radiación (500 rem): 1,2 km (4,51 km²).

Gris: Corriente de aire (5 psi): 1,2 km (4.51 km²).

Naranja: Radio de radiación termal (quemaduras de tercer grado): 1,91 km  (11,4 km²).

Quitando la vistosidad de los círculos, la realidad es que, cayendo la vieja “Little Boy” sobre el centro de San Sebastián, la ciudad quedaría prácticamente arrasada. De unos 190.000 habitantes, tras la explosión, la ciudad perdería en torno a 63.780—un tercio de la población—, quedando heridos alrededor de 60.310. Aproximadamente, solo un tercio de la población quedaría, al parecer, indemne.

Otros datos significativos son el cráter y la lluvia radiactiva. Aun estallando a 600 m. de altura, el cráter resultante sería de 30,5 m. de profundidad y 50 de radio interior—el labio, mediría el doble—. La lluvia radiactiva sería poco significativa debido a la altura de la explosión.

Ahora, si quieren probar la herramienta y ver sus diferentes opciones—alguna bomba catapultaría la Provincia entera a Marte—, sólo tienen que pulsar sobre la imagen de abajo.

ION URRESTARAZU PARADA

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Redescubriendo nuestro entorno con lo que miras y no ves

Sobre el autor

Un donostiarra curioso de su ciudad, entretenido en observar, desde sus ojos de peatón, todo el entorno que le rodea. Porque hay algo más allá que la bahía y la gastronomía, mostraré con todo lujo detalles, las anécdotas y curiosidades que ayuden a ampliar vuestro conocimiento

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